Miami.— Esclavitud laboral, ¿la nueva normalidad? Este 1 de mayo, , nació para recordar que el tiempo de trabajo siempre ha sido una disputa de poder. “No se trata sólo de , también de quién controla las horas del día, el descanso, la salud, la familia y la posibilidad de decir no me quedo más tiempo del que marca la ley”, dice la economista María Díaz a EL UNIVERSAL.

La Oficina de Estadísticas Laborales de EU informó que en marzo de 2026 la semana laboral promedio del sector privado fue de 34.2 horas y que el salario promedio por hora llegó a 37.38 dólares, con un aumento nominal anual de 3.5%. Pero esa realidad se opaca al mirar el salario real: entre marzo de 2025 y marzo de 2026, los ingresos reales por hora apenas subieron 0.3%. “Si bien es cierto que el trabajador ve un poco más de dólares en su sueldo, la realidad es que casi no ve más poder de compra”, señala Díaz. Si además recibe más tareas, más mensajes de trabajo, más presión y menos apoyo, “el resultado práctico es más trabajo por una recompensa casi igual y eso no se vale”, dice la experta.

La nueva explotación no siempre se presenta como una orden brutal; muchas veces llega como un correo electrónico temprano, un mensaje nocturno, una reunión fuera de horario o una tarea urgente que no existía en la descripción del puesto. Microsoft llamó a esto “la jornada infinita” en su informe de 2025. Marc Holitscher, ejecutivo de Microsoft, señala que “los límites entre el trabajo y el tiempo personal se han vuelto cada vez más borrosos”.

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SurveyMonkey encontró en 2025 la misma normalización cultural. En su estudio sobre equilibrio entre vida y trabajo, 65% dijo creer que sacrificar ese equilibrio es necesario para avanzar profesionalmente; 85% recibe comunicaciones laborales fuera del horario normal al menos algunas veces al mes; 60% las recibe varias veces por semana o más; 58% responde fuera de horario al menos algunas veces por semana; 30% responde diariamente y 34% teme que no contestar afecte la manera en que jefes o compañeros lo perciben.

ADP Research, firma global de investigación laboral, encuestó en 2025 a más de 39 mil trabajadores en 36 mercados y preguntó cuántas horas trabajaban sin paga, incluyendo quedarse tarde o trabajar descansos: 62% dijo hasta cinco horas semanales sin pago; 38% reportó más que eso y 12% dijo trabajar 16 horas o más sin cobrar. El informe lo tituló: El trabajo gratuito no sale barato. Y añadió otra advertencia empresarial: “El trabajo no pagado no necesariamente beneficia a las organizaciones”.

Debemos entender que “las horas extra sin paga no roban sólo dinero; roban el regreso a casa digno, el merecido descanso y la convivencia familiar”, subraya Díaz.

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El Departamento de Trabajo de EU sostuvo que una regla buscaba que más trabajadores asalariados recibieran pago adicional si trabajaban más de 40 horas semanales. Pero la medida fue anulada en noviembre de 2024 por una corte federal en Texas y el Departamento volvió a aplicar el estándar anterior mientras apelaba. El Instituto de Política Económica recuerda que la ley federal estadounidense, fuera de las reglas de horas extra, no establece de manera general límites a las horas que un empleador puede exigir ni garantiza descansos o días libres para todos. Por eso el pago de horas extra funciona como una defensa mínima contra el trabajo extra.

Beth Milito, directora ejecutiva del Centro Legal de la Federación Nacional de Negocios Independientes, dijo que la regla era “otro aro costoso por el que deben saltar los dueños de pequeños negocios”. También afirmó que los negocios de la calle “no tienen equipos de abogados ni funcionarios de cumplimiento” para adaptarse cada vez que aparece una nueva norma. “Para el trabajador, las horas extra pagadas son justicia básica, pero para una parte del empresariado puede ser una carga que amenaza sus márgenes, sus precios y su operación”, comenta la economista.

Dawn Fay, presidenta operativa de Robert Half, dijo que “con el agotamiento en aumento, los gerentes deben tomar medidas para monitorear las cargas de trabajo, mantener comunicación abierta y apoyar el bienestar de los empleados”; subrayó que “el agotamiento no es sólo un problema del empleado, es un desafío empresarial crítico”.

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Para una persona que vive sola, la sobrecarga no tiene relevo; no hay otro adulto que cocine, escuche, cubra una emergencia, recoja una medicina o comparta el peso emocional de una semana mala. El Centro Nacional de Estadísticas de Salud de Estados Unidos encontró que los adultos que viven solos reportaban más sentimientos de depresión que quienes viven con otras personas: 6.4% frente a 4.1%; entre quienes vivían solos y rara vez recibían apoyo social o emocional, la cifra subía a 19.6%.

En las parejas hay menos conversación, menos paciencia, menos deseo, menos descanso y más conflicto por dinero, tiempo y cansancio. En las familias con hijos, el trabajo extra multiplica su impacto porque compite con tareas que no pueden posponerse. Las mujeres cargan una parte desproporcionada de esa presión. El informe Women in the Workplace 2025, elaborado por Lean In y McKinsey & Company, advierte que las empresas están en “un punto de inflexión crítico” y que “el progreso de la última década no está garantizado. Puede revertirse”. El estudio encontró que seis de cada 10 mujeres en puestos senior reportan agotamiento frecuente, frente a cerca de la mitad de los hombres en el mismo nivel, y señaló que la flexibilidad puede convertirse en estigma profesional. SurveyMonkey encontró que, entre mujeres cuyo equilibrio entre vida y trabajo empeoró, 53% señaló el aumento de carga laboral.

La Alianza Nacional sobre Enfermedades Mentales y la firma Ipsos encuestaron en 2025 a trabajadores de tiempo completo en empresas de al menos 100 empleados. Uno de cada cuatro dijo haber considerado renunciar por razones de salud mental y 7% afirmó que renunció. “La gente está pensando en irse, pero no siempre se atreve a decir por qué”, dice un informe. “Y es que hay un miedo a parecer débil o poco comprometido y eso mantiene el problema dentro del cuerpo del trabajador hasta que se convierte en una renuncia o una enfermedad o una ruptura”, señala Díaz. El futuro en materia laboral tenderá a complicarse un poco más con la aparición y desarrollo de la inteligencia artificial, según especialistas.

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