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investigadores del Centro de Física Aplicada y Tecnología Avanzada de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) aprovechan las propiedades del sargazo para la fabricación de paneles para la construcción y biofiltros.
La experta Miriam Estévez cuenta que junto a su equipo lleva más de 10 años trabajando con el sargazo realizando diferentes investigaciones a nivel de laboratorio.
“Desde la aplicación a gran escala hemos visto que [el sargazo] tiene muchos fitoquímicos, sustancias químicas que podemos utilizar con diversas aplicaciones, por ejemplo, fitoquímicos como carotenoides, específicamente fucoxantinas; tienen múltiples aplicaciones en el área médica, son anticancerígenos, entre otras cosas. También hemos utilizado sus extractos para hacer síntesis verde”, afirma la investigadora.
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Este equipo busca dar una solución real a las grandes cantidades de sargazo que llegan a las playas del Caribe, al trabajar en un material de construcción con diferentes propiedades, que sea fácilmente aplicado y que escale a las líneas de producción de paneles actuales, y crear filtros para la eliminación de contaminantes. Para ello requieren grandes cantidades de sargazo, mismas que son enviadas por el Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de Puerto Morelos, Quintana Roo, a Querétaro, donde llega el alga seca luego de ser recolectada en mar abierto.
Posteriormente pasa por un tratamiento para quitarle todos los contaminantes y evitar su descomposición, para que finalmente sea utilizada por los investigadores.
Aproximadamente han recibido tonelada y media de sargazo para los prototipos; en cada panel se utilizan al menos cinco kilos de sargazo seco, lo que equivaldría a 60 kilos de alga húmeda. Entre los beneficios que tienen los paneles destaca que, a diferencia de otros, en estos no se utiliza ningún tipo de aditivo, ya que está hecho de yeso, sargazo y fibras orgánicas. Además puede ser totalmente reciclable, ya que una vez que termina su ciclo de vida 60% del panel se puede triturar y reutilizar; también tiene un alta flexibilidad comparado con los paneles convencionales, es retardante al fuego y, afirman los especialistas, mantienen los espacios más frescos.
Por otra parte, se encuentran los biofiltros. Se trata de dos prototipos que contienen sargazo tratado, mismos que absorben diferentes contaminantes como colorantes, residuos de fármacos, metales pesados, herbicidas, sulfatos, fosfatos, grasas y aceites.
A diferencia de un filtro comercial, este producto sería más económico al ser un desecho convertido en “material filtrante”; además, este sistema se podría adaptar a otros métodos de filtración.
En 2023, la Secretaría de Marina recolectó 57 mil toneladas de sargazo y, aunque parece una cifra considerable, la mayor parte de esta alga no se puede recolectar y llega a las playas, donde se empieza a descomponer, lo que causa varios problemas, como mal olor y cambio de color del paisaje; provoca que corales y otras algas no consigan hacer la fotosíntesis al impedir el paso de la luz solar y al descomponerse, consume grandes cantidades de oxígeno, lo que provoca anoxia y, a su vez, emite gases tóxicos.
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Tanto el panel como el biofiltro aún no se encuentran a la venta, por lo que no esta definido el costo de estos productos.
Los científicos afirman que el panel es lo suficientemente competitivo frente a otros que ya se encuentran en el mercado, pues el proyecto siguió todas las normas ASTM para la construcción, pero, a diferencia de los producidos en masa, este es realizado de manera artesanal.
Aunque todo apunta a que sería un producto accesible, José Luis López Miranda, investigador de la UNAM, afirma que la regulación del sargazo está en proceso, por lo que no descarta que en un futuro recolectar esta alga tenga un costo.