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Washington.— El proceso de impeachment contra Donald Trump va para adelante y será difícil frenarlo, aunque el presidente estadounidense lo considere una “broma”, una “farsa” y la continuación de una “caza de brujas”.
Trump se ha convertido en el cuarto presidente que enfrenta el proceso de destitución en la historia de Estados Unidos y ayer confirmó que, por mucho que trate de diluir el escándalo, poco puede hacer para frenar un proceso que ha puesto al país patas arriba.
Había dudas sobre si la llamada con el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, la que desató el caos, era realmente tan dañina. Cuando ayer se publicaron las anotaciones de la plática, cinco páginas difundidas por la Casa Blanca en aras de la “transparencia”, se comprobó que sí, que Trump presionó a su homólogo para conseguir trapos sucios que afectaran al exvicepresidente Joe Biden, favorito para contender con el mandatario en las elecciones de 2020.
En un momento del diálogo, después de hablar de cooperación en defensa y la ayuda estadounidense, Trump pidió “un favor” al ucraniano. “Se habla mucho del hijo de [Joe] Biden, que Biden paró la investigación y mucha gente quiere saber sobre eso, así que cualquier cosa que puedas hacer con el fiscal general [de EU] será perfecto”, dijo Trump a su homólogo, dejando poca duda de que estaba buscando información dañina de uno de sus rivales políticos.
No queda explícito que Trump pidiera ese “favor” a cambio de descongelar unos fondos de asistencia militar. “Es una broma. ¿Impeachment por esto?”, cuestionó desde la sede de Naciones Unidas, en Nueva York, donde ayer sostuvo una reunión con Zelensky al margen de la Asamblea General.
“Creo que lo han leído todo. Lo siento, pero no quiero involucrarme en elecciones abiertas y democráticas en EU. Nadie me empujó”, se defendió el europeo. Rápidamente Trump saltó al ruedo: “En otras palabras, no presión”.
Así, el republicano dejó claro que su “perfecta llamada” y que las pesquisas que anunció el martes la presidenta de la Cámara Baja, Nancy Pelosi, con fines de impeachment, son parte de la continuación de la “caza de brujas” que, dice, se inició con el Rusiagate. “No amenacé a nadie. No empujé, no presioné, no nada. Es todo una gran farsa”, sentenció Trump.
Sin embargo, funcionarios ucranianos confesaron a la cadena ABC que entendieron que la plática sobre la investigación de posible corrupción de los Biden era una “condición” para cualquier llamada con Trump. Además, la justificación de que frenó el desembolso de 391 millones de dólares en ayuda militar por dudas sobre la corrupción en Ucrania (y no como arma para el chantaje) se vino abajo por un memorándum del Pentágono obtenido por la radio pública NPR que certificaba los esfuerzos contra la corrupción de ese país europeo.
Los demócratas están convencidos de que tienen la mano ganadora en esta partida. “La publicación de las notas de la llamada de la Casa Blanca confirma que el presidente se enfrascó en un comportamiento que socava la integridad de nuestras elecciones, la dignidad de la oficina que ostenta y nuestra seguridad nacional”, dijo Pelosi.
El conteo de congresistas a favor del impeachment superó los 218 de la mayoría simple de la Cámara Baja, que ayer por la tarde aprobó por casi por unanimidad una resolución para exigir que la queja interna de un informante sobre la llamada se haga pública. Varios congresistas pudieron consultar y leer dicha queja. “Las alegaciones son profundamente preocupantes y las encuentro muy creíbles”, dijo el congresista Adam Schiff, presidente del Comité de Inteligencia. “Tras leerla estoy más preocupado”, expresó el líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer.
Los republicanos cerraron filas con Trump y el Departamento de Justicia informó que, tras revisar la queja interna, no halló ninguna “violación” de la financiación de campaña ni “nada de valor”.
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