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Incertidumbre, desconcierto, preocupación y estrés, son algunos de los síntomas que abundan entre los comerciantes británicos a un año y medio de la fecha prevista para la salida de Reino Unido de la Unión Europea (UE), 29 de marzo de 2019.
No es para menos, panaderos, restauranteros, comerciantes de frutas y verduras están convencidos de que habrá una escalada de precios, con consecuencias directas para el ambiente de negocios y el bolsillos de los consumidores, si Londres se queda sin acceso al mercado interior de la UE como está previsto en el escenario de un “Brexit duro”.
“¡Nos pegará muchísimo! El pescado, la carne, el vino, las especias, todo lo importamos porque tratamos de ser lo más auténticos posible”, dice a EL UNIVERSAL uno de los encargados de Camino, un restaurante de cocina española ubicado a pasos de la estación King Cross, que conecta a Londres con la Europa continental por vía férrea.
“La devaluación de la libra ya provocó escasez de leche, mantequilla y queso. Ahora sólo falta que suba la harina y la fruta, que importamos de Francia y Holanda. ¡No sé dónde va a parar esto!”, dice notablemente inquieto Pierre, de Aux Pains de Papy, una panadería artesanal que lleva tres generaciones.
Y es que salir de un bloque comercial no es fácil. Expuestos a lo que decidan en Bruselas los equipos negociadores dirigidos por el comunitario Michel Barnier y el ministro británico David Davis, el único “plan B” contemplado hasta el momento por los comerciantes es comenzar a llenar los almacenes de mercancías tanto como sea posible.
Según un estudio del Consorcio de Minoristas Británicos (BRC, por sus siglas en inglés), todos los sectores de la economía británica sufrirán si se alteran los beneficios preferenciales de la membresía en la UE, pero ninguno tanto como el sector de alimentos.
Los comerciantes minoristas y mayoristas británicos importan productos alimenticios por 5 mil millones y 15 mil millones de libras, respectivamente, y el 79% de las compras vienen de la UE.
Las bebidas, frutas, vegetales, carnes y pescado están en lo alto de la lista de las compras británicas que se benefician del mercado único, creado en 1993 y en el que circulan libremente los bienes, los servicios, el capital y las personas.
Para conservar el acceso al mercado interior, la Comisión Europea ha puesto como condición mantener la libre circulación de personas, lo cual parece improbable considerando que la campaña del Brexit se basó en la promesa de poner alto a la migración. De no alcanzar un acuerdo, la relación actual será reemplazada por las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Según el organismo, los aranceles sobre las importaciones de alimentos procedentes de la UE serían en promedio de 22%, aunque habría productos en los que las tarifas se dispararían hasta 45%, como el parmesano italiano; 44% con el queso che-ddar, y 39% con la carne irlandesa. Actualmente estos productos llegan a los hogares británicos con un arancel cero.
El informe del BRC dice que el escenario de la OMC pondría al sector alimentario “al borde del precipicio” elevando los precios al consumidor. “Debe evitarse mediante un acuerdo transitorio que reconozca la libre circulación para todos los bienes”, recomienda.
Aunque analistas como Damian Chalmers, profesor en derecho comunitario de la London School of Econimics, considera que la mayor amenaza no son las tarifas de la OMC, sino la eventual imposición de regulaciones y barreras no arancelarias dirigidas a evitar el acceso de exportaciones y servicios británicos.
El Centre for Economics and Business Research (CEBR) sostiene que la economía británica es altamente dependiente del mercado europeo y no hay ningún sector que no esté ligado al bloque. Tan sólo el comercio minorista total con la UE sumó 178 mil millones de libras en 2014, seguido por el manufacturero 165 mil millones y servicios financieros, 122 mil millones.
En tanto, la cruda del Brexit se siente entre los amantes del vino. La Asociación de Comercio de Vino y Espirituosas prevé que este año el precio promedio de una botella de vino aumente 10% entre Brexit, impuestos e inflación.
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