En la Ciudad de México tenemos que estar alertas todo el tiempo. No hay día que pase sin la necesidad de emprender la defensa urgente de algún derecho. Desde el derecho a un parque a ser parque y no terreno para una Utopía, el derecho de la flor de cempasúchil a no sembrarse antes de tiempo porque es ofrenda de muertos y no decoración turística, el derecho a circular con libertad ya sea en auto, en Metro, autobús o a pie y el derecho a un medio ambiente sano hasta el derecho a la belleza... Hoy toca defender el derecho a la poesía.

No tengo nada en contra del cabaret. En casa crecí con la idea de que son espacios para la diversión, la música y la convivencia nocturna. Tampoco me opongo al tipo de cabaret que me hizo reír tanto en alguna época con Jesusa Rodríguez en su faceta cómica o con Fernando Luján como “Don Cucufato”. Pero la decisión de convertir, por decreto y sin consultas, a la Casa del Poeta Ramón López Velarde en la “Casa de las Palabras” y en “el primer cabaret público”, es un capricho que atenta contra la memoria cultural de la ciudad y contra el propio poeta que hizo de Álvaro Obregón 73 su morada, desde 1914 hasta 1921 cuando murió.

Ana Francis Mor, secretaria de Cultura de la Ciudad de México anunció su nuevo proyecto el jueves pasado sin imaginar la reacción inmediata de cientos de poetas de México y otros países y de gente vecina de la colonia Roma. Porque no solo cambiaba el nombre de la casa del autor de La suave Patria sino también la vocación con la que fue abierto al público el espacio hace 33 años.

En una carta a José Luis Martínez, titular de las celebraciones del centenario del poeta zacatecano, fechada el 9 de junio de 1988, José Emilio Pacheco insiste, como lo llevaba haciendo desde 1969, en el rescate del sitio, donde el zacatecano escribió algunos de sus mejores poemas, para convertirlo en Casa de Poesía López Velarde. Propone darle nueva vida con una fonoteca, talleres de poesía y crítica literaria, biblioteca de poesía mexicana, auditorio para lecturas, conferencias, mesas redondas y presentaciones y cafetería para contribuir al mantenimiento del lugar.

Qué vigente se lee su fragmento: “López Velarde merece esta conmemoración permanente. Lo merece también nuestra poesía, una de las pocas actividades que siempre han funcionado bien en México. Pensemos en lo que se gasta anualmente en preparar deportistas y en lo que se destina a los talleres de poesía en toda la República. No obstante, nuestra poética selección nacional jamás ha hecho ni hará el ridículo fuera de México”.

A 33 años de su apertura, la demanda se repite. La poeta Myriam Moscona detalla en redes cómo a la casa poco a poco la fueron asfixiando hasta darle el tiro de gracia. Las bibliotecas de Salvador Novo y de Efraín Huerta, que ahí se resguardan, deben protegerse, advierte. Ernesto Lumbreras, Tedi López Mills, Marco A. Campos, Pablo Sol, Claudia Solís-Ogarrio y muchos más han repudiado la decisión oficial. El Instituto Zacatecano de Cultura y el ayuntamiento de Jerez cuestionaron la falta de respeto al poeta y la centralización cultural de siempre. Más de 4 mil personas han firmado en Change.org contra la iniciativa y a favor de la recuperación, la permanencia del nombre y de la vocación original del espacio. Con la poesía en el centro.

Ayer Mor quiso conciliar. Que el nombre será: “Casa de las Palabras Ramón López Velarde”. ¿Por qué así? “para dejar atrás genéricos masculinos”, dice.

Las palabras de José Emilio Pacheco resuenan en el contexto del México violento de hoy: “La poesía no puede silenciar a los cuernos de chivo, pero logra darnos plena conciencia de estar vivos”.

adriana.neneka@gmail.com

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