“Águilas no cazan moscas”, le dijo un día Hugo Chávez —fallecido presidente de Venezuela— a una diputada opositora que se atrevió a llamarlo ladrón. Aquella mujer se convirtió en águila, en el rostro de la oposición venezolana. Y el año pasado, en la ganadora del Premio Nobel de la Paz.
Inhabilitada, perseguida, obligada a vivir en la clandestinidad y en la soledad, María Corina Machado es la mujer más odiada por el chavismo, que la ha llamado “loca”. Pero para millones de venezolanos, se convirtió en la esperanza de cambio y en la Dama de hierro.
“Es uno de los ejemplos más extraordinarios del coraje civil en América Latina en tiempos recientes”, una mujer que ha trabajado de manera “incansable en la promoción de los derechos democráticos para el pueblo de Venezuela”, señaló el comité del Nobel al anunciar que Machado era la ganadora.
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Su suerte parecía destinada a un cambio este año cuando, la madrugada del 3 de enero, fuerzas estadounidenses ingresaron a Caracas para detener al presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia, y trasladarlos a Estados Unidos para enfrentar cargos de narcotráfico.
La esperanza de una pronta democratización se desvaneció con la decisión del presidente Donald Trump de mantener al chavismo en el poder y negociar con él. Sin el dictador, pero con la dictadura vigente, la lucha de Machado por la libertad de Venezuela continúa, y por eso es una mujer a seguir este 2026.
Para Machado, que la presidenta encargada de Venezuela sea hoy Delcy Rodríguez es un trago amargo y una bofetada. “Delcy es una de las principales artífices de la tortura, la persecución, la corrupción y el narcotráfico”, ha dicho la líder opositora, ingeniera y madre de tres hijos.
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El chavismo ha retratado a Machado como “burguesita de fina estampa” porque nació el 7 de octubre de 1967 en una familia acomodada, hija de importante empresario metalúrgico y de una sicóloga. Ingeniera de profesión, se decantó pronto por la política y el activismo. Con su madre creó la Fundación Atenea y Oportuninas, enfocadas en los niños venezolanos.
La reunión con Bush
En 2002 cofundó la organización civil Súmate, en defensa de los derechos políticos de los venezolanos. En 2005, su reunión en Washington con el presidente George W. Bush la marcó para siempre como enemiga del gobierno de Chávez, la acusó de trabajar para la CIA y de “traidora”.
En 2010, Machado dejó Súmate para lanzar su candidatura como diputada. No sólo ganó, sino que arrasó. Un año después, disputó las primarias de la opositora Mesa de la Unidad Democrática con Henrique Capriles, pero perdió. En 2012 fundó el partido Vente Venezuela, no sin desatar críticas por fracturar —más— a la oposición venezolana.
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A la muerte de Chávez, en 2013, asumió la presidencia Nicolás Maduro, pese a protestas opositoras que exigían elecciones democráticas. 2014 marcó un punto de inflexión para Machado y la oposición en Venezuela. Junto con Leopoldo López encabezó una ola de protestas conocidas como La Salida, en reclamo de la “restitución del orden democrático” y la salida del “usurpador”.
Hubo choques con las fuerzas del chavismo que se saldaron con 43 muertos, casi medio millar de heridos y casi 2 mil detenidos. Machado y López fueron acusados de “incitación pública a la violencia”. Él fue condenado a 13 años de prisión y terminó huyendo a España. Ella fue destituida como diputada e inhabilitada para ejercer cargos públicos. En 2022, anunció que participaría en las primarias opositoras, pero el gobierno extendió su inhabilitación.
Decidida a poner fin al chavismo, para las elecciones de 2024 apoyó a Edmundo González Urrutia. Maduro se declaró vencedor de los comicios, sin mostrar pruebas. Machado no se rindió. Con la oposición, presentaron actas que demostraban que González Urrutia ganó. Las protestas volvieron y también la represión. González Urrutia tuvo que salir del país, y Machado pasó a la clandestinidad.

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Una y otra vez, la líder opositora ha desafiado a su destino. Cuando le dijeron que ya no podía ser diputada, dijo que lo sería “mientras el pueblo así lo quiera”. Cuando le dijeron que mejor saliera del país, dijo que se quedaba, firme, para defender la democracia (de ahí su apodo de Dama de hierro).
Pero su decisión ha implicado sacrificios. El mayor de ellos —reconoce— es haber tenido que separarse de sus tres hijos: Ana Corina, Ricardo y Henrique, a quienes sacó del país para evitar que pagaran por su oposición al chavismo. “Lo que más me ha dolido es que tuve que sacar a mis hijos de Venezuela”, dijo en entrevista en 2023. “Llegó un momento en que concluí que no era compatible enfrentar este régimen y cumplir como mamá, protegiendo a mi familia. Ellos sí han tenido que irse, como tantos millones de venezolanos”.
Machado, la “arrecha”, como la llaman en Venezuela por su valentía, describe el haber tenido que pasar este tiempo en la clandestinidad, sin su familia, con una “herida profunda” y motivo de culpa.
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“Ella proviene de una familia empresarial, acomodada. Podría, como muchos de sus compatriotas, vivir en el exilio, como una expatriada adinerada. Pero no lo hace. Se convirtió en una luchadora temperamental, apasionada por la libertad y la democracia en su patria, Venezuela”, escribió sobre Machado, en una columna, Karl-Heinz Paqué, de la Fundación Friedrich Naumann.
“Hay que resistir”, dijo a los venezolanos cuando salió de su clandestinidad, el 9 de enero de 2025, para sumarse a una manifestación multitudinaria. Resistencia es la palabra que la define.
Insumisa, a alto costo
Para sus hijos tampoco ha sido fácil. La familia se reunió cuando Machado logró salir de Venezuela para recibir el Nobel en Oslo. Desde entonces, ella ha viajado a distintos países, incluyendo Estados Unidos, donde se reunió con Trump para expresarle la necesidad de un cambio real en Venezuela. El mandatario estadounidense la dejó de lado, enfocado, como está, en el petróleo venezolano.
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Pero Machado no se rinde. “La libertad de Venezuela está cerca y pronto celebraremos en nuestra tierra. Gritaremos, rezaremos y nos abrazaremos como una familia, porque nuestros hijos volverán a casa”, reitera.
“Durante años, María Corina Machado ha sido perseguida, descalificada, inhabilitada y demonizada por un régimen que se dice revolucionario, pero que ha vaciado de contenido todas las palabras que alguna vez representaron libertad. Y sin embargo, ella permaneció (...) Su persistencia fue —y sigue siendo— un acto de resistencia civil y de integridad personal”, dijo, en un artículo para EL UNIVERSAL, la magistrada en retiro María Emilia Molina de la Puente.
“La historia de María Corina también es un recordatorio incómodo: ser mujer en política, y más aún en oposición, implica pagar un precio mucho más alto (...) María Corina fue atacada no sólo por sus ideas, sino por su condición de mujer: porque se atrevió a confrontar, porque no pidió permiso, porque se negó a ser sumisa”.
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En entrevista con el diario español El Mundo, Ana Corina dejó ver que su madre no renunciará a regresar a Venezuela o a la libertad de los venezolanos, aunque eso implique separarse de nuevo de sus hijos. “Sabemos que su corazón, su misión y su meta están en Venezuela, y ella ha dicho muy claro a los venezolanos que va a volver, que su trabajo no ha terminado (...) su misión es en Venezuela hasta que el país sea libre”, aseguró. “Ella está haciendo historia”, añadió.
Machado se mantiene fiel a su lema. “Hasta el final”.
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