Cuernavaca.— El pasado 14 de julio, a las 12:50 horas, el exdirector de Petróleos Mexicanos (Pemex), Víctor Rodríguez Padilla, cruzó la barrera del penal de Atlacholoaya, subió a una camioneta y abandonó el lugar tras ocho días de prisión preventiva justificada por los delitos de violencia familiar y vicaria.

De ese centro penitenciario salió con una vinculación a proceso y únicamente por el delito de violencia familiar, porque la jueza especializada de Control Adriana Correa desestimó la violencia vicaria a falta de elementos.

Rodríguez Padilla seguirá su proceso en libertad y deberá acudir cada mes a la Unidad de Medidas Cautelares, en caso contrario, un juez podría revocar la libertad condicional.

Esa circunstancia legal, junto con la demostración de un domicilio en la Ciudad de México, ayudaron al exfuncionario federal para sustituir la medida cautelar de prisión preventiva por arraigo domiciliario, bajo algunas condiciones para evitar poner en riesgo a su esposa y su menor hijo que presenció el ataque violento perpetrado hacia su madre, en marzo pasado, en una casa del fraccionamiento Paraíso Country Club, del municipio Emiliano Zapata.

A su salida del penal, el exdirector de Pemex dejó atrás el aspecto humilde, sumiso y sollozante que exhibió en la audiencia de revisión de medida cautelar, y recuperó el porte arrogante al caminar hacia la camioneta, vestido con el uniforme de interno y una bolsa de plástico con sus pertenencias.

En el trayecto enfrentó un mar de preguntas, pero no se detuvo, sólo dibujó una sonrisa de victoria.

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