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Madrid.— Al asalto a la embajada de Norcorea en la capital española no le faltó ningún ingrediente: lujo de violencia, armas de fuego simuladas, una fuga, la policía alertada y un mexicano engañando a los funcionarios bajo el disfraz de flamante empresario, con capital para invertir.
Parece el guion de una novela, pero es lo que ocurrió el pasado 22 de febrero, según consta en el auto judicial de la Audiencia Nacional al que tuvo acceso EL UNIVERSAL.
El ciudadano mexicano residente en Estados Unidos, Adrián Hong Chang, de 35 años, lideró el asalto a la embajada norcoreana, adonde accedió haciéndose pasar como empresario, para luego hacer ingresar a otras nueve personas con armas de fuego simuladas, machetes, barras de hierro y cuchillos, según el juez José de la Mata.
“Comenzaron a golpear violentamente a todo el personal que se encontraba en la misión diplomática, hasta que consiguieron reducirlos y colocarles grilletes y correas para inmovilizarlos y les colocaron bolsas en la cabeza, llevándolos a todos a distintas habitaciones de la embajada, dejándolos bajo vigilancia”, dijo De la Mata.
Los atracadores mantuvieron secuestrados durante varias horas a los empleados de la embajada y se dieron tiempo para interrogar al encargado de negocios, Yun Sok So.
La esposa de un empleado se fugó; un testigo alertó a la policía, que acudió al lugar, pero el mexicano los engañó y se hizo pasar como un alto representante de la legación. Luego, tranquilamente, el grupo huyó en tres vehículos con placas diplomáticas localizados después. El botín: un par de pendrives, dos ordenadores, dos discos duros y un teléfono móvil.
Tras el asalto, Hong Chang regresó a Nueva York en un vuelo que partió de Lisboa. Cuatro días más tarde, el ciudadano mexicano entró en contacto voluntario con el Buró de Investigación Federal (FBI) de Estados Unidos, le informó lo que había hecho y le ofreció el material sustraído, según el recuento del juez español.
¿Por qué lo hizo? Nadie sabe. La policía española dijo sospechar que tras lo ocurrido podría estar gente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Pero decirlo es muy distinto que probarlo, reconocieron. El gobierno de Estados Unidos se deslindó del asunto: el portavoz del Departamento de Estado estadounidense, Robert Palladino, afirmó: “El gobierno de Estados Unidos no tuvo nada que ver con esto”.
Además de Hong Chang, entre los implicados fueron identificados el ciudadano estadounidense Sam Ryu y el ciudadano de Corea del Sur, Woo Ran Lee.
Hong Chang, alias Oswaldo Trump, ingresó por primera vez a España el pasado 6 de febrero procedente de Nueva York. El 19 de febrero regresó al país ibérico en un vuelo de Iberia procedente de Praga, República Checa. En los hoteles Carlton y Aitana de la capital española, donde se hospedó, se registró con pasaportes de los Estados Unidos Mexicanos, cuyos números aparecen borrados en el auto judicial, que revela que antes de preparar el asalto a la embajada norcoreana, se dio tiempo para renovar su pasaporte en el consulado de México en Madrid el 20 de febrero. La embajada de México en España dijo a este diario que no podía proporcionar información sobre el tema por la Ley General de Protección de Datos Personales en Posesión de Sujetos Obligados que exige confidencialidad.
En su primer acercamiento a la embajada de Corea del Norte, Hong Chang alegó ser un empresario interesado en realizar inversiones en la República Popular y Democrática de Corea. El ciudadano mexicano se identificó ante el encargado de Negocios de la embajada con una tarjeta de visita con otra de las identidades que suele utilizar, la de Matthew Chao, managing partner de la empresa Baron Stone Capital con oficinas en Dubái y Toronto, señaló el juez español, quien decidió levantar el secreto judicial a la investigación y apuntó a la comisión de los delitos de allanamiento de morada, detenciones ilegales, lesiones, falsificación documental, amenazas y robo, cometidos por una organización criminal. El juez planea pedir a Estados Unidos la extradición de los atracadores.
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