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En agosto de 2018, con sólo 15 años, Greta Thunberg tomó una decisión: elaboró una pancarta y se plantó con ella afuera del Parlamento sueco. “Huelga escolar por el clima”.
Pocos se fijaron en ella. Cada viernes, la escena se repetía: Greta en huelga, afuera del Parlamento. Para su familia (su madre es cantante de ópera; su padre, actor), era difícil de comprender, pero la apoyaron.
Con el pasar de las semanas, los ojos para los que era invisible comenzaron a verla. Fue el inicio del movimiento “Viernes por el Futuro”.
De ser una adolescente solitaria, a la que incomodaba estar en medio de mucha gente, no sólo se convirtió en una celebridad, sino en la voz y el rostro de la guerra contra el calentamiento global. El más reciente reconocimiento a este esfuerzo fue su designación, por la revista Time, como Persona del Año.
“No es líder de algún partido político o grupo activista. Tampoco es la primera en hacer sonar las alarmas sobre la crisis climática...No es científica, ni política. No tiene acceso a los medios de influencia tradicionales: no es multimillonaria ni princesa, estrella del pop; ni siquiera adulta. Es una adolescente común que, al reunir el valor para decir la verdad ante los poderosos, se convirtió en el icono de una generación”. Es, afirma, “la voz más convincente sobre el tema más importante que enfrenta el planeta”.
La franqueza caracteriza a Thunberg, quien sufre síndrome de Asperger, un tipo de autismo leve que la hace reaccionar y sentir de manera distinta al resto de la gente.
Ella tiene claro que sin planeta no hay futuro. Y así se lo ha dicho a quien esté enfrente, sean CEOs, líderes mundiales o el Papa. “Quiero que sientan pánico”, dijo en el Foro Económico Mundial que se realizó en Davos, Suiza, en enero de este año. “Quiero que sientan el miedo que yo siento todos los días. Y después, quiero que actúen”.
Luego vino la cumbre de Naciones Unidas (ONU), en septiembre. “Yo no debería estar parada aquí. Debería estar en la escuela, al otro lado del océano”, dijo, sin poder contener las lágrimas. “¿Y ustedes vienen y me dicen que tenga esperanza? ¡Cómo se atreven! Se han robado mis sueños y mi niñez con sus palabras vacías”, cuestionó. “Nos están fallando. Pero los jóvenes están comenzando a entender su traición. Los ojos de las generaciones futuras están en ustedes. Y si deciden fallarnos, les digo: Nunca los perdonaremos”.
Greta comenzó a preocuparse por el calentamiento global cuando, a los 11 años, una maestra les habló del tema. Deprimida, dejó de comer, según contó en una entrevista con CNN. Y si comenzó su lucha en solitario, hoy son miles las que la emulan a nivel mundial, no sólo con los “Viernes por el Futuro” que se repiten en varios países, sino con manifestaciones como la que previo a la cumbre climática se realizó en 150 países.
Diputados socialistas suecos la propusieron para el premio Nobel de la Paz este año. No lo consiguió, pero tampoco es su objetivo en la vida. Greta, quien cumple 17 el próximo 3 de enero, quiere acciones. “Esto es increíble”, dijo tras enterarse de que Time la nombró la Persona del Año. Pero quiere mucho más. Quiere que los líderes mundiales emprendan acciones eficaces para que el mundo tenga futuro. Ya no está sola. Y, como señala Time, tiene de su lado “el poder de la juventud”.
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