Más Información

Cuando la escuela deja de ser un lugar seguro; recuento de maestros acusados de delitos contra alumnos

Revocación de mandato, elección judicial y de gubernaturas; el abc rumbo a jornada electoral 2026-2027

Rumbo a elecciones, PAN deja listas y afirma que candidaturas serán 100% ciudadanas; "aquí no hay corcholatas", dice Jorge Romero

Canciller De la Fuente urge coordinar respuesta contundente ante contexto global; representa a México en Celac

Mexicanos Primero y México Evalúa en espera de que el SAT les autorice recibir donativos; presentaron solicitud desde diciembre del 2025
Miami.— En la crisis del agua, ellas son las más afectadas. Este año, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) las colocó en el centro de atención en el marco del Día Mundial del Agua, en un momento en que Estados Unidos atraviesa una presión hídrica real.
Al mes de marzo, 45.18% de EU y Puerto Rico y 53.97% de los 48 estados contiguos de la Unión Americana estaban en sequía. Es la señal de que el agua ya no puede tratarse sólo como un asunto ambiental o técnico. “Es un problema social, económico y político que ya golpea la vida diaria de millones de personas; especialmente al género femenino”, por varias razones, dice el científico y ambientalista Jesús Vázquez Chabolla a EL UNIVERSAL.
Naciones Unidas y ONU-Agua sostienen que “la crisis mundial del agua y el saneamiento afecta a todas las personas, pero no por igual”: la escasez de este líquido vital no pega parejo a hombres y mujeres. Estudios de ONU-Agua a los que este medio tuvo acceso dicen que, por ejemplo, “cuando el agua falta, se encarece o se vuelve insegura, el daño es mayor para quienes ya vivían con poco dinero, más cargas de cuidado, menos respaldo y menos poder para defender sus necesidades”.

