El que tenemos es un gobierno paternal que está para defender a sus hijos menores de edad, ciudadanos que nunca crecieron y, al parecer, nunca crecerán. La Presidenta ya dijo que cuando la norma se opone al sentido común debe prevalecer el sentido común (del funcionario en turno) y mucho antes el Señor de Palenque postuló: “A mí no me vengan con eso de que la ley es la ley”.
No se podría culpar a los gobiernos de Morena de haber fundado el infantilismo cívico que padecen millones de mexicanos. La minoría de edad viene de lejos, los gobiernos del PRI nunca se propusieron crear ciudadanos, mucho menos el porfiriato. La política, como lo denunciaba el general Francisco J. Múgica, era “eso” que pasaba entre políticos y el PRI justificaba el fraude electoral porque decía que si le permitiera al elector decidir libremente elegiría como gobernante a Cantinflas o al señor arzobispo. En aquellos tiempos la voluntad popular expresada en la urnas era aceptada solo cuando correspondía a la voluntad del poder, pero cuando no, allí estaba para remediarlo el “fraude patriótico”.
Las cifras de aprobación a la presidenta Claudia Sheinbaum expresan con claridad que los dulces y galletas (los apoyos sociales) han convencido a los niños de que es la mejor presidenta que ha tenido este país (y la única) y que México, con sus juzgadores del pueblo, es el país más democrático del mundo.
Nada de que en los medios de comunicación nos corrijan y salgan con otros datos; la frase “yo tengo otros datos” ya fue patentada por Andrés Manuel y los medios de comunicación no pueden tener datos distintos a los oficiales que constituyen la verdad revelada.
La “Mañanera” y sus acólitos disfrazados de periodistas tienen el monopolio de la verdad. Pemex no está quebrado, el aeropuerto de Tizayuca —como la línea aérea Mexicana, operada por el Ejército— van viento en popa, no hay descarrilamientos del tren interoceánico, el Tren Maya es un gran negocio, nuestro sistema de salud supera al de Dinamarca, no existen refinerías clandestinas… Y ante las exigencias de averiguar los costos reales y los impactos ecológicos de las obras emblemáticas, como el Tren Maya y la refinería Olmeca, la respuesta ha sido la desaparición del INAI y la imposición de reservas con el argumento de la seguridad nacional.
Un país en el que solo hay buenas noticias mantendrá el más firme apoyo al régimen y fortalecerá la imagen de los mexicanos como los más felices del mundo.
Ante quienes alertan por la inminencia de la censura, el mensaje presidencial pone los pelos de punta: si no hay censura es porque no hemos querido imponerla, porque los instrumentos legales y administrativos ya son nuestros.
El derecho a descontextualizar, a calumniar y a mentir solo le corresponde al gobierno y, en sentido estricto, a la Presidenta. Seguimos en ruta. Nos inspiran la Venezuela de Chávez, la Cuba de Fidel y la Nicaragua de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
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