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Yakarta.— Seis miembros de una familia, incluidas dos niñas, perpetraron ayer tres atentados suicidas contra iglesias en Indonesia, dejando 13 muertos y decenas de heridos.
Los tres ataques, reivindicados por el Estado Islámico (EI), fueron en tres lugares de Surabaya, la segunda ciudad de Indonesia.
La familia, formada por la madre, el padre, dos hijos, de 16 y 18 años, y dos niñas, de nueve y 12 años, es la responsable, anunció el jefe de la policía nacional, Tito Karnavian. Estaba vinculada al movimiento radical Jemaat Ansharud Daulah (JAD), un grupo afín al EI. Según los medios locales, el matrimonio y sus hijos pasaron por Siria. Ahí viajaron cientos de indonesios en los últimos años para combatir con los yihadistas.
El primer ataque se dirigió contra la Iglesia católica de Santa María y se produjo cuando la gente esperaba el inicio de la misa, informó Frans Barung Mangara, portavoz policial. Entre los muertos estaría uno de los atacantes suicidas. Le siguió otro atentado en la Iglesia pentecostal Gereja Pantekosta Pusat Surabaya (GPPS) y otro en la protestante Diponegoro Gereja Kristen Indonesia (GKI).
“El marido conducía un coche, que contenía explosivos y lo estrelló contra la puerta frente a la iglesia [pentecostal]”, explicó Mangera. La esposa y sus dos hijas estuvieron involucradas en el ataque contra la protestante y “otros dos hijos montaron en una motocicleta y llevaron la bomba en su regazo” hasta Santa María.
El presidente de Indonesia, Joko Widodo, transmitió sus condolencias a las familias de las víctimas en una intervención televisada desde el exterior de la Iglesia pentecostal. Afirmó: “El terrorismo es un crimen contra la humanidad y no tiene relación con ninguna religión”.
La agencia de inteligencia nacional había apuntado antes al grupo JAD, vinculado al EI, como responsable de los ataques. Su líder, Aman Abdurrahman, es juzgado en Indonesia por un atentado perpetrado en 2016. Según un portavoz de inteligencia, el grupo había planeado otros ataques. “Habían planificado atacar objetivos policiales el 11 de mayo, pero como la policía estaba preparada, eligieron objetivos alternativos”, señaló Wawan Purwanto, director de la Agencia de Inteligencia, a la emisora Metro TV.
Los atentados se llevaron a cabo días antes del comienzo del Ramadán. Los medios de comunicación difundieron imágenes en las que se veía un cuerpo delante de una de las puertas de la Iglesia católica de Santa María y agentes de la policía examinando el lugar, lleno de escombros. “Estaba aterrorizado. Mucha gente gritaba”, contó Roman, de 23 años, quien presenció la explosión. Además, la policía informó que desarmó otras dos bombas encontradas en la Iglesia pentecostal.
Los ataques ocurrieron días después de que prisioneros extremistas islámicos mataran a cinco miembros de una fuerza de élite antiterrorista durante un enfrentamiento de 36 horas en una cárcel de alta seguridad en las afueras de la capital, Yakarta. Casi 90% de los indonesios son musulmanes, pero en el país también viven comunidades considerables de hindúes, cristianos y budistas.
La Unión Europea (UE) afirmó que los atentados se oponen a la diversidad. “Ataques a comunidades en oración son contrarios a la cultura tradicional de Indonesia de diversidad religiosa y armonía interreligiosa. Semejante cultura es una fuente de inspiración para muchos en todo el mundo, especialmente en tiempos, como los actuales, de tensión”, declaró la portavoz de la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores, Federica Mogherini.
El papa Francisco pidió que los “sentimientos de odio y de violencia” se transformen en “reconciliación y fraternidad”. “Invoquemos juntos al Dios de la paz”, declaró.
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