Las Fuerzas Armadas, navales y de la Guardia Nacional desplegadas en el combate contra las estructuras de la delincuencia organizada han pagado un alto costo humano: durante 2025, 87 de sus elementos cayeron en cumplimiento del deber.
Los fallecimientos se han registrado en una variedad de escenarios de alto riesgo: ataques con armas de fuego, detonación de explosivos improvisados, accidentes aéreos, incidentes en saltos de paracaídas, accidentes automovilísticos e incluso ahogamientos.
Sinaloa, Michoacán y Chihuahua encabezan la lista de entidades con el mayor número de bajas entre efectivos castrenses y navales, con un total de 40.
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Para el investigador Alberto Olvera, la muerte de efectivos castrenses es una consecuencia directa de la militarización de la seguridad pública, así como de la persistente debilidad de las policías locales, muchas de las cuales carecen de la capacidad o confiabilidad necesarias.
Por su parte, Jacques Coste, especialista en el análisis de la guerra contra el narcotráfico, destacó que los efectos de la militarización recaen en la tropa: soldados que enfrentan directamente los riesgos de las operaciones que se realizan sobre el terreno.
“En México, el Ejército sigue siendo un mecanismo de movilidad social ascendente y, por tanto, muchos de estos soldados que han muerto en operaciones son familias de clase trabajadora, familias del pueblo uniformado”, indicó el analista.
El Ejército
Los integrantes del Ejército han asumido el peso principal de las operaciones desplegadas en el territorio nacional y, por ende, sus filas han sufrido las mayores bajas en 2025: 68 de sus efectivos murieron, de acuerdo con informes oficiales obtenidos por EL UNIVERSAL a través de transparencia.
En 26 casos, los elementos murieron por arma de fuego en distintos puntos del país, y siete bajas más se produjeron por la detonación de artefactos explosivos improvisados, todos en el estado de Michoacán.
En el marco de operaciones de seguridad y combate al narcotráfico, 27 efectivos murieron en accidentes automovilísticos. A estas pérdidas se suman otros decesos por ahogamiento, accidentes aéreos —dos de ellos—, incidentes durante saltos de paracaídas y atropellamientos, reflejando los múltiples riesgos que enfrentan las fuerzas en el terreno.
El mayor número de bajas entre los efectivos del Ejército se registró en los estados de Sinaloa y Michoacán, con 15 decesos en cada uno, seguidos por Guanajuato, donde murieron siete militares.
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Para el especialista Jacques Coste, la muerte de efectivos militares y navales ha sido una constante de los últimos 20 años, en los cuales la política del Estado mexicano se ha militarizado. “Eso ha redundado en cientos de muertes de militares mexicanos en combate, en un combate no reconocido como tal, porque nunca se ha reconocido que hay un conflicto armado interno en México, pero lo hay y ese conflicto armado interno ha cobrado la vida de cientos de militares”, advirtió.
Jacques Coste consideró que, independientemente de las razones sobre cómo se combate a los cárteles de la droga, no se deja de reconocer lo grave que es la muerte de elementos del Ejército.
“Me parece que no se reconoce lo suficiente a la tropa; sin embargo, al mismo tiempo considero que es peligroso fomentar una cultura en la que se enaltecen demasiado las virtudes de los soldados, pues ello puede favorecer el militarismo cultural, como en Estados Unidos, y la normalización de la militarización de la seguridad pública, como ya ocurre en México”, señaló.
La Guardia Nacional
La Guardia Nacional, institución de carácter militar integrada al dispositivo de combate contra el crimen organizado, ha pagado su cuota de sangre: 12 de sus agentes cayeron el año pasado durante operaciones en distintas regiones del país, documentó la organización civil Causa en Común.
No obstante, el golpe más severo para esta corporación ocurrió el 22 de febrero pasado, cuando 25 de sus integrantes murieron durante el operativo en el que fue abatido Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, "El Mencho", líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en Tapalpa, Jalisco.
El sociólogo e investigador especializado en teorías de la sociedad civil, movimientos sociales y democracia Alberto Olvera consideró que la emboscada que sufrieron los 25 agentes de la Guardia Nacional en Jalisco demuestra la importancia de que haya policías municipales y estatales confiables y autónomas, puesto que actualmente no se confía en ellas para contrarrestar respuestas violentas del crimen organizado.
“Mientras no haya no sólo coordinación operativa, sino confianza en estas fuerzas locales, no se podrá combatir adecuadamente al crimen organizado, y esta es una tarea de largo plazo”, dijo.
“Hoy en día, las policías locales están cooptadas o controladas por el cártel (CJNG) en buena parte del occidente del país y en otros estados, y esta tarea de construir policías estatales y locales sigue sin llevarse a cabo”, expuso.
La Marina
Las fuerzas navales adscritas a la Secretaría de Marina-Armada de México también han sufrido bajas: siete de sus efectivos perdieron la vida durante 2025 en actos de servicio y operaciones dirigidas contra las estructuras del crimen organizado, de acuerdo con el informe de transparencia.
Los marinos han caído en diversas regiones del país: desde Quintana Roo, en el sureste, hasta Guerrero y Oaxaca, en el Pacífico mexicano; pasando por Veracruz, en la costa del golfo de México, y llegando a los estados del norte, como Tamaulipas, Sinaloa y Sonora, lo que refleja la presencia operativa de la Marina en el territorio nacional.
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