Miami.— Mientras la población en Cuba se las arregla como puede para poder comer lo que sea cada día, el gobierno cubano informó que sólo en los primeros dos meses de 2026 llegó mucha más ayuda humanitaria de varios países.
Entre el 1 de enero y el 17 de febrero destacan envíos puntuales: México mandó 814 toneladas de víveres, para la higiene y otras áreas; Corea del Sur anunció 24 mil 600 toneladas de arroz a través del Programa Mundial de Alimentos (PMA); China prometió unas 60 mil toneladas de arroz y 80 millones de dólares en nuevo financiamiento; España envió 1 millón de euros en alimentos a través de la ONU; Chile aportó otro millón a través de UNICEF; y Estados Unidos confirmó 6 millones de dólares adicionales a los contenedores con ayuda que entregó a la Iglesia cubana. Otros donantes menores no suelen revelarse, por eso en los partes oficiales de la isla suelen simplemente decir: “sin cifra pública”.
A pesar de estas decenas de miles de toneladas y millones de dólares de ayuda, la falta de comida en Cuba es un problema constante. Muchos cubanos ya no compran lo básico con la libreta de racionamiento porque las tiendas que aceptan pesos cubanos están “prácticamente vacías”, coinciden pobladores. Hay quien pueden buscar los mercados privados o cadenas que vendan en Moneda Libremente Convertible (MLC, dólar), “pero en esos lugares los precios son inaccesibles para la mayoría de los cubanos”, dicen a EL UNIVERSAL cubanos de a pie.
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Este diario habló con Selania, una ama de casa, quien confirmó que “eso es un dilema, por la inflación económica que existe actualmente y se me dificulta la economía en la casa actualmente”. Afirma que muchos productos son “inaccesibles”.
Contrastes
Pero mientras unas familias no tienen ni arroz en la despensa, otras que reciben apoyo a través de remesas llenan carros pagando en dólares. “El contraste es muy doloroso”, comenta otra madre de familia sin recursos.
Enrique, un cubano de la tercera edad, señala: “Yo compro muy pocos alimentos porque lo que gano son mil 543 pesos como asistenciado [jubilado] que no me da ni pa´naa, porque tengo que pagar la luz, tengo que pagar el agua y el alimento no me alcanza casi ni pa’varios días pa’limento”; se queja también de que “los alimentos están más en la parte de la divisa [dólares]. En la parte del pueblo, de nosotros el pueblo, no, no hay casi nada y aparte de eso, cuesta una millonada”.
Desde enero, las filas se acumulan, igual que las bodegas y tiendas vacías. Las restricciones eléctricas afectan molinos y neveras, y sin gasolina suficiente el transporte de alimentos no llega o no llega a tiempo.
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Los cubanos de a pie cada vez preguntan menos sobre la ayuda humanitaria. “Mira, históricamente las ayudas humanitarias siempre las ha manejado el gobierno; manejado de forma de que hemos visto —en lugares— hemos visto cajas que dicen ayuda humanitaria y se han estado vendiendo en lo que eran las tiendas de MLC”, asegura Selania, quien no ha recibido ningún tipo de apoyo ni ha visto a algún vecino o familiar recibirlo.
“Sigue pasando constantemente: la ayuda humanitaria la maneja el gobierno y al pueblo, realmente, que es a donde tiene que llegar, llega muy poca o ninguna”.
Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, informó el 12 de febrero sobre el inicio de la distribución de la ayuda mexicana en varias provincias. “En La Habana inició la entrega de módulos alimenticios provenientes del donativo del gobierno de México destinados a núcleos en situación de vulnerabilidad”.
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El reporte explicó que los productos incluían arroz, frijoles, aceite vegetal, leche en polvo y conservas, y detallaba que la distribución se realizaba a través de la red del Ministerio del Comercio Interior (MINCIN) y los gobiernos provinciales.
“Es la propaganda que se mandan hacer, salir a la calle con bolsas para entregar a familias escogidas que posen pa’la foto oficial”, dice a este diario un soldado cubano que pidió el anonimato. Afirma no estar de acuerdo con todo lo que pasa en su país, “pero tengo que camuflar pa’comer y darle a mi familia”. Insiste en que “ eso de que reparten —la ayuda humanitaria— no chico, eso no es verdad”.
