Cuando Barack Obama y Dmitri Medvedev, entonces presidentes de Estados Unidos y de Rusia, firmaron el acuerdo New Start, o Start III, en 2010, Obama dijo que gracias a ese pacto Estados Unidos y el mundo serían “más seguros” y estarían “más protegidos”.
Advirtió que “la proliferación de armas nucleares a más Estados supone un riesgo inaceptable para la seguridad mundial, ya que aumenta el espectro de una carrera armamentística desde Medio Oriente hasta Asia Oriental”.
En 2023, Rusia suspendió su aplicación. Pero aun así, los estudios mostraron que ambas partes siguieron adhiriéndose a los límites marcados por el tratado, y no hubo evidencia de alguna violación a gran escala.
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Pero a partir de este 5 de febrero, la carrera nuclear no tiene freno. Al expirar el tratado bilateral, los dos países quedan sin restricción alguna para acrecentar su poderío nuclear.
Ocurre, además, en momentos en los que Estados Unidos es encabezado por un presidente, Donald Trump, quien cree en “imponer la paz por la fuerza”, según ha dicho él mismo, mientras Rusia es encabezada por un mandatario, Vladimir Putin, que en 2024 inició una invasión en Ucrania que mantiene hasta el día de hoy.
Por el New Start, los dos países se comprometieron a reducir su arsenal atómico en dos tercios, a mil 550 ojivas desplegadas, 800 lanzadores estratégicos desplegados y no desplegados y no más de 700 misiles balísticos intercontinentales, misiles balísticos lanzados desde submarinos y bombarderos pesados desplegados. El acuerdo reemplazó al Start I y Start II, y al Tratado de Moscú, con los que se buscó evitar una carrera nuclear que amenazara al mundo entero. Más, cuando ninguna de las dos naciones ha firmado el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares.
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La administración de Donald Trump no cree en limitar las armas nucleares. En febrero pasado, ordenó reanudar las pruebas de arsenal atómico, para estar a la par de países como Rusia y China. “Debido a los programas de pruebas de otros países, he dado instrucciones al Departamento de Guerra para que inicie pruebas de nuestras armas nucleares en igualdad de condiciones”, explicó el mandatario.
Documentos obtenidos por NPR, la radio pública de Estados Unidos, mostraron que el gobierno de Trump ha revisado una serie de directivas sobre seguridad nuclear y las ha compartido con las empresas que tienen a su cargo regular, con el objetivo de acelerar el desarrollo de una nueva generación de diseños de reactores nucleares. Los documentos indican que el Departamento de Energía supervisa un programa para construir al menos tres nuevos reactores nucleares comerciales experimentales antes del 4 de julio de este año.
Putin, por su parte, presumió en octubre de 2025 su misil crucero estratégico Burevestnik y el vehículo submarino autónomo Poseidon, a los que describió como sistemas de armas nucleares “únicos” y “sin igual”, que dan a su país ventaja militar sobre Estados Unidos.
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“El mundo se enfrenta una vez más a la amenaza de una nueva carrera armamentística y al colapso definitivo de la estabilidad estratégica”, advirtió el Carnegie Russia Eurasia Center.
“La suspensión del Nuevo START silencia esencialmente uno de los pocos foros de diálogo que quedan entre Washington y Moscú”, indicó a su vez Heather Williams, directora del Proyecto sobre Asuntos Nucleares e investigadora principal del Programa de Seguridad Internacional del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS).
Rusia propuso extender un año el cumplimiento, por parte de los dos países, de las limitaciones del New Start, aun expirado el acuerdo. Estados Unidos no ha respondido a la propuesta. Trump y Putin han dicho que pueden firmar un nuevo pacto. Pero también han expresado, ambos, su desconfianza en el otro, y se han acusado de jugar sucio.
El martes, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, advirtió que “dentro de poco el mundo estará, seguramente, en una posición más peligrosa que nunca antes” debido al fin del New Start.
Se trata de los dos países con el mayor número de armas nucleares en el mundo. En conjunto, poseen cerca de 90% del total mundial. Les sigue China, con alrededor de 600 ojivas nucleares, según estimados del Boletín de Científicos Atómicos.
“El entorno estratégico se complica aún más por los planes de Estados Unidos de acelerar sus capacidades avanzadas de defensa antimisiles, incluso contra armas nucleares, en el marco del programa Domo Dorado. Moscú lleva mucho tiempo vinculando las limitaciones nucleares ofensivas a las restricciones de la defensa antimisiles estadounidense. El impulso acelerado de Estados Unidos para mejorar sus defensas antimisiles, junto con la desaparición de las restricciones del Nuevo START, corre el riesgo de reforzar los incentivos de Rusia (y China) para ampliar y diversificar sus arsenales ofensivos, lo que alimentaría la dinámica de la carrera armamentística”, indicó el think tank Chatham House.
Las implicaciones del fin del New Start, añade, “van más allá de la relación bilateral. China ya está ampliando y modernizando sus fuerzas nucleares.
La eliminación de cualquier restricción sobre los arsenales nucleares de Estados Unidos y Rusia debilita el argumento a favor de la moderación en otros lugares y refuerza la opinión de que las grandes potencias están volviendo a una competencia sin límites. Otros Estados con armas nucleares estarán muy atentos”.
La expiración se produce justo antes de la Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) que se realizará del 27 de abril al 22 de mayo, en la que los países con armas nucleares deberían mostrar sus avances en materia de desarme y control de armas. Pero la expiración del New Start, subraya Chatham, “indicaría lo contrario: que las potencias nucleares están abandonando la moderación” y dirigiéndose a una competencia nuclear que pone en riesgo al mundo entero.
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