Comenzando el mes de la patria, en la hermosa ciudad de Guanajuato, arrancará el XXIII Congreso Internacional de Análisis y Estudios Organizacionales. Retos de las Organizaciones Latinoamericanas para el Desarrollo Sustentable en la Era de la Inteligencia Artificial (Homenaje a Eugène Enriquez, 1931-2024).
Suena a frase gastada: el mejor homenaje a Enriquez es acercarse a su obra, leerlo, tensarlo en el presente. La importancia en los usos de Enriquez, por ejemplo, para pensar el síndrome 1933, revisitado en el avance de la ultraderecha mundial y en la afectación a la democracia por la algoritmización de la sociedad y la erosión de la plaza pública.
Su obra dirige la energía a criticar la dominación organizacional y el relieve de trabajar por un humanismo en la gestión -empata en este sentido con la obra de Alain Chanlat, querido profesor que murió recientemente-. Esto significa hablar de poder, no como posesión ni sustancia que atraviesa las organizaciones, sino como relación, repertorios de mecanismos de control (dispositivos en el sentido de M. Foucault), de los desafíos manifiestos en las instituciones contemporáneas; se trata de una discusión mundial.
Aludíamos líneas arriba al avance de la ultraderecha mundial, se trata de una ofensiva que plantea, sin abundar en argumentos finos, la disminución radical del Estado, la presencia mínima del Estado, manifiesta sobre todo en la desregulación como consigna (verbigracia, en Estados Unidos de América, el Departamento de Eficiencia Gubernamental, en Argentina, el ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, la motosierra frente a las castas, en entredicho con la corrupción). Sin apartarnos de esta discusión, vale resaltar la aportación de Enriquez al pensamiento sociológico y la psicodinámica de las organizaciones, reflexiones que ponen en el centro al sujeto humano, tomando distancia de enfoques economicistas, que subrayan lo técnico (ocultando y/o encapsulando las subjetividades del poder): siguiendo el ethos de Enriquez, de que las organizaciones contemporáneas ya no son únicamente espacios de producción y administración, sino también instancias de formación de subjetividades y de control social. Tendamos una bisagra para articular el sentido del planteo de Enriquez al capitalismo de la vigilancia descrito por Shoshana Zuboff, con sus alcances en la construcción identitaria, el moldeo de comportamientos, la orientación de valores.
Las instituciones en general tienen un repertorio de socialización, que edifica al sujeto. Las organizaciones, las instituciones, los marcos regulatorios, las normas y sus correspondencias, no se dan en el vacío, no es el bosque sin asidero en los árboles. Se trata de realidades que adquieren sentido, encarnaciones de lo social, interpretaciones y reinterpretaciones, creación y recreación, porque en los roces sociales no se trata de fotocopias de la realidad, sino de configuraciones que se arman y desarman de acuerdo a condiciones históricas; los tiempos, destiempos y contratiempos a que se refería el historiador argentino Sergio Bagú.
Ahora, pensando en el presente, y en el futuro más que próximo, estamos hablando de la presencia de instituciones que tienen como objeto redirigir el mundo, tomando distancia de la racionalidad y la ética, dominados más por las emociones y las pulsiones de muerte, con una idea fija: mandar en un mundo reconstruido. No es una obra acabada, es parte de algunos de los cursos de la historia, con nuevos campos de acción social colectiva vinculada en lo digital, disminuida en sus socializaciones presenciales, en rehechura de vínculos sociales, incluso, como plantea Franco Bifo Berardi, con una caída en el contacto cuerpo a cuerpo, sexual. Ergo, una drástica reducción de la frecuencia de los contactos sexuales, con su impacto en la aceleración de la transición demográfica; en prospectiva en el mercado de trabajo, en específico con los gastos asociados a las pensiones y jubilaciones; en las instituciones escolares, con edificaciones en desuso en pocos años; el aumento en el enamoramiento de artefactos producidos por la Inteligencia Artificial -IA-, plataformas y Alexas en potencial crecimiento, ya anunciado en la película “Her”).
De nuevo, en la tensión de la discusión contemporánea, traigamos a Enriquez a la discusión: “Las estructuras no existen en sí, ellas son siempre habitadas por unos hombres que en su acción las hacen vivir, las modelan y les dan significado”. Esto conduce a una discusión clásica en la sociología sobre la estructura y la acción, y a la exigencia de una respuesta que obliga a hacer los recorridos de cómo se habitan -acción- las estructuras, de los intersticios del poder y la cultura en las anteojeras para contemplar el mundo, de lo que está en juego simbólicamente.
