Para Ana Isabel, ¡feliz cumpleaños!

El caso de la CNTE, su furia incontenida, su violencia enfermiza que lastima a la sociedad ante el pasmo y la incapacidad del gobierno, es un ejemplo de un déficit mayúsculo que exhibe esta clase política: tienen a su cargo la gobernación del país, pero no saben gobernar. La improvisación asoma por todas partes: en el sistema judicial se reemplazaron juzgadores profesionales por jueces de tómbola y ministros de acordeón; por la Secretaría de Educación han transitado las profesoras Delfina Gómez, Leticia Ramírez y ahora Mario Delgado; a la titularidad de la Secretaría de Relaciones Exteriores llega un bisoño cuyo ascenso vertiginoso poco tuvo que ver con sus talentos profesionales; en Gobernación el repaso de sus titulares no es menos frustrante: Olga Sánchez Cordero, Adán Augusto, Luisa María Alcalde y Rosa Icela Rodríguez.

El cartón del jueves 14 de mayo de Paco Calderón titulado “La Nana”, en el que una secretaria de Gobernación suplicante le da un mensaje al narco “que si porfis te portas bien“, es brutal. Los Ardillos, una derivación de Los Zetas, imponen terror en la región de Chilapa, Guerrero, y la respuesta del gobierno federal es convocar a una mesa “para la construcción de la paz”. No tienen remedio.

De manera inaudita han desfigurado instancias que fueron diseñadas para mejorar la gobernación y, para colmo, muchas veces las han encargado a ineptos y corruptos. En otro tiempo, el titular del Poder Ejecutivo contaba con una unidad de alta competencia para darle seguimiento a las prioridades: la Oficina de la Presidencia. El gabinete se agrupaba en gabinetes especializados: el de seguridad nacional, el económico, el de política exterior y el agropecuario, destacadamente, en cada uno había grupos de profesionales altamente calificados, pero los gobiernos de la 4T desnaturalizaron a la Oficina de la Presidencia: con Alfonso Romo —desaparecido como Rubén Rocha— se rebajó hasta convertirse en la instancia responsable del enlace con los grandes inversionistas.

El Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) era el órgano de inteligencia civil del Estado y tenía la responsabilidad de generar inteligencia estratégica para la gobernabilidad, identificaba amenazas, construía escenarios y disponía de una agenda nacional de riesgos, pero López Obrador lo convirtió en Centro Nacional de Inteligencia (CNI), colocó al frente al general Audomaro Martínez, sobre quien recaen sospechas sobre sus vínculos criminales con otros integrantes del clan tabasqueño: Adán Augusto y Bermúdez Requena, y hoy se ocupa de la inteligencia para la seguridad pública, está adscrito a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. Mientras el crimen organizado se está comiendo al Estado, se han asignado tareas policiales a las fuerzas armadas y se ignora si alguna instancia está a cargo de la seguridad nacional.

El desprecio a la experiencia y al conocimiento es la mejor receta para la ingobernabilidad y el fracaso. Tienen el poder, todo el poder, pero no saben qué hacer con él.

Presidente de Grupo Consultor interdisciplinario

@alfonsozarate

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