El aseguramiento de máquinas tragamonedas por elementos de la Secretaría de Marina (Semar) registra un incremento de 427% al comparar el año 2024, que documentó 309 incautaciones, y 2025, con mil 629.
De acuerdo con estadísticas de la propia dependencia, siete estados de la República concentran los aseguramientos, tres de ellos se localizan en el norte del país: Sinaloa, Sonora y Baja California Sur.

De enero de 2024 a marzo de 2026 se han incautado 2 mil 147 máquinas sin permiso de la Secretaría de Gobernación (Segob); especialistas en seguridad y sociólogos consideran que estos juegos forman parte la cadena de negocios del crimen, cuyo objetivo es provocar ludopatía o adicción al juego.
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Además, las organizaciones delincuenciales obtienen recursos de una forma sencilla y por cada máquina recaudan alrededor de un millón de pesos anuales.
Estadísticas de la Marina, a las que tuvo acceso EL UNIVERSAL, refieren que en 2024 se incautaron 309 máquinas de azar; en 2025 fueron mil 629, y de enero a marzo de este año, 209.
De 2024 a marzo, en Sinaloa se incautaron mil 268 máquinas; en Michoacán, 278; Nayarit, 258; Sonora, 187; Veracruz, 101; Baja California Sur, 48 y Colima, siete.

Trabajadores de establecimientos, quienes solicitaron el anonimato por temor a represalias, señalan a El Gran Diario de México que cada maquinita de juego acumula diariamente casi 3 mil pesos.
Abundan que integrantes del cártel de Los Templarios, Los Blancos de Troya y de la Virgen de Acahuato, estos dos últimos forman parte del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), tienen este tipo de negocios en Michoacán.
“Cada grupo tiene su zona, porque es su negocio. Cuentan con personas encargadas de proveer las maquinitas a las tienditas, es un sistema muy bien planeado”, dicen los locatarios.
Agregan que, a pesar de los decomisos, los delincuentes reponen las máquinas tragamonedas por nuevas, provenientes de China, que arriban al puerto Lázaro Cárdenas.
“Las maquinitas es un gran negocio porque niños, jóvenes, señoras, pasan horas jugando. Todos los días, los delincuentes van a cada establecimiento para llevarse el dinero y tienen zonas establecidas, no todo mundo puede contar con las máquinas, debe existir una cierta distancia”, explican.

El 11 de marzo de este año, en dos eventos, los navales aseguraron 130 máquinas, de estas, 93 fueron localizadas durante la ejecución de órdenes de cateo en 13 domicilios del municipio Lázaro Cárdenas, Michoacán.
En el segundo evento, localizaron 37 máquinas que operaban de manera irregular en los municipios de Rosamorada, Tuxpan y Santiago Ixcuintla, Nayarit.
Estos juegos de azar eran presuntamente utilizados sin la regulación correspondiente y fueron puestos a disposición de las autoridades para integrar la carpeta de investigación. Igualmente, del 29 de enero al 5 de febrero de este año fueron aseguradas 39 máquinas tragamonedas conocidas como habichuelas, en los municipios de Bahía de Banderas, Jala, Ixtlán del Río y Compostela, Nayarit.
Las máquinas tragamonedas no contaban con permisos correspondientes para su operación y fueron puestas a disposición de las autoridades para abrir la carpeta de investigación sin que se sepa hasta el momento si hay avances o no.
Rubén Ortega Montes, especialista en temas de seguridad, procuración y administración de justicia, dice que estas máquinas funcionan como el cobro de piso en pequeños comercios, donde el crimen organizado deja este tipo de instrumentos que promueven la ludopatía a niños, adolescentes o adultos.
Enfatiza que las células delincuenciales obtienen recursos de forma sencilla, “aparte de jugar, los jóvenes también compran cigarros o vapeadores, productos manejados por delincuentes”.
Felipe Gaytán Alcalá, investigador de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de La Salle, explica que las máquinas de azar juegan con un mecanismo que se conoce como incentivos.
“Los seres humanos tenemos un principio básico, buscamos la máxima gratificación al menor costo en cualquier cosa. Por ejemplo, la persona inserta una moneda y quizás reciba 10 más, generando una expectativa.
“Entonces, se juega con esta parte sicológica de recompensar jugando con lo menos y ganando más. El individuo piensa ¿quién me va a dar dinero sin trabajar? Cuando uno empieza a jugar, puede que gane una o dos veces, pero es aparentemente, ejemplo, insertas diez monedas y puede ser que ganes dos monedas a cambio, pero ya perdiste ocho”, subraya el doctor en Sociología.
Gaytán Alcalá comenta que posiblemente la persona pueda desarrollar una ludopatía, es decir, que dependa del juego y va a seguir apostando para obtener lo que invirtió,
“Hay individuos que llegan a ganar dinero y quieren seguir jugando porque piensan que van a seguir ganando más”, concluye.
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