Por Nora Ruvalcaba Gámez
Desde 2018, México vive una transformación profunda. El licenciado Andrés Manuel López Obrador sentó las bases de un cambio de paradigma que colocó nuevamente en el centro de la vida pública la justicia social, el bienestar de las mayorías y la responsabilidad del Estado frente a quienes durante décadas fueron excluidos del desarrollo.
Hoy, bajo el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, se están consolidando esos avances mediante la construcción del segundo piso de la Cuarta Transformación con el fortalecimiento de las instituciones, la ampliación de derechos y la generación de condiciones para garantizar una prosperidad compartida a todas y todos.
Frente a esta realidad nacional, resulta pertinente preguntarnos qué papel debe asumir Aguascalientes en este momento histórico.
Durante décadas, su sector empresarial, instituciones educativas y su gente buena han demostrado capacidad para producir, competir, formar talento y generar oportunidades.
Por ello, la pregunta es obligada: ¿por qué un estado con tantas ventajas competitivas no ha podido alcanzar su máximo potencial?
La respuesta resulta clara: el problema no se encuentra en lo que Aguascalientes ha construido, sino en cómo se le ha gobernado.
Y ello está a la vista de todas y todos.
En estos últimos años, la agenda gubernamental se ha concentrado en el marketing político y la búsqueda permanente de aprobación. Entretanto, asuntos fundamentales para el porvenir de Aguascalientes continúan exigiendo respuestas de fondo.
El agua, la infraestructura, la movilidad, la seguridad, la salud, el cuidado del medio ambiente, la diversificación económica y la innovación demandan visión estratégica, capacidad técnica y planeación de largo plazo.
Son asignaturas en las que ni el gobierno estatal ni el municipal estuvieron a la altura de las legítimas exigencias del pueblo y que hoy representan desafíos impostergables para el bienestar colectivo.
Y el problema es que durante esta administración se confundió gobernar con comunicar y resultados con popularidad.
Pero gobernar es algo muy distinto. Implica anticipar desafíos y tomar decisiones pensando en las próximas generaciones.
Por eso, el gran debate en Aguascalientes no gira en torno a su gente o a la vocación productiva de su clase empresarial, sino a la capacidad de sus instituciones públicas y de quienes las encabezan para responder a los retos de nuestro tiempo.
Porque cuando una sociedad avanza más rápido que sus gobiernos, tarde o temprano encuentra un límite para su desarrollo.
Precisamente por ello, Aguascalientes merece una visión que piense más allá de la siguiente encuesta o proceso electoral. Merece una conducción capaz de aprovechar plenamente sus fortalezas para convertirlas en bienestar y oportunidades para todas y todos.
Nuestra historia demuestra que sabemos transformarnos, adaptarnos y salir adelante. Fuimos una de las rutas comerciales más importantes en el Camino Real Tierra Adentro; nos consolidamos como tierra ferroviaria, referente textil y hoy somos uno de los centros más importantes de la industria automotriz. Nuestra capacidad para reinventarnos nunca ha estado en duda.
Lo que ha estado en duda es la capacidad de sus gobiernos para acompañar esa evolución.
México ya está construyendo una nueva etapa de su desarrollo y Aguascalientes no puede quedarse atrás ni al margen.
Ha llegado la hora de que su pueblo encuentre, por fin, una conducción pública a la altura de sus capacidades y de lo que merece.
@Nora_Ruvalcaba
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