En tiempos en que se plantea con energía la demanda del Estado mínimo, de la globalización desde la lógica neoliberal, la densa discusión que plantea Enriquez es más que pertinente. Introducir el humanismo en la gestión no es una opción secundaria: es la condición para que las organizaciones puedan ser verdaderos espacios de convivencia, creatividad y justicia social. Y aquí empatan, como se apuntaba, Enriquez con Chanlat. Frente a la racionalización excesiva propia del economicismo contemporáneo, ponderar que lo humano excede las categorías de la razón instrumental (metamos en el combo a la ganancia o la acción del mercado, como cartografía guía de los grupos concentrados). Sin ingenuidades, se trata de repensar la construcción de vínculos, alianzas y sentidos compartidos en los que se abren espacios de violencia y cohesión, entre deseo y ley, se juega el destino de lo humano. En el entendido, como afirma Chanlat, de que “Los valores humanistas nunca han sido elementos esenciales del funcionamiento de los sistemas y aparatos promovidos por los poderes públicos, ya sean imperios y reinos de derecho divino o democracias”. Y algo dirigido al corazón del pensamiento de la ultraderecha: “la lógica financiera parece estar, a su manera, en vías de emanciparse de la economía. Si las finanzas no son controladas, existe el riesgo de romper el frágil equilibrio de nuestras sociedades, ahondando la brecha entre ricos y pobres”, sin olvidar que la mayoría de la población se concentra en estos últimos.
Alain Chanlat y el homenajeado Eugène Enriquez, cómplices en su crítica al economicismo, y en la necesidad de edificar una propuesta poderosa y actual sobre el humanismo en la gestión. Sobre todo, considerando que la gestión convencional, hegemónica en el mundo de las organizaciones, ha penetrado no sólo las organizaciones económicas, sino también la vida cotidiana. Administrar el tiempo, las emociones o las relaciones se vuelve una exigencia permanente, revelando cómo la lógica instrumental del management se infiltra en los espacios más íntimos de la existencia. En esto hemos insistido en estas páginas de manera sistemática. La omnipresencia de la gestión, sin embargo, no se acompaña de una reflexión profunda sobre sus implicaciones éticas y humanas. Lo anterior se aprecia en la bronca con una IA descontrolada y sin márgenes de regulación acordados, lo que abre y/o profundiza un escenario distópico. Se ha trabajado en este campo, aún no es suficiente el esfuerzo realizado frente al desafío.
Solamente como provocación, en China, redefiniendo el concepto de modernización y los alcances y usos de la IA, hay algunas cosas que es pertinente destacar, pensando en los “Retos de las Organizaciones Latinoamericanas para el Desarrollo Sustentable en la Era de la Inteligencia Artificial”: China ha logrado avances significativos en la construcción de una civilización ecológica que prioriza el desarrollo sostenible. Una pequeña muestra: entre 2012 y 2022, la proporción de cuerpos de agua de calidad I-III aumentó un 23,3%, alcanzando el 84,9%; en 2021, el 87,5% de los días en China tuvieron buena calidad del aire; la proporción de carbón en el consumo de energía primaria se redujo del 68,5% al 56%, contribuyendo a una disminución del 34,4% en las emisiones de CO2 por unidad de PIB. Es una tarea a revisar rigurosamente, con preguntas sobre el peso de la participación de los ciudadanos y trabajadores en las decisiones y si la gestión continúa en los senderos tradicionales o hay senderos que se bifurcan, abriendo nuevas formas de gestión. La definición del Estado en China, con la gravitación del Partido Comunista en la toma de decisiones -sin que el capital ocupe un lugar central en esta tarea, lo que no significa que se vean afectadas las ganancias-, es todo un horizonte a recorrer. Creo que aparte de pensar en nuestra realidad subcontinental, será necesario mirar hacia otras latitudes.
A Jorge Alberto Rosas Castro, presidente de la Red Mexicana de Investigadores en Estudios Organizacionales, le deseamos todo el éxito en las tareas programadas del XXIII Congreso Internacional de Análisis y Estudios Organizacionales. Habrá materia prima para conversar sobre esto.
PS. No nos olvidemos de Palestina
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