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Washington.— La fiesta del Día de la Independencia que se organizó Donald Trump siguiendo sus deseos fue una oda al ejército y el patriotismo exorbitante, un militarismo totalmente nuevo en una fiesta del 4 de Julio tradicionalmente de carácter civil y apolitizada.
“El futuro de Estados Unidos recae en los hombros de las fuerzas armadas dispuestas a defendernos”, dijo el mandatario en un discurso frente al histórico e icónico monumento a Lincoln. Aunque no pudo tener el desfile militar a la francesa que deseaba, pudo desplegar varios aviones de guerra que sobrevolaron un cielo de Washington que, tormentoso, estuvo a punto de aguarle la fiesta.
El acto fue tosco, aburrido. En su particular Saludo a Estados Unidos se dedicó a hacer un repaso y alabar todas las ramas de las fuerzas armadas, prometió regresar a la luna y “plantar” la bandera de Estados Unidos en Marte cuanto antes, e hizo un llamado para que los jóvenes se alisten al ejército.
Lo que más abundaron fueron las arengas patrióticas, respondidas con grandes aplausos y vítores por una masa que parecía salir de cualquiera de sus mitines electorales. “Mientras nos mantengamos fieles a nuestra causa, mientras recordemos nuestra gran historia, y mientras no dejemos de luchar por un futuro mejor, no habrá nada que Estados Unidos no pueda hacer”, dijo. “Nuestra nación es más fuerte que nunca”, aseguró Trump. “No olvidemos nunca que somos estadounidenses y el futuro nos pertenece”, sentenció.
Miles de seguidores del presidente —no hubo cifra oficial de asistentes— colonizaron la capital de Estados Unidos. Muchos llegaron con la única intención de ver los tanques traídos para la ocasión, como Josh, un adolescente de Carolina del Sur ataviado con una camiseta con un collage de caras de Trump.
“Estamos aquí para dar apoyo al presidente en su trabajo para que EU vuelva a ser grande de nuevo”, dijo a EL UNIVERSAL, antes de buscar el lugar óptimo para poder seguir el discurso.
A unos 700 metros del memorial, a los pies del obelisco dedicado al primer presidente del país, George Washington, activistas anti-Trump desplegaron el famoso globo que caracteriza a Trump como un bebé en pañales, acompañado de una figura del mandatario sentado en un retrete mientras se oían algunas de sus frases más famosas (“soy un genio estable, fake news”) entre flatulencias.
Hubo más protestas en la ciudad: la más caótica, el intento de quema de una bandera de Estados Unidos delante de la Casa Blanca por parte de grupos comunistas, algo que enojó a miembros de la ultraderecha. El incidente terminó con dos detenidos.
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