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Madrid.— La crisis política que afecta a España arrancó oficialmente en 2018, cuando el socialista Pedro Sánchez obtuvo sorpresivamente en el Parlamento la mayoría absoluta necesaria para tumbar al presidente Mariano Rajoy, quien en ese entonces estaba acorralado por los escándalos de corrupción del derechista Partido Popular (PP).
A partir de ahí, España entró en un laberinto agravado por la fragmentación del Parlamento y las dificultades para alcanzar acuerdos de gobierno entre los distintos partidos, lo que llevó al estancamiento político y la celebración en 2019 de dos elecciones generales. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) ganó ambos comicios, aunque se quedó lejos de la mayoría absoluta necesaria para superar sin problemas el trámite del Parlamento, que es el órgano que elige en España al presidente del gobierno.
Se vio obligado a negociar con otras fuerzas para que Sánchez, presidente en funciones, pudiera renovar su cargo, pero tras elecciones de abril, el PSOE no logró alcanzar acuerdos con sus aliados, lo que provocó comicios para el 10 de noviembre. Los resultados fueron similares: el PSOE volvió a imponerse en las urnas sin la mayoría necesaria. Tras cuatro elecciones en cuatro años, el PSOE y UP acordaron en tiempo récord un gobierno de coalición que parecía abrir las puertas a la investidura de Sánchez. El pacto no es suficiente para romper el bloqueo. El candidato socialista requiere para acceder a la presidencia del apoyo de otras fuerzas políticas, como los independentistas catalanes y vascos.
El Partido Nacionalista Vasco dijo que votará a favor de Sánchez a cambio de mayor competencia para el País Vasco. Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), con el conflicto generado en esta región por el proceso independentista, está menos dispuesta a prestar sus votos para la investidura. ERC busca que se reconozca el conflicto de Cataluña y que se implementen fórmulas políticas para solucionarlo. El PSOE intenta contentar a los soberanistas catalanes sin quebrantar la legalidad.
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