Con el tono grandilocuente que lo caracteriza, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó de “excelente, formidable” su encuentro con el mandatario ucraniano, Volodimir Zelensky, en Florida, en el que analizaron los 20 puntos de la propuesta de paz para acabar con la guerra que desató el líder ruso Vladimir Putin, al ordenar invadir Ucrania en febrero de 2022. Para Trump, las partes se están aproximando “muchísimo” a un acuerdo, y ahora “estamos más cerca de la paz que nunca”.
Pero es mejor leer con beneficio de inventario las aseveraciones de quien en 2024 dijo que, si resultaba elegido para la Casa Blanca, acabaría con la guerra de Ucrania en 24 horas, algo que no ocurrió. En contraste con la euforia de Trump, Yuri Ushakov, principal asesor del Kremlin en política exterior, enfrió desde Moscú el clima de la reunión en la residencia de Mar-a-Lago, Florida, al calificar las conversaciones de “poco constructivas”.
Y eso a pesar de las concesiones hechas por Zelensky. Desde su primera versión, el plan de paz hablaba de congelar el conflicto en la actual línea del frente, lo que implica que Rusia mantenga el control de cerca del 20% del territorio que Ucrania poseía en 2014, y del cual perdió la península de Crimea ese año y el resto tras la invasión de 2022. Moscú no ha logrado mayores avances en 2025 -apenas 0.77% de la superficie del país invadido- a un costo gigantesco en vidas humanas: 350 mil bajas entre muertos, heridos graves y desaparecidos.
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Aun así, el Kremlin exige que las tropas ucranianas se retiren de la zona oriental del Donestk, al sureste del país, que Kiev aún domina, y así estaba contemplado en el borrador original del plan esbozado por delegados de Trump y Putin a finales de noviembre. Según la propuesta inicial, tras el retiro del ejército ucraniano, el área se convertiría en una zona desmilitarizada neutral.
Pero tras varias rondas de negociaciones entre Washington y Kiev, incluida la de este fin de semana en Florida, fue incluida una contrapropuesta de Zelensky que plantea que los rusos también se retiren de la superficie que ocupan en el Donetsk, y que la zona desmilitarizada incluya tanto lo que hoy controla Rusia en esa región como lo que controla Ucrania.
Este es el punto más delicado. El Kremlin volvió a insistir en que, si quería el fin de las hostilidades, Zelensky debía renunciar a todo el Donbás, del que Donetsk es solo una parte. “Nada hace pensar que Moscú vaya a aceptar esa contrapropuesta de Kiev, y es muy probable que esto quede en evidencia esta semana y que volvamos a punto muerto”, le explicó en Paris a EL TIEMPO un diplomático europeo familiarizado con las negociaciones.
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Pero hay más aspectos complicados. Uno de los puntos acordados por Trump y Zelensky prevé que Washington ofrezca garantías de seguridad militar por hasta 15 años, lo que implica que Estados Unidos apoyaría a Ucrania ante un nuevo ataque de Rusia. Además, los ucranianos podrían conservar un ejército de 800 mil soldados (por encima del tope de 600 mil exigido por el Kremlin) y, lo que es aún más chocante para los rusos, que como garantía haya tropas extranjeras -presumiblemente de los aliados europeos de Kiev- en Ucrania.
Finalmente, el texto aprobado en Florida este domingo incluye el ingreso, antes de 2027, de Ucrania a la Unión Europea, no así a la OTAN, organización de la que seguiría excluida. “Aunque a Putin sin duda le satisface matar el ingreso de Kiev al organismo de defensa atlántico, todavía tendría que tragarse el sapo de su inclusión en la Unión Europea que, de hecho, crearía nuevas solidaridades de las potencias europeas con los ucranianos”, agregó la fuente diplomática.
“Es probable que Rusia rechace las concesiones ofrecidas por Ucrania sobre los acuerdos territoriales”, escribió este lunes el analista Constant Meheut, corresponsal del New York Times en el frente de guerra. “El Kremlin -agregó- ha dicho en repetidas ocasiones que su objetivo es la toma militar total de Donetsk, ya sea en el campo de batalla o en la mesa de negociaciones...”
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África central y Medio Oriente
Mientras la incertidumbre planea sobre Ucrania y hace pensar que la guerra continuará al menos durante los primeros meses de 2026, otros focos de conflicto asoman en América Latina, África, Medio Oriente y el sudeste asiático. “Lamentablemente, hay menos opciones de apagar el enorme incendio de Ucrania, que del estallido de otras conflagraciones en diferentes regiones del planeta”, anotó la fuente.
