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Caracas.— Rebelión. Violencia. Denuncias de una intentona golpista. Miles de personas en las calles. Heridos y detenidos. División. Declaraciones triunfales de uno y otro lado. Y al final, una sensación de incertidumbre y de que, en Venezuela, las cosas se mantienen como estaban...
Siendo apenas la madrugada, el proclamado presidente interino, Juan Guaidó, anunció la “fase definitiva” de la Operación Libertad para poner fin al régimen del “usurpador”, como llama al cuestionado presidente Nicolás Maduro. No iba solo. Estaba arropado por militares que decidieron rebelarse y por el líder opositor Leopoldo López, quien poco antes había sido liberado —por el mismo ejército, según dijo— del arresto domiciliario en que se encontraba desde 2017.
La sorpresa dio paso a la acción. Desde la base aérea La Carlota, en la capital, Guaidó convocó a los venezolanos a salir a las calles.
El gobierno de Maduro, cuya reelección, el año pasado, fue denunciada como fraudulenta por la oposición y parte de la comunidad internacional, denunció lo que llamó una intentona golpista. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino, se apresuró a reafirmar la lealtad de las fuerzas armadas con Maduro, mientras que el número dos del chavismo, Diosdado Cabello, denunciaba lo que llamaba un levantamiento de “una pequeñísima fracción de la fuerza armada”, reconociendo que también estaba implicado parte del Sebin, el servicio de inteligencia bajo cuya custodia estaba López, condenado en septiembre de 2015 por “instigar” protestas que terminaron con varios muertos en 2014.
Luego vino el tuit de Maduro, su única manifestación durante más de 12 horas: “¡Nervios de acero!”, dijo, para luego señalar que las fuerzas armadas “me han manifestado su total lealtad al pueblo, a la Constitución y a la patria. Llamo a la máxima movilización popular para asegurar la victoria de la paz. ¡Venceremos!”.
Desde una autopista de Caracas, Guaidó insistía: “La familia militar de una vez dio el paso... Comenzó el cese de la usurpación. A todos los hermanos de la fuerza armada, este es el momento”, dijo. Después se dirigió a una plaza en el este de la capital.
López desapareció de la escena y no se le volvió a ver hasta que se anunció que junto con su esposa y una hija se encontraba en la embajada de Chile, en calidad de “huésped”. Por la noche se anunciaría que por decisión personal se trasladó a la embajada de España.
Guaidó seguía tuiteando. “El cese de la usurpación es irreversible”. Sin embargo, desapareció también de la escena. En su lugar, miles de venezolanos tomaban las calles y se enfrentaban a las fuerzas del gobierno. El saldo, hasta anoche, era de un muerto y 69 heridos, aunque algunos medios hablaban de un centenar. En su mayoría, por balas de perdigón, aunque una tanqueta arrolló a un manifestante. Hubo decenas de detenidos.
“¿Qué más podemos perder? ¡Ya nos quitaron todo! ¿Qué más queda? Es ahora o es nunca, no podemos acostumbrarnos a esto”, decía un manifestante al diario venezolano El Nacional. “Estoy aquí por la libertad. Quiero una mejor Venezuela, donde pueda tener un sueldo digno”, dijo al rotativo Patricia Petit.
La desaparición de los líderes de la revuelta desató las declaraciones triunfales del oficialismo: “Huyendo a embajadas, escondidos, nadie da la cara, sólo el imperialismo [Estados Unidos] sale buscando excusas ¡Nosotros venceremos!”, tuiteó Cabello. El embajador venezolano en Naciones Unidas, Samuel Moncada, anunció entonces que el golpe, que describió como “muy torpe”, se había “desinflado”. Fue “aplastado”, afirmaba el régimen.
Sin embargo, la pregunta generalizada era: ¿Dónde están Maduro y Guaidó? El primero en reaparecer, en un video difundido en sus redes sociales, fue Guaidó, quien advirtió que lo ocurrido ayer es “sólo el principio” y llamó a “toda Venezuela” a continuar hoy con las movilizaciones masivas.
Acto seguido, apareció Maduro en una transmisión en vivo, también a través de las redes sociales. Aseguró que hubo un intento de golpe, del que responsabilizó a Colombia, al imperio (Estados Unidos). Acusó a la oposición de responder con balas a las bombas lacrimógenas del gobierno. Anunció investigaciones. Rechazó que haya querido huir a Cuba, como informó Estados Unidos. Anunció un nuevo director del Sebin, después de que su director, Christopher Figuera, llamara en una carta a los venezolanos a “reconstruir el país”. Venezuela está “mayoritariamente en paz”, enfatizó, antes de convocar a la gente a defender su gobierno hoy en las calles. Y advirtió que lo que ocurrió “no quedará en la impunidad”.
Una amenaza, ya entrada la noche. Una rebelión diluida. Y mientras tanto, el pueblo hundido en la incertidumbre.
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