Por Jorge R. Marín Marrufo

Cada 21 de marzo el mundo conmemora el Día Mundial del Síndrome de Down, una fecha instaurada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para promover la conciencia pública sobre esta condición genética y para recordar que las personas con trisomía 21 tienen los mismos derechos y dignidad que cualquier otro ser humano. Sin embargo, más allá de los discursos y los eventos simbólicos, la realidad en Yucatán revela que aún existe una gran deuda social con quienes viven con esta condición.

El síndrome de Down es la alteración genética más común asociada a discapacidad intelectual. En México se estima una prevalencia aproximada de un caso por cada 650 nacimientos, lo que lo

convierte en la principal causa genética de discapacidad intelectual en el país.

Si se toma en cuenta que en Yucatán se registran alrededor de 25 mil nacimientos anuales, de acuerdo con estadísticas recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, es posible estimar que cada año nacen entre 35 y 40 niños con síndrome de Down en el estado, una cifra que debería orientar políticas públicas permanentes de atención, inclusión educativa y acompañamiento familiar.

A pesar de la falta de estadísticas oficiales precisas a nivel estatal, instituciones locales dedicadas a la atención de personas con discapacidad han documentado la magnitud del desafío. El Instituto para la Inclusión de las Personas con Discapacidad del Estado de Yucatán reportó que, entre las personas con discapacidad intelectual atendidas, el síndrome de Down representa una de las principales condiciones registradas.

Diversos estudios médicos han demostrado que una gran proporción de los niños que nacen con síndrome de Down también presentan cardiopatías congénitas, lo que representa uno de los principales retos para su salud desde los primeros meses de vida. Se estima que entre el 40% y el 50% de los niños con síndrome de Down tienen algún tipo de malformación cardíaca, una cifra muy superior a la de la población general, donde estas afecciones se presentan en cerca del 1% de los recién nacidos.

Estas cardiopatías pueden incluir defectos como la comunicación interauricular, la comunicación interventricular o el canal auriculoventricular, y en muchos casos requieren cirugía o tratamiento especializado durante la infancia. La presencia de estas enfermedades cardíacas puede agravar las condiciones de salud de los niños, incrementar el riesgo de complicaciones médicas y exigir un seguimiento cardiológico permanente desde etapas muy tempranas de la vida.

Los esfuerzos de la sociedad civil

En Yucatán, gran parte del trabajo en favor de las personas con síndrome de Down no ha surgido desde las estructuras gubernamentales, sino desde la sociedad civil.

Organizaciones como Cedidown, Club Especial Ayelem A.C. y Paso a Pasito se han convertido en espacios fundamentales para la atención, rehabilitación, educación y desarrollo social de niñas, niños y jóvenes con esta condición.

Estas asociaciones brindan terapias, acompañamiento psicológico, actividades culturales y programas de inclusión laboral. Por ejemplo, el Club Especial Ayelem ha trabajado durante más de dos décadas promoviendo la integración social de personas con discapacidad intelectual mediante actividades artísticas, deportivas y proyectos productivos que buscan su autonomía económica.

Por su parte, Cedidown impulsa programas de atención terapéutica, investigación y sensibilización social con el objetivo de promover la autonomía y la inclusión de las personas con síndrome de Down y sus familias.

Sin embargo, estas iniciativas suelen operar con recursos limitados, donaciones y el esfuerzo incansable de padres, voluntarios y especialistas. En muchos casos, las familias deben cubrir costos de terapias, transporte y atención especializada, lo que evidencia una brecha importante entre la necesidad social y el apoyo institucional.

La inclusión que aún no llega

El mayor desafío en Yucatán no es únicamente médico, sino social. Aunque se han registrado avances en materia educativa y de sensibilización, la inclusión plena sigue siendo una meta lejana.

Todavía existen barreras para que niñas y niños con síndrome de Down accedan a escuelas regulares, y cuando lo logran, frecuentemente enfrentan falta de personal capacitado o programas de educación inclusiva adecuados. En el ámbito laboral, las oportunidades siguen siendo escasas: muchas empresas aún no cuentan con programas de inclusión ni con la capacitación necesaria para integrar a personas con discapacidad intelectual en sus equipos de trabajo.

Este panorama revela una realidad incómoda: la inclusión muchas veces depende más de la buena voluntad que de una política pública sólida.

Una agenda pendiente para Yucatán

El Día Mundial del Síndrome de Down debería ser más que una conmemoración simbólica. Debería convertirse en un punto de reflexión para revisar qué estamos haciendo como sociedad.

Desde la Federación Mexicana de Promoción de la Salud, A.C. proponemos:

* Un registro estatal actualizado de personas con síndrome de Down para diseñar políticas públicas basadas en evidencia.

* Programas de detección temprana y atención integral desde el nacimiento.

* Educación verdaderamente inclusiva, con docentes capacitados y recursos adecuados.

* Incentivos fiscales y programas laborales que faciliten la contratación de personas con discapacidad intelectual.

* Campañas permanentes de sensibilización social para erradicar estigmas y discriminación.

Las personas con síndrome de Down no necesitan compasión: necesitan oportunidades. Necesitan acceso a educación, empleo, salud y participación social.

Yucatán ha demostrado en muchas ocasiones que puede ser un estado solidario y comprometido con su comunidad. Pero en materia de inclusión, aún estamos lejos de lo que deberíamos ser.

El reto es claro: construir una sociedad donde las diferencias no sean motivo de exclusión, sino una expresión más de la diversidad humana.

Porque la verdadera inclusión no se celebra un día al año. Se construye todos los días.

Presidente de la Federación Mexicana de Promoción de la Salud y Especialista en Salud Pública

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