Miami.— El Escudo de las Américas es una plataforma política y militar para coordinar desde Estados Unidos a gobiernos aliados de América Latina, con el argumento de combatir cárteles, frenar la migración y contener influencias externas, pero es limitado al faltar países importantes para enfrentar al narco, como Colombia, México y Brasil, indican expertos.
La Casa Blanca publicó una proclamación donde afirma que el secretario de Guerra, Pete Hegseth, estableció una “coalición anticártel de las Américas” con representantes militares de 17 países aliados del hemisferio, lista para “operar a través de un poder duro”, entrenar y movilizar fuerzas de países socios.
El mandatario Donald Trump instó el sábado a los líderes regionales reunidos en su club de golf en el área de Miami a emprender acciones militares contra los cárteles del narcotráfico y las pandillas transnacionales que, afirmó, representan una “amenaza inaceptable” para la seguridad nacional del hemisferio.

“Esto ya no es una simple cumbre, se trató de un esquema de seguridad regional dirigido desde Washington”, señala a este medio el especialista en seguridad, Jaime Ortiz.
Entre los líderes presentes se encontraban los presidentes de Argentina, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay y Trinidad y Tobago, representantes de Bolivia y Chile. Lo que busca Washington es el modelo más visible de lo que hoy es Ecuador. El Comando Sur anunció que el 3 de marzo fuerzas ecuatorianas y estadounidenses lanzaron operaciones contra organizaciones designadas como terroristas dentro de territorio ecuatoriano. Medios han reportado que ya hay operaciones militares conjuntas, aunque ni Washington ni Quito han detallado su alcance.
“Muchos de los cárteles han desarrollado habilidades militares muy sofisticadas y muchas veces son más poderosos que algunas fuerzas militares y no podemos aceptar eso”, aseguró Trump, al tiempo que ofreció a los asistentes “misiles de precisión” para acabar con estos grupos.
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“En ese marco sí encajaría la mención deTrump respecto al uso de misiles, no necesariamente como una campaña abierta de bombardeo sobre toda una región, pero sí como la oferta de apoyo selectivo contra blancos narcoterroristas concretos en países que den su autorización”, describe Ortiz.
Sin embargo, “no es, por ahora, un verdadero escudo hemisférico contra las drogas, porque está dejando fuera a México, Colombia y Brasil, que son demasiado importantes para cualquier estrategia seria sobre producción, tránsito y lavado de drogas”, asegura el especialista. “Podría llegar bastante lejos, pero no de la forma simple como la ve Trump”, dice Ortiz. Trump se quejó de que México es el “epicentro de la violencia de los cárteles”, donde los capos de la droga “orquestan gran parte del derramamiento de sangre y el caos en este hemisferio”. “Los cárteles controlan México”, afirmó Trump. “No podemos permitir eso. Demasiado cerca de nosotros. Demasiado cerca de ustedes”.
La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha reafirmado su rechazo a la presencia militar de EU y reiteró que, además de la cooperación bilateral, Estados Unidos puede contribuir de forma decisiva a reducir la violencia si combate el tráfico de armas hacia México.
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Christopher Sabatini, investigador sénior para el Programa de América Latina, Estados Unidos y América del Norte, destaca en un artículo en Chatham House las ausencias de México, Colombia y Brasil: “estos tres países representan más de la mitad del PIB de la región. Y albergan gran parte de los mercados ilícitos de la región, incluyendo la producción y el tráfico de narcóticos, los supuestos objetivos de la cumbre”. Añade que “su ausencia es una falla fundamental. Cualquier alianza militar hemisférica significativa que pudiera aspirar a abordar los nobles objetivos del Escudo debería incluir a estos países”.
Afirma que, “según indican los datos, Colombia y México son las principales fuentes de narcóticos que ingresan a Estados Unidos. Y Brasil alberga a uno de los grupos criminales más grandes de la región: el Primeiro Comando da Capital (Brasil)”. Sobre México, el analista político Hernán Molina dice que Sheinbaum “jamás admitiría que está recibiendo ayuda de Estados Unidos porque ella quiere mantener una impronta de que en México las cosas están bajo el control de ella, que ella no necesita ayuda de EU”.
Mientras, Francis Donovan, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, ha sostenido que los aliados deben actuar juntos, compartir la carga y asumir que la seguridad mutua está en juego. Agregó que la orientación estratégica es operar “por, con y a través” de las naciones socias, y remató con: cuando sea necesario, EU no dudará en actuar.
Traducido a terreno, “eso significa que la coalición fue pensada como una plataforma para operaciones dentro de países asociados, no como un simple foro de intercambio de información; como el que se llevó a cabo en Florida”, subraya Ortiz. “La coalición se apoya en un diagnóstico oficial previo que presenta a la región como un espacio de amenaza integrada y no como una suma de crisis separadas; y ese informe viene desde 2025”, subraya Ortiz.
Sabatini menciona que “el breve anuncio oficial, de cuatro puntos, no presenta compromisos a largo plazo para compartir la carga. No hay promesas de abordar las causas profundas de la inseguridad y la delincuencia: la pobreza, los Estados débiles y la corrupción. Y, quizás lo más importante, no se han asignado fondos para reforzar la cooperación en seguridad a través de instituciones regionales que puedan compartir inteligencia, realizar maniobras conjuntas e interceptar el tráfico de drogas y los flujos financieros relacionados”. Añade que “es un error creer que una cumbre entre líderes que sólo comparten ideas afines puede establecer una base significativa para principios compartidos y cooperación a largo plazo en cuestiones de seguridad y narcóticos”. E indica que “con la cumbre de Doral del pasado fin de semana, el presidente Trump ha lanzado una agrupación que bien puede resultar tan insustancial como partidista”.
¿Es legal? Sólo en escenarios muy acotados. Si el Estado donde está el objetivo consiente la operación, el problema principal deja de ser la soberanía de ese país y pasa a ser un análisis del derecho interno de esa nación, la cadena de mando y los límites de derechos humanos. Pero si no hay consentimiento, el punto de partida del derecho internacional es el contrario: una Carta de la ONU dice que los Estados deben abstenerse de la amenaza o uso de la fuerza contra la integridad territorial o independencia política de otro Estado y el artículo 51 sólo reconoce legítima defensa si ocurre un ataque armado.
En el plano interno de Estados Unidos, la Resolución de Potencias de Guerra dice que el presidente sólo puede introducir tropas en hostilidades con declaración de guerra, autorización específica o una emergencia creada por un ataque contra Estados Unidos o sus territorios.
“El Escudo de las Américas no es una idea aislada del presidente, sino la prolongación regional de un enfoque federal más amplio, donde la seguridad fronteriza, el terrorismo, el crimen organizado y la protección de infraestructura ya están mezclados en una misma matriz de seguridad nacional”, declara Ortiz.
Mientras, “China especialmente se ha ocupado de meterse en Latinoamérica para tener la influencia y contrarrestar a EU”, dice Molina. Trump no mencionó la insistencia de su gestión en que contrarrestar la influencia china en el hemisferio es una prioridad máxima, pero en proclamación de la Casa Blanca se menciona que “EU y sus aliados deben mantener a raya las amenazas externas, incluidas las influencias extranjeras malignas procedentes de fuera del hemisferio occidental”.
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