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San José.— Bajo los desechos del edificio Don Luis, en la populosa localidad de Maipú de Santiago de Chile, quedaron vajillas, muebles, ropa, juguetes, electrodomésticos y gran cantidad de bienes materiales del matrimonio de los chilenos Jénnifer Vega y Fabián Alarcón, tras el derrumbe de la estructura en menos de 10 minutos por el terremoto en ese país del 27 de febrero de 2010.
“Allá quedaron fotografías y videos del nacimiento y cumpleaños de Celeste y de la boda. Nos quedamos sin recuerdos: fue como borrar una vida pasada”, evoca Vega. “Pero rescatamos a Celeste, nuestra bebé de dos años”, dice a EL UNIVERSAL.
Numerosas pertenencias se perdieron ahí arremolinadas en los escombros de un inmueble de cuatro pisos que cayó por el temblor.
“No teníamos ni un biberón para la leche de Celeste. Vivíamos de la solidaridad de los amigos y la familia”, relata.
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“Cuando el edificio cayó, llegó la policía e impidió el ingreso al local, por riesgo de desplome. No teníamos nada. Perdimos casi todo: lo único que rescatamos fue ropa de la niña, teléfonos celulares, billeteras e identificaciones. Nos metimos al apartamento casi como delincuentes”, recuerda Vega, periodista ahora de 37 años y ya separada de Alarcón. Celeste tiene 11. El 27 sería especial: los tres se irían de vacaciones a partir del día (…) del sismo.
“Planeábamos irnos por primera vez a la playa por 10 días con Celeste. Como buenos padres primerizos, compramos alimentos y víveres. Como recién casados teníamos equipo nuevo en apartamento nuevo”, rememora. Emocionada, describe: “Nos acostamos. Maletas, todo listo. Vivíamos en el segundo piso. Celeste dormía en el cuarto de al lado en su cuna. De repente empezó a temblar”.
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“Fabián se levantó muy rápido, tomó en brazos a la niña y se quedó en el marco de una puerta. Me dijo: ‘Jénnifer, levántate’. ‘No, esto va a pasar’, contesté. ‘Jénnifer, levántate’, insistió. Le contesté lo mismo, pero [el temblor] siguió más fuerte”.
Con su hija en brazos, Alarcón caminó hacia la puerta principal y la abrió, por temor de que se trabara. “Yo seguí acostada, porque dije: ‘¡Esto va a pasar, qué alharaca!’ De pronto, empezó un remezón tan fuerte que el armario se abrió y cayeron los cajones en la cama. Y me levanté, en pijama y pantuflas, él solo con pijama, descalzo y nuestra bebita de dos años con su pijama y nada más. Así bajamos.
“¡Fue tan rápido! Bajamos por las escaleras y nos caímos en los peldaños. Y todo sin electricidad”.
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Los tres salieron a la calle. Alarcón regresó de inmediato al edificio a sacar ropa de Celeste.
“Se fue al estacionamiento y sacó el automóvil. Segundos después, el edificio se desplomó. Fabián quedó con secuelas. Duerme mal. No puede sacarse esas imágenes de la cabeza. Tiene marcas de las heridas en los pies con escombros y vidrios que se enterró”.
Y finaliza: “Empezamos de cero. Ahora lo contamos como anécdota, pero algo bien triste porque se borra todo. Estamos bien. Vivo en otra comuna con mi hija. Me separé. Celeste no se acuerda de nada”.
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