Hombre de escándalos, de gritos y manotazos, José Gerardo Rodolfo Fernández Noroña representa como nadie a la nueva clase gobernante. Fue una de las “corcholatas” que escogió López Obrador para darle un brochazo proletario al elenco de candidatos a la Presidencia de la República y, a un tiempo, encubrir el dedazo; es un personaje que no puede pasar desapercibido.
En estos días se ha revelado que adquirió una residencia en un predio de 1200 m2, en el pueblo mágico de Tepoztlán, Morelos. Una casa de descanso para los fines de semana con hermosa vista al Tepotzteco, tal como lo acostumbra la burguesía chilanga.
Lo que muestra Noroña es la mudanza de la vecindad en Leandro Valle en el Centro Histórico de la Ciudad de México a una casa en Tepotzlán de 12 millones de pesos; del traslado en transportes colectivos a dos vehículos marca Volvo, y lo más sorprendente: el ascenso se dio en apenas cuatro años porque en una entrevista en 2021, al tiempo que mostraba su departamento en aquella vecindad contó: “Yo aquí seguiría viviendo pero ya no quepo, necesito una casa nomás que no tengo dinero, por más que dicen tonterías de mí, no tengo para comprar nada”.
Si se atienen a lo que ordena la Constitución, que los ingresos de un funcionario público no pueden ser superiores a los del titular del Ejecutivo, sus cuentas nomás no salen para pagar vehículos de alta gama, viajes a todo lujo, restaurantes y casa de descanso en Tepoztlán.
Noroña es un golpeador, un provocador, un misógino y un sujeto vulgar que se espulga la nariz mientras su jefa pronuncia un soporífero discurso. Hace algunos años fue reprobado por sus propios compañeros, entonces perredistas, cuando dijo que Ruth Zavaleta, presidente de la Cámara de Diputados, había entregado el cuerpo por un huesito, sus propios correligionarios lo llamaron canalla y ruin.
Mientras López Obrador llamaba buitres a sus críticos, Noroña los llama carroñeros y en el colmo de la lambisconería ha anticipado que el nombre de Andrés Manuel se inscribirá con letras de oro en los muros del Congreso de la Unión.
Noroña no solo ha cambiado de patrimonio, también de convicciones. Un hombre que en sus días de opositor llamaba al Ejército asesino y criminal, hoy guarda silencio ante un gobierno que le ha entregado a los militares poder y negocios. Para Noroña, Manuel Bartlett, el secretario de Gobernación que fue pieza clave en el fraude de 1988 y jefe de José Antonio Zorrilla, el asesino de Manuel Buendía, es un patriota.
En su carácter de presidente del Senado acude a Estrasburgo, Francia, en un vuelo business class a pronunciar, ante un auditorio semivacío, un discurso panfletero pero, como está documentado, no es el único viaje a Europa.
Noroña es el ejemplar más representativo de una clase política sin clase en la que destacan Pedro Haces, Adán Augusto, Cuauhtémoc Blanco, Andrea Chávez, Félix Salgado Macedonio y Lenia Batres. ¡Háganse a un lado corruptos que ahora nos toca a nosotros!
Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario. @alfonsozarate