Parte del encanto del futbol radica en su impredictibilidad. Que un equipo semiprofesional empate contra un gigante del balompié mundial, como sucedió entre el Auckland City y el Boca Juniors en el Mundial de Clubes, parece algo únicamente reservado para este deporte.
Dudo que haya registro de que un equipo amateur le haya competido, siquiera un ratito, a uno de la NBA. O que al hombre más veloz del mundo le gane una prueba de 100 metros un simple corredor de fin de semana.
Evidentemente, la lógica se impone más veces que su contraparte. Basta revisar la lista de campeones en las distintas Ligas del mundo, incluida nuestra rocambolesca competición, para notar que las instituciones con mayor presupuesto y mejores futbolistas están más cerca del éxito.
Pero, de igual manera, algún toque sorpresivo puede rodear a la victoria de una potencia futbolística.
La final de Alemania 2006 es el ejemplo perfecto: Zinedine Zidane enloqueció; la Italia de Francesco Totti, Alessandro del Piero y Andrea Pirlo empató el juego con gol de Marco Materazzi (quien provocó a Zidane); en los penaltis, falló David Trezeguet... Italia campeón.
El sábado, se impuso la ilógica en el estadio Ciudad de los Deportes.
Las Chivas le ganaron al América. El Guadalajara llegaba como lugar 16 de la tabla (sólo por diferencia de goles no era el 18) y los de Coapa en franca levantada.
Los de André Jardine fueron amos y señores de la posesión (maldita la hora en la que el mundo se enamoró de ese dato), pero posesión sin precisión es equivalente a la nada misma.
El Rebaño Sagrado supo aguantar y ellos sí estuvieron certeros de cara a la portería (el dato que verdaderamente es relevante). Y así, las Chivas sorprendieron a propios y extraños.
Ahora, ambos equipos deben darle su justa medida al resultado.
¿Duele perder un Clásico? Por supuesto que sí. Pero no debe tomarse como una señal de alarma, aunque sí tiene que servir para analizar cómo enfrentar situaciones adversas, como la lesión de Álvaro Fidalgo, y para corregir las falencias defensivas y ofensivas.
Del otro lado, nadie debe enloquecer. La victoria fue un bálsamo, pero las Chivas no se pueden engañar. Falta mucho por mejorar y, ahora, con la calma que otorga el triunfo ante el rival, trabajar para —mínimo— entrar a zona de Play-In.
Ni muy muy, ni tan tan... En especial para los rojiblancos, y es que mañana mismo tendrán una prueba complicada, y todo lo ganado contra su archirrival podría irse al caño menos de una semana después.
Adendum. “Empieza a gustarme el Cruz Azul de Larcamón”, me envió Knut, ayer.
Estoy de acuerdo, aunque falta verlos contra América, Tigres y Rayados. Contra esos rivales, sabremos para qué están.
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