Terminó agosto y se publicaron dos fotografías del arranque electoral rumbo al 2027. La de Buendía y Márquez para EL UNIVERSAL muestra a Morena con 48 por ciento de preferencia efectiva frente al 15 del PAN, 13 del PRI y 12 de Movimiento Ciudadano. La de Mitofsky confirma la ventaja guinda. Además ahí vemos que los indecisos cayeron de 34.9 a 19.4 por ciento en un año. Parte de ese voto definido se ha ido hacia la oposición, que sumada pasó de 26 a 35 puntos, mientras la opinión positiva de Morena bajó de 56 a 49.

Con estos números se ha reabierto la pregunta que me parece más interesante para la oposición: ¿aliarse o ir por separado? Alito Moreno, presidente del PRI, ha sido muy claro en que deben de ir en alianza. Jorge Romero dijo que el PAN está abierto a alianzas pero que se decidirán estado por estado. Movimiento Ciudadano mantiene su negativa a las alianzas, que incluso están en los estatutos del partido.

El diseño del sistema favorece ir en alianza en la elección de mayoría relativa. Y es que en esas 300 diputaciones gana el escaño el partido que obtenga más votos aunque sea por un solo sufragio. Frente a una Morena que tiene 48 por ciento de preferencia efectiva, tres oposiciones de entre 12 y 15 puntos en las preferencias le regalarían distrito tras distrito a Morena y sus aliados. Juntas, las oposiciones rondan el 40 por ciento de la preferencia aunque ya sabemos que Somos debe de ir solo ya que es su primera elección. El precedente para pensar que la oposición es competitiva en alianza es la elección intermedia del 2021, cuando la coalición Va por México contribuyó a que el oficialismo perdiera la mayoría calificada en la Cámara de Diputados. Pero en 2024 la misma alianza perdió la elección presidencial por más de treinta puntos.

Sumar siglas no es sumar votos. Movimiento Ciudadano lo tiene claro. Cuando compite en coalición, el voto migra al socio más fuerte de cada región y su crecimiento se detiene, mientras que yendo solo logró casi seis millones de votos en 2024.

En las doscientas diputaciones plurinominales, que se reparten en proporción a la votación de cada partido, ir por separado maximiza asientos y prerrogativas propias.

Según Buendía y Márquez, 43 por ciento cree que el país va por mal camino, pero entre esos inconformes el PAN y el PRI siguen con una imagen negativa. El voto del enojo existe, pero todavía no encuentra a donde irse. La irrupción de Somos parece que disputará votos panistas y emecistas más que morenistas.Podríamos decir lo mismo de Paz para Morena, pero el oficialismo es quien va ganando y dudo que los votos que les quite Paz impliquen pérdida de alguna elección. Por eso creo que la respuesta actualmente no es blanco o negro. Alianza sí o alianza no. Para los trescientos distritos de mayoría, hoy, con estas preferencias, la alianza conviene. En las diecisiete gubernaturas en juego hay que ver caso por caso. Donde Movimiento Ciudadano defiende Nuevo León, aliarse con PRI y PAN le restaría más de lo que le suma. Pero el PAN, que defiende Chihuahua y Querétaro, ahí los puntos del PRI pueden ser la diferencia entre retener y entregar.

La opinión positiva de Morena cayó siete puntos en un año y su rechazo subió once. Si ese desgaste se convierte en votos, el cálculo puede cambiar. El problema para que la oposición tome una decisión es doble. Primero, cómo convertir el desgaste de Morena en votos y segundo, el calendario. El artículo 92 de la Ley General de Partidos Políticos exige registrar los convenios de coalición treinta días antes de las precampañas, que inician el 4 de enero. La oposición tiene hasta los primeros días de diciembre para decidir. Dividir puede ser vencer, pero solo si se logra convertir desgaste en votos y si se elige con precisión en dónde hay que ir en alianza.

@AnaPOrdorica

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