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YouTube
bajó bajó de su plataforma el video del motín de la prisión de Altamira, en Brasil, en el que se veía a las cabezas de presos decapitados y a otros prisioneros patearlas como si fueran un balón de futbol.
La decisión de YouTube se produce en medio del reclamo internacional de que plataformas y redes sociales hagan más para evitar convertirse en medios de la difusión de la violencia.
El video, sin embargo, aún está disponible en otras redes, y muestra con lujo de detalle la carnicería que se produjo el lunes en el Centro de Recuperación Regional de Altamira, en el estado de Pará, donde el pleito entre dos violentos comandos, el Classe A y el Vermelho, por el control de las rutas del narcotráfico, derivó en la muerte de 58 reos.
Todavía en el traslado de prisioneros, realizado la tarde del martes, hacia cárceles más seguras, otros cuatro fueron asesinados por asfixia.
Ha sido la peor masacre en una prisión brasileña en lo que va del año, y el video es una prueba de la crueldad con la que se manejan los grupos. Sin embargo, también evidenció de nueva cuenta el hacinamiento que existe en estos centros en el país sudamericano.
Este tema, junto a la falta de control de las facciones criminales y el personal que está rebasado, son parte de la crisis del sistema penitenciario en Brasil.
Lo cierto es que los brasileños parecieran haberse acostumbrado ya a este tipo de noticias. El diario Folha de Sao Paulo señala hoy en su portal que masacres como la del lunes en Altamira no movilizan más a la sociedad porque se llegó a un punto en que la barbarie se ha “naturalizado”.
“A pesar de ser una tragedia absurda, la masacre de Pará pasó a ser vista como un caso más. Nuestra sociedad presenta una indignación contenida porque ya no tiene más energía para reaccionar contra un ciclo repetitivo de violencia”, explicó al diario Rogerio Sottili, director ejecutivo del Instituto Vladimir Herzog.
Rafael Alcadipini, profesor de la Fundación Getulio Vargas, cuestionó en declaraciones al Folha la actitud del presidente Jair Bolsonaro: “El presidente denota que bajo política de seguridad pública se piensa que el criminal tiene que morir, en vez de ser resocializado y que las masacres compensan”.
Para empeorar la situación, en vez de actuar a profundidad y combatir las raíces de la violencia, incluso los funcionarios del gobierno parecieran haberse acostumbrado a que la violencia en las prisiones es el estatus quo. “Preferiría morir, antes que pasar muchos años en una de nuestras cárceles”, decía en 2012 el entonces ministro brasileño de Justicia, Eduardo Cardozo.
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