Por GUILLERMO CHÁVEZ
En un mundo marcado por la desigualdad social, la burocracia paralizante y las fronteras físicas que aún determinan el acceso a oportunidades de emprendimiento, la tecnología nos ofrece algo más que herramientas: nos ofrece posibilidades de acceso equitativo. Desde que asumí la responsabilidad de vincular el programa de e-Residency de Estonia a las comunidades de habla hispana, he sido testigo de cómo la transformación digital puede moldear no solo modelos de negocio, sino trayectorias de vida.
El programa de e-Residency ha ganado reconocimiento por permitir que cualquier persona, desde cualquier parte del mundo, pueda abrir y gestionar una empresa en Estonia —con acceso al mercado de la Unión Europea— sin necesidad de estar físicamente en ese continente. Sin embargo, reducirlo a una solución administrativa sería simplificarlo en exceso. Lo que e-Residency realmente ofrece es una plataforma de libertad: la posibilidad de crear, ofrecer e incluso facturar sin intermediarios, sin pedir permiso a la geografía y sin depender de un sistema institucional que muchas veces no reconoce ni incluye plenamente a los pequeños emprendedores.
Durante nuestra visita a México los días 8 y 9 de mayo, lo que encontramos no fue solamente interés en el programa, sino una profunda resonancia con sus valores. En conversaciones con emprendedores, funcionarios públicos, estudiantes, artistas y periodistas, emergió una pregunta común: ¿cómo hacemos posible un futuro en el que el talento no esté limitado por el lugar de nacimiento? Estonia no tiene una respuesta completa, pero sí una propuesta clara: una iniciativa que habilita en lugar de obstaculizar; que tiende puentes donde otros levantan muros.
Uno de los momentos más simbólicos de esta misión fue la firma de un Memorando de Entendimiento con el Gobierno del Estado de Campeche. Este acuerdo permitirá, por primera vez, que ciudadanos mexicanos que soliciten la e-Residency reciban su identificación digital dentro del territorio nacional. Esto no es solo una nota burocrática: es una redefinición del acceso. Significa que un joven en Mérida, una emprendedora en Oaxaca o un freelancer en Saltillo ya no tendrán que viajar a otro país para formalizar su negocio dentro del mercado europeo. También marca un viraje hacia una diplomacia digital centrada en las personas.
Estonia es un país pequeño en términos territoriales, pero inmenso en visión. Con poco más de un millón de habitantes, ha sido líder global en digitalización durante más de 25 años, alcanzando una transformación digital del 100% en sus servicios públicos, impulsando el emprendimiento y la transparencia de datos. Su mayor contribución es haber materializado una visión de oportunidades para todos y de tecnología como catalizador. Esta visión se encarna en plataformas interoperables, en un sistema fiscal que no penaliza la innovación y en una administración al servicio de sus ciudadanos.
En América Latina, donde muchas estructuras institucionales tienden al control más que a la colaboración, este modelo ofrece un horizonte inspirador. El programa de e-Residency no busca reemplazar sistemas nacionales ni competir con la soberanía local. Lo que propone es abrir ventanas. Que un emprendedor pueda facturar a clientes en Europa sin tener que registrarse en cinco países distintos. Que un artista pueda vender obras digitales sin depender de intermediarios que se quedan con la mayor parte de las ganancias. Que una mujer en una comunidad remota acceda a la economía digital sin necesidad de ser experta en derecho corporativo.
En cada charla y entrevista durante esta visita, insistí en que no todos los emprendedores quieren ser unicornios. No todos quieren levantar millones en inversión o abrir oficinas en siete países. Muchos simplemente quieren trabajar con dignidad, sostener a sus familias y construir algo con sentido. Para estas personas, el programa no es una cuestión de conveniencia, es un camino hacia la autonomía social y financiera.
También nos reunimos con gobiernos estatales que están explorando seriamente la digitalización de sus servicios. La interoperabilidad no es un lujo reservado al Norte Global; es una necesidad urgente. México, con su riqueza cultural, talento técnico y capacidad organizativa, tiene todo lo necesario para liderar una revolución digital desde el Sur Global. Lo que muchas veces falta no es conocimiento ni capacidad, sino voluntad. Y es ahí donde Estonia puede ser un aliado confiable: no para imponer un modelo, sino para acompañar procesos locales con un espíritu de cooperación.
La comunidad de e-Residency de Estonia ya supera las 134,000 personas a nivel mundial, y México ocupa un lugar destacado en ella. Con más de 467 ciudadanos mexicanos registrados y 130 empresas creadas bajo este esquema, no hablamos de una promesa, sino de una realidad en expansión. Pero lo más importante no está en las cifras, sino en las historias. Historias de personas que, gracias a esta identidad digital, pudieron continuar sus carreras, escalar sus proyectos o simplemente disfrutar de una vida sin fronteras.
Esta es la esencia de nuestra misión: utilizar la tecnología no como fin, sino como medio. Un medio para que las personas vivan con más libertad, con mayor reconocimiento y con más control sobre su propio futuro. Porque cuando se democratiza la posibilidad de construir, también se democratiza la esperanza. Y eso, en estos tiempos inciertos, vale más que nunca.
Guillermo Chávez es Jefe de Mercados en Español del programa e-Residency de Estonia desde 2024. Con experiencia diplomática y en promoción internacional, ha impulsado inversiones estratégicas y cooperación bilateral. Es Licenciado en Relaciones Internacionales por el ITESM y Maestro en Estudios UE-Rusia por la Universidad de Tartu.
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