ONU-Agua afirma también que “la falta de agua y saneamiento gestionados de manera segura es un problema de igualdad” y que “las mujeres y las niñas se ven afectadas de manera desproporcionada por servicios e instalaciones deficientes de agua, saneamiento e higiene”.
El Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas añade que “las mujeres siguen subrepresentadas en las decisiones sobre los servicios de agua, aunque con frecuencia son quienes más resienten sus efectos”. De acuerdo con el estudio, “la crisis del agua también es una crisis de género porque reparte de manera desigual la carga y, al mismo tiempo, deja fuera a muchas mujeres del espacio donde se decide cómo se reparte el agua, cuánto cuesta, quién la recibe y en qué condiciones”.
La Organización Mundial de la Salud, junto con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, informó que en EU la desigualdad del agua por género no suele expresarse en caminatas de kilómetros con cubetas para recolectar el agua, sino en algo menos visible y más fácil de negar: quién limpia, quién lava, quién cocina, quién reorganiza la casa cuando el agua falta, quién se ocupa de niñas, niños, enfermos y adultos mayores cuando el servicio falla; y quién absorbe el estrés de tener que resolverlo todo con menos agua o con agua más cara. “El ángulo de género en Estados Unidos es doméstica, económica, sanitaria y política”, señala Vázquez Chabolla.
Lee también Trump amenaza con atacar centrales eléctricas de Irán; exige reapertura del estrecho de Ormuz en 48 horas
Los datos oficiales del Buró de Estadísticas Laborales de Estados Unidos lo confirman: en 2024, 86.6% de las mujeres hizo trabajo doméstico en un día promedio, frente a 73.9% de los hombres. En cuidado de integrantes del hogar, ellas dedicaron 24.6% de su tiempo, frente a 18.6% del de ellos.
La Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) llevó esa discusión con un informe sobre el uso cotidiano del agua en hogares de Los Ángeles. El reporte concluyó que, en el contexto de EU, “el género desempeña un papel importante, pero poco entendido en el uso y la gestión del agua en los hogares estadounidenses”. Encontró que “las mujeres son desproporcionadamente responsables del uso del agua en el hogar”, aunque la mayoría de las familias no crea que el género tenga relevancia en ese tema.
Ese hallazgo es crucial porque “desmonta la vieja idea de que en un país rico el agua es sólo un servicio y no una carga. Sí es una carga, y dentro de cada hogar esa carga tiene cara de mujer”, dice el ambientalista.
La investigadora Kelsey Kim, parte del proyecto de la UCLA, dice que “la realidad es que las mujeres siguen cargando con la peor parte del trabajo del hogar, incluido el trabajo de administrarlo”, y añade que “en todos los casos, las mujeres hacían la mayor parte de las tareas relacionadas con el agua, incluida la gestión del uso del agua de otras personas”. La crisis hídrica en EU “no sólo agrega trabajo físico, también agrega supervisión, vigilancia, planeación y disciplina cotidiana respecto al agua del hogar”, subraya Kim. “Alguien tiene que recordar que no se desperdicie el agua, decidir qué se lava hoy y qué no, cuidar el gasto, almacenar, comprar, hervir, limpiar y redistribuir las tareas”. En la mayoría de los hogares de Estados Unidos, esa persona sigue siendo una mujer.
Lee también Cuba sufre segundo apagón nacional en una semana; inician protocolos para restablecer electricidad
Kim señala que “muchas campañas de conservación del agua están dirigidas de manera implícita a un usuario neutral en términos de género”, y advierte que “sin atención explícita al género, las campañas de conservación pueden agravar las desigualdades dentro de los hogares de Los Ángeles”. El informe de UCLA coincide con esa crítica, al señalar que las políticas residenciales y de ahorro están pensadas para usuarios neutros, cuando la vida real no es neutra.
La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos informó en 2024 que entre 12.1 y 19.2 millones de hogares en el país carecen de acceso asequible a los servicios de agua. También estimó que el costo nacional de las facturas de agua que resultan impagables para las familias va de 5.1 a 8.8 mil millones de dólares al año. “Muchas veces se trata de un recibo imposible de pagar que se convierte en una deuda, que a su vez amenaza el corte de agua y una humillación y desesperación interna”, declara el ambientalista.
La Oficina del Censo de EU reportó que en 2024 la relación salarial entre mujeres y hombres que trabajan tiempo completo todo el año cayó a 80.9%. Es decir, por cada dólar ganado por un hombre en esa condición, la mujer recibió en promedio sólo 80.9 centavos de dólar. Al mismo tiempo, la tasa de pobreza de las personas que viven en familias con jefa de hogar sin cónyuge fue de 23.5%, muy por encima de 11.2% en familias con jefe hombre sin cónyuge y de 4.6% en familias con mujeres casadas.
El Programa de Asistencia de Agua para Hogares de Bajos Ingresos (LIHWAP) atendió un millón 535 mil 838 hogares durante su vigencia. En ese periodo evitó 923 mil 583 desconexiones, restableció el servicio 101 mil 687 veces y redujo un millón 120 mil 417 facturas de agua. El LIHWAP es un programa de gran tamaño para un problema enorme que nació porque había hogares quedándose sin agua por no poder pagarla.
“Debemos entender que cuando una casa está sostenida por una madre sola, una abuela cuidadora o una mujer con salario bajo, el corte del servicio de agua se convierte en una forma directa como castigo de género”, señala Vázquez Chabolla. Un artículo académico de 2025 estimó que alrededor de 12% o 40 millones de habitantes de la población de la Unión Americana vive en inseguridad hídrica.
Según la definición usada por Naciones Unidas para medir el acceso seguro al agua, y que aproximadamente la mitad de esos hogares depende de sistemas descentralizados. Eso significa que la familia, y no una red pública fuerte, termina resolviendo parte del servicio, equivalente a mantenimiento, reparación, tratamiento, almacenamiento y costo. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos agrega otro dato duro: 2 millones 200 mil de personas en Estados Unidos carecen de agua corriente básica y plomería interior en sus hogares.
El informe de la UCLA subraya que el género se cruza con la raza, la clase social y el estatus migratorio; sostiene que las familias migrantes tenían conocimientos “no aprovechados” sobre conservación del agua y advierte que los enfoques actuales “pueden contribuir a la injusticia de género y racial”. En la entrevista de Kim se describe cómo residentes de Koreatown, MacArthur Park e Inglewood señalaban que se les pedía ahorrar y sacrificarse mientras los barrios con más dinero seguían recibiendo mejores servicios y más apoyos. La brecha hídrica en Estados Unidos castiga con especial dureza a comunidades racializadas, de bajos ingresos, rurales e indígenas. “No sólo porque tienen menos recursos, sino porque suelen vivir en territorios con peores redes, más contaminación, menos poder político y menos capacidad para defender sus necesidades”, dice Vázquez Chabolla.
La salud menstrual es otra parte central de esta discusión. El informe de la ONU-Agua advierte que “las mujeres y las niñas tienen necesidades específicas de higiene y que necesitan espacios limpios, funcionales, con seguro, separados por sexo y con acceso a productos sanitarios y sistemas de disposición”. En EU, la pobreza menstrual sigue siendo una realidad extensa. Brookings reportó que, en 2021, 38% dijo tener dificultades actuales para costear productos femeninos y 59% dijo haber vivido inseguridad menstrual en algún momento de su vida.
Lee también Ataque a hospital en Sudán deja 64 muertos y 89 heridos: OMS; civiles y niños, entre las víctimas
De acuerdo con el informe realizado por The United State of Women y The Flow Initiative, la pobreza menstrual afecta a un estimado de 16.9 millones de mujeres en EU. Esa carencia incluye acceso insuficiente a productos menstruales, instalaciones para lavarse y manejo de residuos.
Diversos estudios señalan también que esa situación repercute en la salud física y mental, asistencia escolar y laboral, así como la dignidad cotidiana de la mujer.
También hay un importante impacto en el embarazo y la salud reproductiva en áreas importantes de la mujer en la Unión Americana. La Escuela de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia informó en 2025 que los bebés de madres potencialmente expuestas durante el embarazo a bajos niveles de arsénico en el agua pública, incluso por debajo del estándar federal vigente, tuvieron más probabilidad de nacer prematuros, con menor peso o con un tamaño menor al esperado. El estudio se basó en casi 14 mil pares de madre e hijo. Esta evidencia es importante porque muestra que la crisis del agua no se limita a tener o no el servicio; también pasa por la calidad del agua.
Los organismos especializados insisten en que el tema debe verse desde el poder y no sólo desde el daño. El informe 2025 elaborado por ONU Mujeres, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Asociación Mundial para el Agua afirma que “incorporar la igualdad de género en la gestión de los recursos hídricos es esencial” para alcanzar tanto la igualdad de género como la seguridad hídrica; es una condición para que la política funcione. El mismo documento pide “garantizar la participación efectiva de las mujeres y la paridad en la toma de decisiones y en los cargos técnicos”.
Ese mismo informe dice que “el progreso mundial en la incorporación de la igualdad de género en la gestión de los recursos hídricos es desigual, lento y está fuera de rumbo”. Además, señala que la ausencia de datos desagregados por sexo y de otros datos interseccionales debilita el monitoreo y la rendición de cuentas. “Hoy existen suficientes pruebas para afirmar que la crisis del agua afecta más a las mujeres en muchos frentes, pero aún faltan bases estadísticas más estructuradas y más sistemáticas para medir toda la carga que cae dentro de los hogares”, concluye el ambientalista.
Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.
Más Información
Noticias según tus intereses
ViveUSA
[Publicidad]



















