Desde la década de 1950, el modelo de desarrollo predominante en el mundo ha estado anclado a una economía lineal que produce en serie y depende, en gran medida, de la quema de combustibles fósiles. Con irresponsabilidad infinita y recursos naturales finitos, se han generado graves daños al medio ambiente. A nivel global, la extracción de minerales y materias vírgenes​ ha aumentado casi cuatro veces desde 1970. Actualmente, la demanda de materias primas extraídas para satisfacer necesidades básicas asciende a 85 mil millones de toneladas anuales.

Ante este nivel de consumo, en México, tan sólo en los últimos 20 años, registramos un aumento de 42.6% en materia de generación de​ ​residuos sólidos. Hoy desechamos alrededor de 120 mil toneladas por día y el 90% se deposita a cielo abierto. Tan sólo el sector de la construcción genera 10.15 millones de toneladas de residuos al año.

En este contexto y bajo el liderazgo de la presidenta Sheinbaum, hemos puesto en marcha un profundo cambio de paradigma socioeconómico en nuestro país: transitamos del extractivismo neoliberal hacia el ambientalismo humanista. La transición hacia una economía circular es una de las principales apuestas del Segundo Piso de la Cuarta Transformación y una estrategia efectiva para rechazar el modelo lineal de “producir, consumir y desechar”.

Tras décadas​ de colocar en segundo plano el derecho humano a un medio ambiente sano, hoy buscamos implementar un modelo de desarrollo con sostenibilidad y prosperidad compartida, de la mano de las comunidades y del sector privado. Uno de los proyectos que encarna este cambio de paradigma es el Parque Ecológico y de Economía Circular de Tula (PEECT).

En colaboración con las Secretarías de Infraestructura, Comunicaciones y Transporte y Anticorrupción y Buen Gobierno y el gobierno de Hidalgo, así como CONAGUA, PEMEX y la UNAM, esta ambiciosa iniciativa que impulsamos desde la SEMARNAT se erige sobre tres pilares fundamentales: la restauración ambiental, la valoración cultural y el aprovechamiento sustentable de los materiales generados por las actividades locales. Marcamos así​ ​un punto de inflexión en la historia económica del país y buscamos restaurar el suelo y la biodiversidad, bajo un enfoque de soluciones basadas en la naturaleza.

Si bien, el objetivo principal es generar valor a partir del procesamiento de residuos, es fundamental, en paralelo, dignificar la relación de la población con la naturaleza. Por ello, comenzamos también​ ​la restauración y saneamiento del río Tula, que es sólo una de las cuencas prioritarias del Plan Nacional Hídrico, además del río Atoyac y el río Lerma-Santiago. De este modo, el proyecto de economía circular trasciende hacia otros ámbitos del cuidado del medio ambiente.

Con esta visión progresista, se comprueba que el crecimiento verde es posible a través del desarrollo de proyectos productivos e industriales innovadores. Con la Política Ecológica y Ambiental Humanista del gobierno de México​, apostamos por transformar las “externalidades negativas” —como los residuos orgánicos e inorgánicos— en oportunidades de sostenibilidad, que implica, crecimiento económico, igualdad social y justicia ambiental.

El PEECT no solo transformará el paisaje de Tula, sino que redefinirá la narrativa de lo que México puede y debe ser: un país que, con una visión audaz de un futuro sostenible y verde, prioriza la justicia ambiental y fomenta el bienestar colectivo al tiempo de generar valor económico de manera sostenible.

Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales

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