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En época de lluvias es habitual ver coladeras saturadas, encharcamientos e inundaciones que causan severos estragos en viviendas o bajopuentes. Todas esas afectaciones hacen que nos preguntemos ¿qué pasa con los miles de litros de agua que se van por las coladeras?, ¿cómo funciona el sistema de drenaje de la Ciudad de México?
Aunque no la vemos a simple vista, la red de la capital es una “gran y muy compleja” obra, compuesta por gigantescos tubos de concreto, en algunos casos, de hasta 200 metros de profundidad, por donde circulan litros y litros de agua residual y de lluvia todos los días.
Más de 14 mil kilómetros de tubería conforman a este gigantesco sistema —lo suficiente como para recorrer varias veces de Cancún a Tijuana—, señala el subsecretario de Operación de Infraestructura Hidráulica y Eficiencia, de la Secretaría de Gestión Integral del Agua (Segiagua), Ricardo Alberto Munguía Alfaro.
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Este sistema está integrado por tres grandes secciones, explica en entrevista con EL UNIVERSAL: la red secundaria, conformada por tubos de menor tamaño, que son los que pasan por las calles y conectan el agua residual y pluvial; la red primaria, compuesta por 2 mil kilómetros de tubos de mayor tamaño, y el drenaje profundo, que consta de tuberías con unos seis metros de diámetro y cuyas profundidades alcanzan los 40, 60 y hasta 200 metros, es decir, “una infraestructura enorme”.
¿Por qué se construyeron obras tan grandes para desalojar el agua en la capital? Una de las razones, apunta Munguía Alfaro, es que la Ciudad de México se fundó sobre un lago con una característica muy especial: un lago endorreico, es decir, que no tenía salida al mar.
“Realmente la cuenca del Valle de México no tiene una salida natural al mar para desalojar toda el agua pluvial o sanitaria que cae en esta zona, así que por eso se hicieron esos grandes drenajes profundos, para poder desalojar al exterior”.
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Cinco décadas en funcionamiento
Uno de los componentes más importantes del sistema hidráulico en la ciudad es el drenaje profundo, cuya construcción inició en 1967 y fue inaugurado en junio de 1975, hace poco más de 50 años, obra que aún sorprende por sus dimensiones, pero que ante el aumento en la densidad poblacional —con más de nueve millones de personas— y los embates del cambio climático, puede resultar insuficiente.
El último tramo que se añadió fue el Túnel Emisor Oriente (TEO), inaugurado a finales de 2019.
Al drenaje profundo “hay que reconocerle que ha sido una obra crucial para el funcionamiento de la ciudad”, afirma a EL UNIVERSAL Fabiola Sosa Rodríguez, jefa del Área de Crecimiento y Medio Ambiente de la UAM Azcapotzalco, pues se construyó para tratar de prevenir inundaciones que dejaran a la Ciudad de México “bajo el agua”, como ocurrió en años anteriores a su creación; por ejemplo, la de julio de 1951, ocasión en que la capital permaneció inundada por tres meses.
Sin embargo, advierte que cuando se planeó este proyecto, en la década de los 70, estaba pensado que pudiera atender a unos 10 millones de habitantes, entre la Ciudad de México y los municipios conurbados. Es decir, este sistema está atendiendo a más del doble de su capacidad inicial.
“Ahorita superamos la Zona Metropolitana, la Ciudad de México y los municipios conurbados —y no sólo del Estado de México, sino también de Hidalgo—. Estamos hablando de más de 20 millones de personas, entonces, el sistema está atendiendo hacia el doble de la población en una ciudad mucho más completa y con muchísimas más demandas”, indica.
A lo anterior hay que añadir un contexto distinto al de las décadas pasadas, pues antes “el cambio climático no dejaba sentir sus impactos con la contundencia que la hace ahora, con lluvias atípicas que cada vez se vuelven más típicas”, dice, al recordar la recién concluida temporada de lluvias, que de acuerdo con datos de la Secretaría de Gestión Integral del Agua, ha sido el año con más precipitaciones en los últimos 40 años.