Los informes oficiales del régimen enumeran toneladas de arroz, frijol, aceite, leche en polvo y enlatados. También incluyen artículos de higiene [jabón, pañales, kit sanitario] e insumos médicos [medicinas, jeringas, antibióticos]. Granma señaló que también han recibido “elementos para la reparación de techos” y sistemas de purificación de agua. En suma, casi todo el material sirve para alimentar, sanar o reconstruir viviendas.
Desde el Ministerio de Comercio Interior (MINCIN) de Cuba, los víveres van a los grandes almacenes estatales o son asignados a ministerios. La ruta oficial es larga: “En teoría, lo que se recibe queda registrado y luego el gobierno decide si va a hospitales, escuelas, orfanatos o colectivos de la agricultura”, explica el militar, y asegura que el resto suele ingresar al circuito normal de distribución alimentaria.
Envíos focalizados
Los cubanos señalan que la mayoría de esos envíos no aparecen directamente en su mesa. El Estado los focaliza. Por ejemplo, un comunicado oficial de noviembre de 2025 afirmó que las latas de aceite importadas por el Programa Mundial de Alimentos “sólo se han liberado para centros de protección social” y a “familias vulnerables”. Los programas de asistencia del gobierno [comedores infantiles, ayuda a ancianos, subsidios rurales] reciben mucho del donativo. Pero la mayoría de las familias comunes siguen dependiendo de la libreta y de comprar lo que puedan en las tiendas MLC o en el mercado negro.
“Esto de los alimentos es una cosa que hay que inventar, hay que buscar, sobre todo aquello que nos daban a nosotros subsidiado, aparentemente subsidiado, ya esos no van a la bodega [tienda], hay que depender de otro lugar”, comenta José Elías a este diario. “Hemos tenido que ir a las Mipyme… que, al fin y al cabo lo que hacen es explotar al cubano de a pie, que no recibe nada de ningún lugar, porque los salarios que tenemos son pobres totalmente… en fin, casi no se come ya”.
Las Mipymes (Micro, Pequeñas y Medianas Empresas) se dedican, desde 2021, a la importación y comercialización de alimentos, bebidas, electrodomésticos y artículos de primera necesidad, que luego venden en tiendas MLC o en pesos cubanos a precios elevados debido al costo de importación y la inflación interna de la isla.
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El gobierno cubano niega rotundamente los desvíos. En enero, el Ministerio de Comercio Interior publicó un comunicado que calificaba de “infundadas” las noticias sobre ventas ilegales. Repitieron que “se entregan de forma gratuita” todos los donativos, “especialmente a los más necesitados”.
Estados Unidos evita el circuito del Estado cubano y hace sus donativos a la ONG Cáritas, a cargo de la mayoría de las iglesias en la isla; los paquetes “se entregan a través de nuestras parroquias locales”, dice un feligrés. Cáritas y sus congregaciones eclesiásticas en la isla reciben la carga y a través de ellas reparten a las familias identificadas como las más necesitadas. La ventaja es doble, ya que los donantes pueden confirmar cada entrega (por ejemplo, un cura firma que entregó tal cantidad en tal barrio) y no dejan que el régimen lo toque.
Cáritas Cuba se ha convertido en el rostro más visible de la asistencia real. El 10 de febrero anunciaron la llegada a Santiago de Cuba de “siete contenedores” de ayuda desde la Unión Americana. Cáritas detalló cuál sería el destino final de esos víveres: las Diócesis de Bayamo-Manzanillo, Holguín y Santiago de Cuba. Eso significa que centros parroquiales específicos saben cuántos sacos les tocarán. Cada kit tiene nombre y apellido cuando sale de la iglesia. A diferencia del auxilio estatal cubano, que es difuso, en Cáritas cualquier beneficiario puede preguntar en su iglesia local y ver su nombre en lista y si no aparece, solicitar apuntarse. Esa claridad ha hecho que muchos habitantes de provincias orientales valoren recibir, aunque sea una bolsa de arroz o aceite directamente en la puerta de una parroquia.
Sin embargo, siete contenedores sirven apenas para unas decenas de miles de personas. Los demás cubanos siguen esperando.
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