Rigoberta Menchú Tum
Cuando era niña, mi mundo se rompió por la guerra. Vi a mi familia desaparecer uno por uno. Vi comunidades enteras borradas del mapa en mi querida Guatemala. Y lo que más me dolió —y me sigue doliendo— fue ver cómo las niñas y los niños fuimos los más olvidados, los más silenciados, los más heridos.
Pensé que nadie más tendría que vivir eso. Pensé que el mundo habría aprendido.
Pero hoy veo, con profundo dolor, cómo esa tragedia se repite en Gaza, donde las niñas y los niños pagan el precio más alto de un conflicto que no eligieron. Más de 1.7 millones de niños necesitan ayuda humanitaria urgente. La desnutrición aumenta cada día tras meses de bloqueo que detuvieron la entrada de ayuda y bienes comerciales. El 95% de las escuelas están dañadas o destruidas, dejando a 658,000 niños fuera de las aulas por casi dos años. Solo hay 2,000 camas hospitalarias para más de 2 millones de personas.
UNICEF lo ha dicho con toda claridad: Gaza es hoy el lugar más peligroso del mundo para ser niño. Y si esa frase no nos conmueve, ¿qué nos queda de humanidad?
Recuerdo a las madres guatemaltecas llorando a sus hijos en medio del conflicto. Hoy veo a las madres palestinas hacer lo mismo, abrazando cuerpos diminutos envueltos en mantas, intentando protegerlos incluso después de la muerte. No puedo, no quiero, quedarme callada.
Hace unas semanas he tenido el gran honor de recibir la nacionalidad mexicana, un gesto que me honra profundamente. México me acogió cuando huía de la violencia, me brindó refugio y me apoyó en mi compromiso por la paz. Por eso hoy, desde este vínculo de gratitud y hermandad, pido al pueblo de México que alce la voz y se movilice por los niños y niñas de Gaza.
El reciente alto el fuego es un paso crucial, pero no basta por sí solo. La vida de miles de niños depende de que se cumpla y se permita la entrada masiva de ayuda humanitaria. UNICEF y sus socios están listos para ampliar la respuesta: vacunaciones para prevenir brotes, tratamiento de la desnutrición infantil y materna, agua potable, apoyo psicosocial, reunificación familiar, rehabilitación de hospitales y escuelas. Pero hoy, estos esfuerzos están gravemente limitados por la falta de acceso y de fondos: UNICEF solo cuenta con el 35% de lo que necesita para responder a esta emergencia.
Por eso, hago un llamado a todo el pueblo de México:
Apoyen los esfuerzos de UNICEF para llevar alivio inmediato a los niños y niñas de Gaza. Donen. Compartan. No se queden en silencio.
Porque la indiferencia también mata.
Porque cada peso puede significar una vida.
Porque la infancia no tiene fronteras.
Y porque ningún niño —ni en Guatemala, ni en Gaza, ni en ningún rincón del mundo— debería crecer bajo los escombros de la guerra.
UNICEF llega a los lugares de más difícil acceso en México y en todo el mundo, en donde niñas, niños y adolescentes se encuentran en condiciones de mayor vulnerabilidad. Con tu donativo, tú puedes estar ahí, ayudando a proteger a la niñez en Gaza. Dona a UNICEF en unicef.org.mx
Premio Nobel de la Paz






