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Las manos no bastan a pesar de que el estruendoso ruido de las máquinas, los palos y los picos no deja de sonar.
Miles de voluntarios, rescatistas, marinos y militares han aumentado y pese al cansancio, la búsqueda de personas sigue entre los escombros de dos edificios de la Colonia Roma e Hipódromo Condesa, respectivamente.
En la esquina que hacen las calles Ámsterdam y Laredo, el sismo de 7.1 grados Richter desplazó el edificio de ocho niveles hasta colapsarlo; el conserje del lugar, calcula que había cerca de 10 personas cuando la tierra se cimbró.
Las labores de rescate lograron sacar a tres personas, entre ellas una niña de tres años; siete más aún son buscadas entre gigantescos trozos de concreto que se resisten a ceder a pesar de que se han reforzado los trabajos.
La noche, ni la madrugada alcanzaron para localizar un cuerpo más. Aunque los perros sabuesos del Ejército Mexicano ladraron en cuatro ocasiones, no ha sido posible ver el rostro de alguna de las víctimas aún sepultadas en esa escena de terror.

En la misma zona de la Ciudad de México, pero en la Colonia Roma , la estructura de otro inmueble ubicado en la esquina de las calles San Luis y Medellín de tres pisos acabó con la vida de dos personas; una más fue rescatada y, otra todavía es buscada por los heroicos rescatistas.
Los aplausos retumbaron varias de las oscuras cuadras a la redonda, cuando por la tarde se logró sacar en camilla y con vida a una de las víctimas, pero se guardó silencio toda la noche, al no aparecer un oficinista que quedó atrapado en lo que quedó del segundo nivel, techado por cierto de concreto, polvo y acero.
Aquí, también han llegado más hombres y mujeres con chalecos naranjas y verdes, con reflejantes en ambos lados dispuestos a remover los escombros, preparar alimentos para los brigadistas o hacer vallas de contención para resguardar las zonas de mayor riesgo.
Se notan agobiados, cansados, pero son imparables en sus largas filas para de mano en mano trasladar el escombro hasta los camiones de volteo y así despejar la zona que les permita encontrar a alguna de las víctimas.
El sol apareció y con ello, para don Matías –un socorrista voluntario-, una oportunidad más para salvar vidas y recuperar los cuerpos de los que han muerto durante la tragedia que sacudió a por lo menos cinco estados y por la magnitud del siniestro a toda la República Mexicana.
cfe
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