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Jerusalén.— El primer ministro israelí en funciones, Benjamin Netanyahu, llamó ayer a los diputados derechistas a rechazar el “gobierno del cambio”, que le echaría del poder tras 12 años con una frágil coalición de partidos de todo el arco ideológico —de la ultraderecha a la izquierda e incluso árabes—, pero que ahora se ve amenazada ante el riesgo de tránsfugas que cambien de bando.
Ocho partidos opositores alcanzaron el miércoles un pacto para un gobierno que dejaría a Netanyahu en la oposición, pero el escepticismo y la incertidumbre marca el país y pocos dan por seguro que el nuevo Ejecutivo llegue a materializarse. También queda pendiente de ser ratificado en una votación en la ceremonia de investidura, para la que aún no hay fecha.
Horas después de anunciarse el pacto entre varios partidos, las grietas no tardaron en reabrirse, y un elemento siembra dudas: el fantasma del transfuguismo entre diputados de partidos derechistas opositores, a los que Netanyahu intenta sondear para que se sumen a su bloque.
“Todos los miembros de derecha de la Knesset deben oponerse a este peligroso gobierno de izquierdas”, dijo ayer Netan- yahu en su primera reacción pública por Twitter tras el acuerdo del miércoles.
Según los medios israelíes, se entrevistó también en una reunión de emergencia con sus socios del bloque de partidos derechistas y religioso, así como con miembros del Consejo Yesha, organismo que aglutina a los líderes colonos de Cisjordania ocupada, donde debatió maneras para impedir un Ejecutivo opositor.
Según la prensa, entre las medidas planteadas estaría la opción de que los partidos judíos ultraortodoxos realicen una protesta masiva contra la nueva coalición, que es de carácter más bien laico, con grupos favorables a aumentar la separación entre religión y Estado y otros que se inclinan por reforzar los derechos de la comunidad LGBTTTI, algo que produce pavor al sector más religioso de Israel.
En la reunión también se puso sobre la mesa la posibilidad de seguir respaldando las protestas que activistas derechistas llevan a cabo estos días ante los domicilios de Naftali Bennett, líder del partido ultranacionalista Yamina, quien podría desempeñar la jefatura del gobierno durante dos años, tras los cuales sería relevado por Yair Lapid, líder centrista, o de su número dos, Ayelet Shaked, a los que el Estado reforzó la protección ante las crecientes amenazas que recibieron por haberse sumado al bloque anti-Netanyahu.
Por la tarde, según Haaretz, unas 800 personas protestaron ante la residencia de Shaked. Es a los miembros de Yamina y Nueva Esperanza a los que Netanyahu trata de atraer. En Yamina, con siete escaños, hay al menos un diputado, Nir Orbach, que se mostró reticente con la idea de un gobierno cuya jefatura estaría vinculada a un sistema rotatorio. Para limar asperezas, Bennett se reunió con Orbach. Lapid instó a convocar a una sesión especial para realizar la jura del nuevo Ejecutivo.
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