“En realidad, para lluvias ‘normales’, el drenaje profundo es perfectamente funcional: lluvias de 30 milímetros o menos, pero estamos presenciando, tan sólo este año con el fenómeno de La Niña, lluvias que superaron los 60 milímetros, que se catalogan como lluvias torrenciales y que cambiaban las alertas de naranja y roja a morada, y que implicaban que por supuesto iba a estar con creces superada la capacidad del drenaje profundo”, advierte.

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Ante esto, la especialista considera que se requiere de un proceso de “reflexión importante” sobre el drenaje profundo, aunque advierte que no sólo por parte del Gobierno de la Ciudad de México, sino de las administraciones de toda la Zona Metropolitana.
“Reflexionar sobre cómo atender los distintos retos que enfrenta esta infraestructura, porque la realidad es que si bien durante la temporada de estiaje se le da mantenimiento, las necesidades de modernización, reparación de tramos dañados, incluso modernizar la tecnología de bombeo, requiere de inversiones importantes y que sean sostenidas en el tiempo, y sobre todo, se requiere reflexionar sobre cómo redimensionar su operación por las lluvias”, indica Sosa Rodríguez.
Detalles de la intervención
El subsecretario de Operación de Infraestructura Hidráulica y Eficiencia, Ricardo Alberto Munguía Alfaro, reconoce que no se puede dar servicio y mantenimiento a los 168 kilómetros que conforman al drenaje profundo, pues incluso hay tramos que llevan años sin tener una inspección.
No obstante, comenta que este año se dará mantenimiento a algunos puntos identificados como conflictivos, y se hará una “gran campaña” de inspecciones dentro de esta gran obra.
“Progresivamente a lo largo de la administración se estará diagnosticando, limpiando y viendo qué acciones tomar en el drenaje profundo, porque también hay secciones en el drenaje profundo que hace muchos años no se ve en inspección, es decir, hay que meter a un equipo de trabajo con equipamiento especial, con cámaras, con escáneres para poder determinar qué tan comprometido está el drenaje profundo e ir tomando acciones, pero tenemos muchos años, hay muchos años que no se han metido al drenaje profundo, así que conocemos las condiciones en función de su operación, pero no sus condiciones reales porque no nos hemos metido”, señala.
El funcionario explica que actualmente se están haciendo maniobras para cerrar las presas, vaciar el drenaje profundo y acceder y empezar a hacer un diagnóstico, lumbrera por lumbrera.
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Adelanta que por primera vez, la administración de la Ciudad de México contempla hacer desazolves en el drenaje profundo, particularmente en el Túnel Emisor Oriente, para aumentar la capacidad de conducción.
“Inicialmente vamos a hacer un diagnóstico para saber cuánto azolve, cuál es la condición que mantiene este drenaje profundo, y ya que tengamos esta condición, vamos a meternos con maquinaria, con dragas, con unos unimog, para empezar a desalojar el agua de este drenaje profundo”.
Adicionalmente, las autoridades prevén cuadruplicar las longitudes que se desazolvan de tuberías tanto de la red primaria como secundaria, para dar mantenimiento al sistema, trabajos que darán inicio en estos días, ya que concluyó la temporada de lluvias.
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Serán 2 mil kilómetros de red primaria a los que se les dará mantenimiento para que estén listos para la próxima temporada de lluvias, y se trabaja en un proyecto con las alcaldías para determinar cuántos kilómetros de los 11 mil de la red secundaria se atenderán por parte de Segiagua y cuántos por parte de las demarcaciones.
Lo ideal para mantener las buenas condiciones en este sistema sería hacer una “hidrolimpieza” a toda la tubería por lo menos una vez al año, explica el subsecretario, y advierte que en una red tan grande como la de la Ciudad de México, los cuellos de botella son las redes de colectores.
“Nosotros pretendemos que este año sea dos veces. Vamos a empezar ahorita con la limpieza de la red primaria, con los camiones de desazolve y los malacates y la hidrolimpieza, y antes de que empiece la temporada de lluvia, vamos a darle un segundo mantenimiento para que esté en las mejores condiciones”, finaliza el funcionario.

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