Aunque la sorpresiva –pero, insistamos, muy anunciada– operación militar de Estados Unidos en Venezuela les cayó como un balde de agua fría a la presidenta Sheinbaum y su partido, debió igualmente resultarles alentador que los “invasores” hayan dejado intacta, de momento, a toda la pandilla de Maduro.
Al ver que una represora corrupta como Delcy Rodríguez fue ungida de inmediato y sin ningún problema presidenta interina, tal vez pensaron (no sin algo de razón) que las cosas tenían cierto arreglo. Los chavistas dedujeron lo mismo y por eso, lejos de contenerse ante el recuerdo fresco de los bombardeos del pasado sábado, han dado rienda suelta a diversas acciones de represalia y acoso contra la oposición e incluso la población en general: retenes, detenciones arbitrarias, obstaculización a la prensa extranjera, patrullajes de escuadrones “ciudadanos” armados para imponer el pánico y otras más.
La señal que cree haber recibido el chavismo todavía en el poder es la frase de Trump, repetida a lo largo de estos días, acerca de que la prioridad es evitar el caos y que, en resumen, la democracia debe esperar. Eso quiere decir, en realidad, primero los negocios de Estados Unidos, las petroleras en concreto, y luego, mucho después, tal vez, una transición política.
Por supuesto, la presidenta interina Delcy Rodríguez le tomó la palabra y aceptará la tienda de raya internacional que le está imponiendo el imperio (comprar solo productos de Estados Unidos con el dinero que reciba por la venta de petróleo a ese país) con tal de preservar el poder. Por lo menos esa parece ser su expectativa.
La actuación de Estados Unidos, en buena medida inédita, está teniendo una lectura digamos pesimista entre algunos comentaristas que suponen que el gobierno de Trump está dispuesto a convivir con Delcy y compañía por tiempo indefinido mientras se le aseguren sus negocios. Pero no habría que perder de vista la perspectiva de algunos especialistas como Alejandro Cassaglia, quien en una entrevista para el diario argentino La Nación planteaba que “Nicolás Maduro «es la cara visible» de una estructura criminal mucho más amplia, razón por la cual no están dadas las condiciones para convocar a elecciones en Venezuela en el corto plazo”.
Para este experto en terrorismo y crimen organizado, “no están dadas las condiciones” para impulsar un proceso electoral porque este fácilmente podría derivar en una “matanza”, ante la falta de apoyo de las Fuerzas Armadas y la presencia de colectivos chavistas, además que “sería quemar políticamente a María Corina Machado”. El proceso, pues, debe ser gradual para impedir, efectivamente, el caos y hasta una guerra civil.
La idea de una dictadura sin Maduro, funcional para los intereses de Estados Unidos, le hace comerse buena parte de sus consignas antiimperialistas a la 4T, pero también la hace suponer, erróneamente creo, que el arreglo con “Mr. Arancel” (como le gustaría que le llamen), desigual y desventajoso, siempre es posible.
Que a Trump no le interesa la democracia, como tampoco al gobierno de Sheinbaum, pareciera ser incluso el punto fuerte de un entendimiento con el nuevo “Donroe” norteamericano (combinado con toda la sumisión comercial y migratoria, así como el combate superficial al narcotráfico, desde luego). Así lo ve la parte más pragmática de la 4T, pero el problema es que Trump necesita “hacer algo con México” (como advirtió), evidentemente no igual a lo de Venezuela, pero sí algo contundente para impresionar a sus electores y doblegar por completo (ya no le falta mucho) de cara a la renegociación del T-MEC. De ahí que los analistas más serios a los dos lados de la frontera no descarten, al menos, un ataque selectivo contra algún cártel.
Ahora bien, la colusión de Morena con el crimen organizado heredada por el gobierno de Sheinbaum es tan grande, y sigue tan impune, operativa y campante, que el dilema de la presidenta –tocar a fondo las estructuras delincuenciales del entorno de AMLO o arriesgarse a lo impredecible– se hace cada día más candente. La incertidumbre más profunda recién comienza.
@ArielGonzlez
FB: Ariel González Jiménez

