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La tensión entre demócratas, republicanos y el presidente Donald Trump sigue escalando y las consecuencias pueden ser nefastas.
Ante un final de año que se prevé extremadamente delicado para Estados Unidos, los dos bandos políticos están más separados que nunca y en un pleito que demuestra cuán dividido está el país y lo pone al borde del precipicio en cuanto al gobierno federal se trata.
Esta vez el detonante fue un tuit del presidente, dejando en evidencia por enésima ocasión que lo que expresa Trump a través de las redes sociales tiene consecuencias reales.
Ayer por la tarde estaba previsto un encuentro entre el magnate y los líderes de ambos partidos para debatir el presupuesto del gobierno federal hasta fin de año y, entre otros aspectos, el pasaje de una ley para proteger de la deportación a decenas de miles de jóvenes indocumentados (los denominados dreamers).
Trump, en un tuit matinal, no estuvo por la labor de poner las cosas fáciles para el acuerdo, acusando a los líderes demócratas Chuck Schumer (Senado) y Nancy Pelosi (Cámara de Representantes) de “débiles”, de querer que los “inmigrantes ilegales inunden el país” y “subir impuestos”. “No veo un acuerdo”, escribió.
Ante la presumible falta de entendimiento, los demócratas cancelaron su presencia en la Casa Blanca y plantaron al presidente sin la asistencia a su “espectáculo”. Schumer lo instó a “dejar de tuitear” y “empezar a liderar” para un acuerdo bipartidista.
En ese sentido, ambos pidieron a sus colegas republicanos quedarse trabajando y debatiendo en el Capitolio. No tuvieron éxito: Trump y los republicanos siguieron con el programa previsto y escenificaron la división dejando dos sillas vacías en la reunión en la Casa Blanca.
“No estoy sorprendido [de que no acudieron]. Tenemos muchas diferencias”, dijo el presidente, criticando de nuevo la “debilidad” de los demócratas en aspectos de migración y seguridad, vitales para su administración.
“Son débiles ante el crimen, son débiles ante la inmigración ilegal, quieren que la gente ilegal atraviese nuestra frontera”, sostuvo Trump.
Los líderes republicanos en el Congreso, Mitch McConnell (Senado) y Paul Ryan (Cámara de Representantes), sí asistieron a la Casa Blanca, arropando al presidente. “No creo que sea apropiado rechazar la invitación del presidente”, dijo McConnell, asegurando que nunca había rechazado una invitación parecida del presidente Barack Obama. Mintió: no asistió a una cena en 2010.
El resurgimiento de la pelea es una mala noticia para el gobierno federal, que se dirige hacia la falta de financiamiento y el cese de actividades si no se llega a un acuerdo en los próximos nueve días. “Si eso sucede, culparé absolutamente a los demócratas”, amenazó Trump.
De ocurrir, sería la primera vez que el gobierno federal se quede sin fondos con un partido dominando el Capitolio y la Casa Blanca.
Tampoco es buen augurio para los dreamers. Los demócratas llevan tiempo vinculando su apoyo presupuestario a una ley de protección de los soñadores, quienes viven con el tiempo en su contra luego de que Trump anunciara la cancelación del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés) que evita su deportación.
“Necesitamos un presidente que quiera solucionar este problema que él mismo creó”, criticó el senador demócrata Dick Durbin, uno de los más firmes defensores de una ley de protección a los beneficiarios del DACA.
Fuera de la Casa Blanca y el Capitolio, unas docenas de dreamers se manifestaron para reclamar la necesidad de una ley para arreglar su situación de manera urgente, ante el horizonte de que el 5 de marzo del próximo año se finiquite el DACA.
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