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Madrid.— El parlamento español vota hoy una moción de censura contra Mariano Rajoy que, si se cumplen las previsiones, convertirá en el nuevo presidente a Pedro Sánchez, del Partido Socialista (PSOE).
Sánchez presentó el viernes pasado la moción contra Rajoy en un clima de indignación social por las nuevas sentencias judiciales que situaban al gobernante Partido Popular (PP) en el eje de una maquinaria de corrupción, con cobros de comisiones sistemáticas por parte de empresarios que aspiraban a ganar contratos públicos.
Las negociaciones de la moción no empezaron de forma firme para la oposición, y hasta mediados de esta semana parecía que Sánchez no lograría la mayoría de 176 diputados necesarios para ser nuevo presidente y se quedaría con los 175 que sumaban su partido, la izquierda de Podemos y los nacionalistas catalanes.
La sorpresa en el debate parlamentario de este jueves fue que el Partido Nacionalista Vasco (PNV) anunció que por “responsabilidad” y ética” apoyaría con sus cinco diputados la moción contra Rajoy. El PNV había votado la semana pasada junto al PP unos presupuestos nacionales que favorecen a los vascos con grandes inversiones, y se daba por descontado que volverían a alinearse con Rajoy.
Sin embargo, Sánchez anunció ayer en su discurso para optar a la presidencia que respetaría esos presupuestos acordados por el PP y el PNV. Pocas horas después, los nacionalistas anunciaron su voto a favor de Sánchez.
Si todos los grupos cumplen hoy con lo prometido en el Congreso de los diputados, el PP sólo se quedaría con el apoyo de Ciudadanos. El partido liberal, que tenía la regeneración democrática como uno de los puntos estrella de su programa, ha criticado los casos de corrupción, pero no ha querido molestar al votante de derechas favoreciendo la caída del PP y la creación de un nuevo gobierno que apoyaría a los independentistas catalanes.
En su discurso, Sánchez se comprometió a “restablecer las relaciones de diálogo entre el gobierno” y el nuevo gobierno catalán, dentro de los límites de la Constitución y sin abordar el tema de la independencia.
El líder socialista se mostró muy serio todo el debate, consciente de la dificultad de gestionar el “gobierno Frankestein”, como ha denominado despectivamente al PP el conjunto de partidos de diversa ideología con intereses contrapuestos que sostendría al PSOE en el poder. Sánchez dijo a Rajoy que el PP podría salvar el gobierno si su líder asumía responsabilidades por la corrupción y dejaba su puesto. “Dimita y podrá salir de la presidencia por decisión propia”, repitió en numerosas ocasiones.
Rajoy se negó y, cuando trascendió la noticia de que el PNV le retiraría su apoyo, desapareció del debate aprovechando la pausa de la comida. Sólo dos de sus ministros lo resistieron entero en el banco del gobierno y ninguno de sus portavoces volvió a dar réplica en el debate. A última hora de la noche se supo que Rajoy pasó siete horas en un restaurante del centro de Madrid con sus colaboradores mientras se debatía su remoción.
La perspectiva que se le abre al PP es complicada. Su posición durante la legislatura ha sido muy débil y sólo ha logrado aprobar cinco elecciones, enfrentándose además a la crisis independentista de Cataluña. Una encuesta publicada ayer por el diario El Confidencial colocaba al partido en cuarta posición en unas eventuales elecciones, por detrás de Ciudadnos, el PSOE y Podemos.
La situación de Sánchez no es mucho más cómoda. Si gana hoy la moción y es el nuevo presidente de España, deberá gobernar con 84 diputados y continuos pactos. Tendrá que respetar los presupuestos aprobados por el PP y recibirá continuas críticas por haberse asociado a los independentistas y presiones para que convoque elecciones de inmediato.
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