En el Medio Oriente, el cese al fuego en la arrasada franja de Gaza se mantiene, a pesar de su fragilidad. Pero Israel continúa sus ataques en Cisjordania, la otra región que los palestinos obtuvieron tras las negociaciones de paz de fines del siglo pasado. Allí no sólo hay continuas operaciones militares de Tel Aviv contra reductos de Hamás y otros grupos, sino que Israel sigue estableciendo asentamientos urbanos, en contravía de los compromisos que adquirió en esos acuerdos.
En cuanto a Irán, a las capitales europeas y a Washington siguen llegando informes de los esfuerzos de los ayatolas por desarrollar su programa nuclear. “La opinión unánime entre los conocedores es que, si bien los bombardeos de Estados Unidos en junio contra tres de sus plantas causaron daños significativos y atrasos en el programa nuclear iraní, ese programa no ha muerto e Irán quizás conserve cantidades de uranio enriquecido suficiente para construir hasta 10 bombas”, le explicó hace algunas semanas a EL TIEMPO un experto francés vinculado a las labores de supervisión de estos desarrollos.
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Otro foco conflictivo en esa región es Siria, donde, a pesar de los esfuerzos de estabilización del presidente Ahmed al-Charaa, la fuerza aérea de Estados Unidos llevó a cabo una serie de bombardeos contra más de 70 reductos de los terroristas del Estado Islámico (ISIS), días antes de Navidad, en represalia por la muerte de dos militares y un intérprete estadounidenses en la ciudad de Palmira. Si esa organización terrorista sigue operando en Siria, la pacificación del país estará en vilo en 2026.
Los islamistas radicales no dejan de activar conflictos en el África subsahariana y central, en Mali, Chad, Sudán, Sudán del Sur, Nigeria, Níger y Somalia. En cooperación con las autoridades de Nigeria, el 25 de diciembre Estados Unidos lanzó ataques aéreos contra objetivos del Estado Islámico en la región noreste de ese país africano. Fue en respuesta a una masacre de cristianos, atribuida días antes por Washington a ese grupo terrorista.
Venezuela y China
Latente, pero con creciente tensión, permanece un conflicto larvado desde hace años, que se ha venido agravando en los años recientes y que nace de la decisión de China de hacer realidad su deseo de incorporar a su territorio y gobierno a la isla de Taiwán, el reducto que conservaron los nacionalistas de Chiang Kai-shek, tras ser derrotados por el ejército comunista de Mao en 1949.
Las declaraciones de la primera ministra de Japón y la dura respuesta de China aumentan el nerviosismo en esa región.
Constantes maniobras aéreas y navales de las fuerzas armadas de Pekín en el estrecho de Taiwán y en otras áreas del mar de China que circundan la isla independiente, alimentan el nerviosismo. Los efectos de un estallido armado en la zona serían gravísimos para la economía mundial, pues por allí transita más del 20% del comercio del planeta.
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La tirantez aumentó este año tras la elección en Japón de Sanae Takaichi, la primera ministra ultranacionalista, quien no sólo se identifica con Trump -que tiene a China en la mira como potencia a derrotar-, sino que a inicios de noviembre le advirtió a Beijing que, si atacaba a Taiwán, colocaría a Japón en “una situación de crisis” y ello podría justificar la intervención de las fuerzas militares niponas.
Voceros del gobierno del presidente chino Xi Jinping exigieron a Takaichi que cesara sus “injerencias internas” (Pekín considera a Taiwán como parte de China). Las autoridades chinas también han expresado su preocupación por lo que denominan “la escalada militarista” de Japón. Si antes de estos roces entre Pekín y Tokio -que el 2 de diciembre desataron incidentes navales cerca de las islas Senkaku, al este de Taiwán-, había tensiones, éstas se van a elevar en 2026 porque Takaichi se muestra decidida a ponerle un freno a China.
El foco de tirantez e incertidumbre en América Latina está en Venezuela. Desde agosto, una poderosa fuerza aeronaval de Estados Unidos fue desplegaba en aguas internacionales del Caribe, al norte de Venezuela, y con el paso de las semanas, Washington aumentó sus capacidades. Aparte de una treintena de ataques contra lanchas rápidas que, según el Pentágono, transportaban droga, esas fuerzas han detenido buques petroleros que violan las sanciones contra la dictadura de Nicolás Maduro. Y este lunes, Trump confirmó un bombardeo contra “una gran planta o una gran instalación de donde salen los barcos” con droga, en territorio continental venezolano, una vuelta de tuerca que acerca la chispa al barril de pólvora.
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¿Dará Trump la orden para una intervención militar en Venezuela, a cuyo gobierno Washington le desconoce toda legitimidad al calificarlo de organización narcoterrorista? La mayoría de los analistas coincide en que no se trataría de una invasión en forma, sino de operaciones de comando o bombardeos quirúrgicos contra los jerarcas del chavismo. De cualquier modo, este foco de conflicto es, de todos los del planeta, el que amenaza con estallar primero en 2026.
Analista senior
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