Por medio año, Margarita Reyes (nombre ficticio por seguridad) entregó 20 mil pesos mensuales a La Familia Michoacana para que les dieran permiso de mantener abierta su cocina económica en Morelos. Cuando ya no pudo pagar, el grupo criminal asesinó a su esposo Felipe y lastimó a su hijo, por eso salieron de su estado natal para protegerse.
“La cuota mensual era para dejarnos trabajar y para protección… Ni pudimos trabajar ni nos protegieron, mataron a mi marido y mi hijo ya no puede caminar. A veces pienso, ¿cómo llegamos a este punto? ¿Por qué tenemos que irnos de nuestra casa si nosotros no tenemos la culpa? ¿Por qué hay que pagar al narco para que nos dejen vivir?”, cuestiona Margarita en entrevista con EL UNIVERSAL.
El negocio de la familia Reyes funcionó con normalidad por cinco años. Margarita estima que fue en 2022 cuando los grupos criminales profundizaron su presencia en Morelos y fue para 2023 cuando empezaron a extorsionar negocios en la colonia donde ella vivía.
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Los delincuentes no sólo pedían cobro de piso, buscaban espacios para distribución de estupefacientes, para trata de menores, para distribución de productos robados o apoderarse de negocios familiares que estaban aclientados y bien posicionados entre locales para entregarlos a otros miembros de su grupo o a sus familias.
“Cerraron ferreterías, cafeterías, tiendas, lavanderías, tintorerías y todo tipo de negocios. Recuerdo mucho que también se metían a hoteles chicos de la zona turística para hacer ahí sus negocios, porque yo vi que metieron chavitas o que iban a comprar marihuana o drogas.
Rosario era la encargada de cocinar, sus hijos de ser meseros y de repartir encargos en bicicleta, su esposo era el recepcionista, por eso fue quien mantuvo contacto directo con los extorsionadores.
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“Llegaron y le dijeron para quién trabajan, que tenía que pagar una cuota porque nos iban a matar o a quemar el negocio si no se daba el dinero pedido. Le dijeron que nos habían investigado, que teníamos mucho dinero, que si no pagábamos nos ateníamos a las consecuencias.
“Primero nos reíamos, pero nos aventaron una mano. Mi familia es grande, de Morelos igual, que han visto cómo cierran otros negocios, por eso mejor pagamos el dinero por seis meses. Después ya no pude y tardaron dos meses en que nos regresaron a rafaguear”, platica.
En la balacera fue asesinado el esposo de Margarita. Algunas balas alcanzaron a su hijo en el pulmón, lo que le provocó daños al sistema respiratorio y muscular, mismos que lo tienen en silla de ruedas.
Margarita llamó de inmediato a la fiscalía; afirma que, incluso, ya había denunciado la extorsión, pero se negaron a atenderla y, aunque ofreció dinero a los policías para que protegieran su negocio, ellos le dijeron que “estaba fuera de sus manos”.
“Morelos ya es tierra de nadie. Tuve que cerrar. Vengo con toda mi familia. Somos 10 personas que buscamos ayuda del gobierno, asilo en otro lado”, señala.