Pasamos de la lucha de clases a la lucha de cables y de allí a la lucha de claves. La lucha por los cables. La lucha por las claves. No es imposible percibir esto.
El operativo del domingo 22 de febrero tuvo como antecedente la detección de cabecillas en plenas actividades. Se logró mediante delaciones y filtraciones en los núcleos más sensibles y próximos a ellos, sí, sin duda, y también gracias a aparatos y acciones de tipo cibernético. En esto el operativo del domingo se suma a otros ya históricos, como la ejecución de Osama Bin Laden en 2011 y la captura y extradición de Nicolás Maduro y esposa este mes de enero.
Según parece, Osama Bin Laden no tenía celular ni internet para no ser rastreado. Nadie en su casa usaba aparatos. Y el inmueble se habría vuelto sospechoso precisamente por ser el único en toda la ciudad (y seguramente en muchísimas ciudades) del que no salía ninguna señal. El exceso de protección terminó de identificar a Osama al distinguirlo. Desde luego, se “cruzaron” otras informaciones para que la identificación quedara confirmada.
Vemos entonces, en resumen, una alternancia de traiciones y de rastreos digitales, así como de tejido legal para que se declare “terroristas” a determinadas bandas. Y luego viene el trabajo de aire y tierra, muy concreto y muy en tiempo real y muy en espacio también real, allí donde cada segundo y cada metro cuentan y hacen la diferencia. El operativo de 2011 (Pakistán) y el de 2026 (Venezuela) se consumaron en alrededor de cuarenta minutos. Meses, años de análisis los precedieron. Igual sucedió este día 22.
Poseer las claves del enemigo se vuelve crucial. Las claves son desde luego las de sus programas de acción y navegación y las de sus actividades financieras y en general operativas y organizativas.
Hay, eso sí, otras claves: las de sus intenciones, sus propósitos, sus planes, sus eventuales ideologías (en Bin Laden la ideología era determinante).
La vida pública es de claves cibernéticas y de claves políticas, ideológicas y asimismo institucionales y de Estado.
En resumen: clave es una palabra clave. Si se conocen las claves cibernéticas del enemigo, se da un paso importantísimo hacia la victoria; si se infieren correctamente las claves que se desprenden de posibles acuerdos o desacuerdos, se da otro paso, tal vez más relevante. Los acuerdos visibles y los acuerdos secretos entre Hitler y Stalin en 1939 fueron claves para entender numerosas acciones durante más de dos años, por lo menos hasta la invasión nazi a la Unión Soviética. Stalin estaba feliz de que los países capitalistas se despedazaran entre sí. La felicidad se le acabó de golpe con la invasión: capitalistas habían armado a Hitler para que fuera un contrapeso decisivo frente al comunismo, no para que atacara otros países afines.
¿Cuáles serán los siguientes pasos tanto de los gobiernos de México y Estados Unidos como de los cabecillas? Expertos como Eduardo Guerrero, Samuel González, Óscar Balderas y Raúl Benítez Manaut son cautelosos acerca del futuro inmediato y del futuro mediato. Manejan escenarios. Aventuran hipótesis. Dibujan posibilidades y variantes, según se acerquen factores y fechas como el Mundial de futbol: la fifa, nos dice un experto, cuenta con un comisionado de seguridad que se encarga de que las ciudades sedes no presenten circunstancias extrañas. Y el “control de la plaza” jalisciense era –es– una circunstancia inquietante.
Y, en fin, toda conjetura sobre las decisiones en órdenes superiores equivale a la búsqueda de claves del más alto nivel.
Por otra parte, antes del operativo del 22 de febrero pensé en escribir sobre el cambio de titular en la Dirección General de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública. He aquí una clave de otro tipo, acaso más significativa a largo plazo: ¿qué les enseñamos a nuestros niños?, ¿cómo les enseñamos?, ¿cómo aprenden a aprender, si es que lo hacen?
Se trata de preguntas “clave” para las siguientes generaciones de México (pues el país sobrevivirá a esta época, y una responsabilidad hoy es construir instituciones sólidas y fortalecer las existentes, unas y otras autónomas dentro de los marcos jurídicos generales). El anterior titular de Materiales Educativos, Marx (Arriaga), se encerró en su oficina y con ello privatizó por unos días tanto el espacio físico como el espacio institucional; “privatizar” no es un verbo que le gustara a Marx (Carlos).
Nadia López García, egresada de Pedagogía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, tiene ante sí una oportunidad única, una oportunidad que quisieran tener alguna vez innumerables editoras y editores de altísima calidad en México. Nuestro país, sí, es muy fértil en editoriales públicas y privadas y en gente que conoce los muchos misterios y exigencias del oficio.
Los libros que emanen de la Dirección General serán evaluados por pares, y confío en que se superarán las críticas a las ediciones precedentes. La Universidad de la Nación está llamada, justo por su carácter nacional, a brindarles apoyo a todos los niveles educativos, tal y como lo quería Justo Sierra, su fundador. ¿Queremos una clave entre claves? Resulta estratégico un mayor vínculo entre la educación básica, la educación media y la educación superior. Hay, sí, acciones hacia dicha meta por parte de nuestra Universidad.
A corto, mediano y largo plazos, vale un axioma clave: mejor educación, mejor país. Con proyectos de largo alcance podremos abstraernos de los agobios aquí y ahora, variantes del “manoseo de la inmediación” sobre el cual habló Sor Juana a propósito de aspectos educativos.
¿Agobios del aquí y del ahora? Probablemente Jalisco llegará a un acuerdo como el que tal vez está alcanzando Venezuela: tras los operativos en Caracas y en Tapalpa, ¿todo mundo sabe a qué atenerse?
Por lo pronto, sigue la lucha por las claves de nuestro tiempo.

