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El domingo finalizó la carrera de uno de los jugadores más destacados que hemos tenido en el futbol mexicano, pero entre la Serie Mundial y el Gran Premio de México , el adiós de Gerardo Torrado no ocupó los planos de relevancia que su exitosa carrera demandaba.
Futbolista en toda la extensión de la palabra.
Si uno buscara las cualidades que debe tener un profesional para alcanzar niveles de éxito, en Gerardo Torrado hallaremos prácticamente todas.
Indudablemente tenía talento. Hablamos de uno de los mejores medios de contención en la historia de nuestro futbol. En él reconocían a un líder en positivo, de esos que promovía los esfuerzos con el ejemplo, que impulsaba y provocaba. Lo hacía dentro y fuera de la cancha.
El Borrego , como le decía su gente cercana, desafió con inteligencia y bases al sistema del futbol mexicano (habría que recordar su partida al futbol europeo); peleo y ganó.
En él había sobredosis de disciplina: trabajaba diariamente con seriedad y profesionalismo. Potencializó sus cualidades para minimizar sus deficiencias, que las tenía, claro está.
Su trayectoria en Selección es extensa como pocas, no sólo en el número de convocatorias, sino en la cantidad de conquistas. Repasando la historia del equipo mexicano de 2000 al 2014, encontraremos su nombre con frecuencia.
Nunca perdió el tiempo, todo lo contrario; prueba de ello es que mientras jugaba (y lo hacía a muy alto nivel), cursaba la Licenciatura en Administración de Negocios, misma que concluyó en 2011.
Se retiró jugando en la considerada Segunda División de Estados Unidos , y uno podría pensar que merecía un mejor desenlace, pero al final hizo lo que quiso y como lo quiso, y así lo hizo siempre.
Y sí, uno también podría pensar que tan digna carrera merecería un título de Liga, pero Gerardo Torrado tiene conquistas más grandes, importantes y especiales que un trofeo.
Le viene una nueva etapa, y al futbol mexicano le viene un directivo de los que tanta falta le hacen.
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