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Chihuahua.— Son las 11:00 de la mañana, el sol llega hasta lo más alto y no hay una sola nube que mitigue sus rayos. El termómetro marca los 40 grados y cualquier ligero viento cala en el rostro, pues lejos de refrescar se siente caliente como un horno.

Para Carmela y su familia esta es la peor época, llevan cinco años viviendo en un par de cuartos de madera, mismo tiempo en que no han tenido servicio de agua potable, por ello cada semana deben sobornar al velador de una finca cercana para que los deje conectarse a una toma clandestina y con ello abastecer tinacos, tambos y cubetas que tienen en su patio.
“Tenemos que pagar 100 pesos cada semana. Es lo que nos cobran por dejarnos poner una manguera y llenar todo. Aquí no hay agua (potable) y las pipas no vienen”.

Relata que existe la posibilidad de establecer el suministro de una manera legal; sin embargo, su familia tendría que pagar la tubería para conectarse a la red general, pero su casa se ubica a casi 40 metros de ésta y los costos son elevados para los Chávez.
La familia parece resignada, cada fin de semana seguirán escabulléndose de noche a robar agua. Aunque Carmela revela que la toma de la que se conectan también es clandestina.
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