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Divertido, extrovertido, dulce. Así era Martin Duque Anguiano, de 14 años, nacido en Guerrero, una de las víctimas del tiroteo del miércoles en la escuela Marjory Stoneman Douglas.
Su hermano Miguel le rindió homenaje en Instagram, con una foto y este mensaje: “Las palabras no pueden describir mi dolor. Te amo, mi hermano. Te vamos a extrañar, amigo. Ahora sé que estás en un lugar mejor. ¡Duques para siempre! Te amo, junior”.
El homenaje siguió a horas de desesperación por no saber nada de Martin desde que ocurrió el tiroteo. “No sabemos nada de él, no usa teléfono”, había posteado Miguel en Twitter, junto con una foto identificando a Martin.
“Ayúdennos a localizarlo”, pedían sus papás a través de la televisión. “No sabemos nada de él y las autoridades no nos dicen nada tampoco”, relataba desesperado su papá, quien también se llama Martin. “La policía no nos deja pasar y estamos desesperados”, comentaba su mamá.
Martin Duque era una de cinco víctimas fatales que no habían podido ser identificadas. En las primeras horas de ayer, la policía y el FBI les dieron la noticia.
Aunque el gobierno de Florida se comprometió a hacerse cargo de todos los funerales, Miguel Duque solicitó en la página GoFundMe donativos para que su familia pueda enfrentar los gastos del caso.
Hasta anoche, había recaudado poco más de 11 mil dólares, cuando el objetivo inicial eran 10 mil. Allí, Miguel describió así a su hermanito: “Era un joven muy divertido, extrovertido y, en ocasiones, realmente callado. Él era dulce, cariñoso y querido por toda su familia. Por encima de todo, era mi hermanito. Mi familia y yo no tenemos palabras para describir el evento que ha sucedido en esta fecha, todas mis oraciones para todas las víctimas. Mi familia y yo apreciaremos cualquier cosa con la que puedan ayudar”.
Anoche, la Secretaría de los Migrantes y Asuntos Internacionales de Guerrero informó que Martin era originario de Santa Teresa, municipio de Coyuca de Catalán.
Son decenas y decenas los testimonios de sobrevivientes. De entre ellos, EL UNIVERSAL pudo obtener el de Sebastián González y su mamá, de origen venezolano y muy cercanos al otro latino que falleció en el tiroteo, el venezolano Joaquín Oliver, de 17 años. “Joaquín era muy buen amigo, muy buena persona”, dice Sebastián. “No me imagino ir a la escuela y no verlo o estar en una fiesta y no platicar con él”, comenta entristecido. “Joaquín era querido por todos, tenía novia y se llevaban muy bien, eran muy buenos amigos; no quiero pensar cómo se siente y cómo debe estar, igual que la familia de mi amigo”.
Lina Ramírez, mamá de Sebastián, dijo que “las horas que pasaron antes de saber que mi hijo estaba bien han sido las peores de toda mi vida, de verdad no se lo deseo a nadie”, subraya.
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