Bruselas.— El Viejo Continente cumple su cuarto año en guerra a gran escala no sólo con el mismo debate estratégico con el que comenzó el conflicto en por las ambiciones territoriales del presidente ruso Vladimir Putin, sino en condiciones de incertidumbre y tensión significativamente mayores.

La preocupación ya no es sólo detener las hostilidades para darle un respiro al pueblo ucraniano, asediado por el constante zumbido de la artillería rusa, sino evitar una paz perjudicial que ponga en peligro la seguridad regional frente a . La propuesta de paz barajada hasta ahora por la administración del presidente estadounidense Donald Trump ha reflejado un esfuerzo altamente politizado del Kremlin para consolidar sus ganancias territoriales, fracturar internamente a Ucrania y reconfigurar el panorama de seguridad de Europa en beneficio de Moscú.

Supone una trampa estratégica que Europa debe evitar para prevenir un conflicto a mayor escala en un futuro no muy lejano, señalan en un análisis Amelia Hadfield y Margaryta Khostova, estudiosos del Center for European Policy Analysis (CEPA) con sede en Washington. “Para los políticos europeos y británicos, es fundamental comprender la naturaleza de esta propuesta y el contexto coercitivo en el que se está planteando. Lejos de garantizar la estabilidad, aceptar un acuerdo de este tipo en algo parecido en su forma actual expondría al continente a un riesgo mayor”. De las negociaciones, filtraciones y reacciones emitidas a lo largo del primer año del gobierno de Trump, emergen 28 puntos supuestamente acordados por Rusia y Estados Unidos y que forman el núcleo de las conversaciones para la paz.

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De ese listado, las cuestiones más preocupantes son los temas territoriales, el desarme propuesto para Ucrania, la injerencia en su soberanía política y la depredación financiera, la cual va desde el acuerdo de recursos naturales impuesto al presidente Volodimir Zelensky por Trump, hasta la idea de usar los activos rusos congelados para proyectos estadounidenses en suelo ucraniano, incluso en cooperación con Rusia. “Más allá de las cuestiones territoriales, varias disposiciones revelan un objetivo más profundo: remodelar Ucrania desde dentro para asegurar una influencia política permanente de Rusia”, dicen Hadfield y Khostova.

“Las cláusulas relativas a los derechos lingüísticos y religiosos no son benévolas. Reavivan la narrativa tradicional del Kremlin de defender a los hablantes de ruso y proteger los lazos espirituales tradicionales. Estos argumentos han servido repetidamente como pretexto para la injerencia y la desestabilización. Incorporar estas ideas en un acuerdo formal institucionalizaría la capacidad de Rusia para perturbar la política ucraniana de forma indefinida”, advierten. Trump no ha acercado a Ucrania a la paz, por el contrario, ha empeorado la situación al legitimar la política bélica de Putin y su posición en la escena diplomática internacional, particularmente desde la cumbre en Alaska.

El quinto año de hostilidades inicia con los vientos soplando en contra para Ucrania, que además enfrenta gran vulnerabilidad por escándalos internos de corrupción y la continua emergencia energética causada por la destrucción sistemática de la infraestructura eléctrica del país. El agresor parece empoderado, ante su cercanía con Trump, una postura que ha socavado la credibilidad política de Estados Unidos y sus relaciones con Europa y Ucrania.

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Según centros de estudios especializados en seguridad transatlántica, Putin no parará hasta haber alcanzado sus objetivos, algunos de ellos son fundamentalmente incompatibles con la visión europea de seguridad, que incluye una Ucrania que forma parte tanto de la UE como en la OTAN. “Para aquellos que dicen que debería haber una solución diplomática, no hay compromiso posible con Putin. No hay nada que haya hecho hasta ahora que indique que capitularía o se doblegaría ante nada que no sea una fuerza abrumadora”, sostiene el experto en seguridad y antiguo funcionario del Ministerio de Defensa de Alemania, Nico Lange.

“La única solución es que Europa lo derrote. Nuestro continente debe equipar militarmente a Ucrania de forma definitiva y completa, y tomar medidas adicionales para ejercer presión militar, económica y financiera sobre Rusia. Si Putin sólo respeta y responde al poder, Europa debe responder de la misma manera”, dice el también experto del CEPA.

Stefan Meister, estudioso del German Council on Foreign Relations con sede en Berlín, dice que “dado que Putin tiene la impresión de que puede ganar esta guerra en el campo de batalla y no está interesado en una Ucrania independiente, las garantías de seguridad y la presión militar son fundamentales para cualquier acuerdo de alto el fuego. Los países europeos podrían sentarse a la mesa de negociaciones si pudieran ofrecer esas garantías de seguridad a Ucrania y suministrar armas al país a una escala mucho mayor”.

Un anuncio promociona el servicio militar por contrato en las unidades de sistemas no tripulados del ejército ruso en San Petersburgo, el 3 de febrero pasado. Foto: Olga Maltseva / AFP
Un anuncio promociona el servicio militar por contrato en las unidades de sistemas no tripulados del ejército ruso en San Petersburgo, el 3 de febrero pasado. Foto: Olga Maltseva / AFP

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La volatilidad de Trump obligó a Europa a involucrarse más en Ucrania. No sólo aumentó el nivel de apoyo militar, se muestra constante y reforzado, el equipo ya no procede de los almacenes de los Ejércitos, viene directamente de las industrias de defensa, según información divulgada por el Institute for National Security Studies (INSS) de Tel Aviv.

Desde marzo, Europa superó a EU en el volumen total de ayuda militar proporcionada a través de contratos de adquisición con empresas de defensa. En septiembre, Kaja Kallas, alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, reportó que Ucrania recibiría en 2025 ayuda por 25 mil millones de euros, una cifra récord desde el inicio de la guerra. Hasta ese mes, la contribución financiera europea acumulada sumaba 169 millones de euros, de ese monto, 63 mil millones fueron en apoyo militar.

Además de las ayudas, ha avanzado la cooperación bilateral. Con Alemania, los trabajos se centran en la producción de misiles avanzados de largo alcance, y con Suecia en municiones y sistemas militares. En Europa más de 150 mil soldados y oficiales ucranianos de diversas ramas de las fuerzas armadas, incluyendo pilotos, han recibido adiestramiento. “Desde la perspectiva de Moscú, Europa sigue siendo el último obstáculo para alcanzar sus objetivos en la guerra debido a su proximidad geográfica con Ucrania y Rusia, su poderío económico y su amplio apoyo a Ucrania, así como su disposición a proporcionar tanto ayuda militar como económica”, señalan en un análisis Arkady Mil-Man y Yaron Gamburg, expertos del INSS.

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“En este contexto, Rusia ha intensificado su retórica hacia Europa y ha aumentado su actividad militar”, como fueron los incidentes con drones vistos durante el año pasado sobre el espacio aéreo de países como Polonia, Estonia y Rumanía.

Jan Kallberg, experto en defensa y seguridad transatlántica del CEPA, lo tiene claro: Europa no puede darse el lujo de perder a Ucrania, porque perdería su protección frente a una nueva y más focalizada agresión rusa. “Por eso, apoyar a Ucrania para derrotar a Rusia no sólo es una obligación moral, sino también una decisión financiera sensata”. Asegura que un acuerdo entre Rusia y Ucrania que no implique una paz verdadera, es decir, que incluya garantías de seguridad respaldadas por sólidos compromisos políticos y un plan de implementación claro, dejaría a la OTAN con décadas de elevados costes de defensa, entre 4% y 5% del PIB anual, lo que tendría importantes repercusiones económicas a largo plazo.

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