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Brasil reclama a EU trato a deportados; fueron esposados como un “flagrante desprecio a sus derechos”, acusa
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Ante deportaciones de Trump convierten salón de fiestas en albergue; así luce el Centro de Atención en Migrante en Tijuana
estados@eluniversal.com.mx
Las mazmorras del Centro de Readaptación Social (Cereso) de Atlixco lucen oscuras y vacías. Los pocos rayos de sol que se cuelan por las reducidas celdas sólo dejan ver imágenes religiosas, una que otra biblia y una guitarra abandonada.
Hasta hace 30 días, los diminutos cuartos construidos hace décadas albergaban, cada uno, a cuatro reos apelmazados. En total, 164 internos (incluidas 10 mujeres) purgaban condena en el Cereso de Atlixco, en el Centro Histórico de este pueblo mágico golpeado por el sismo del 19 de septiembre pasado.
El movimiento telúrico dejó al descubierto las paredes cuarteadas construidas con adobe, pero también, por vez primera desde 1936, quedaron deshabitadas las celdas de hombres y mujeres que perdieron el camino.
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“Señor, ten piedad de mí, ayúdame, no me dejen solo, te lo suplico, por favor, usted que es tan grande y poderoso, sé que he pecado, te pido perdón por mis horrores”, se lee escrito con lapicero en una desvencijada biblia en las galeras donde vivían ladrones, homicidas, secuestradores, extorsionadores y tratantes de blancas.
Cambio en los Ceresos. Así como luce la penitenciaría de Atlixco —ubicada en el edificio construido en 1614 que alberga el Palacio Municipal— también se encuentran las cárceles de Izúcar de Matamoros ( en el antiguo Ayuntamiento) y Chietla, que debieron ser desalojadas por los graves daños que les provocó el sismo de 7.1 grados.
Los 379 internos de las tres penitenciarias continúan su condena en el Cereso de San Miguel, en Puebla; mientras que los viejos edificios carcelarios, esperan ser rehabilitados y transformados en museos, donde se conservará, estudiará, expondrá y difundirá la historia del estado.
“Los edificios ya no sirven, son históricos del siglo XVI, XVII y XVIII; tendremos que arreglarlos y serán museos”, anunció el gobernador de Puebla, Antonio Gali.
Los tres órdenes de gobierno construirán tres nuevos penales que suplirán a los maltrechos Ceresos de Atlixco, Izúcar de Matamoros y Chietla, que carecían de las mínimas normas para albergar a los internos.
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“Se aplicó el protocolo de sismos, que es poner a los reos en lugares seguros, como son los patios, y cada custodio es responsable del área que cuida”, explicó el Secretario de Seguridad Pública estatal, Jesús Morales.
El funcionario estatal detalló que una vez que pasa el sismo se verifican las instalaciones, se pasa lista y regresan a sus actividades; sin embargo, en estas tres cárceles la infraestructura no resistió y los internos debieron ser reubicados. Su vida corría peligro.
Policías municipales, estatales y federales sacaron a 183 reos del penal de Izúcar de Matamoros, a 164 de la penitenciaria de Atlixco y a 32 de la cárcel de Chietla, las regiones que sufrieron más daños por el terremoto.
Nostalgia de mando. El Cereso de Atlixco era el que contaba con una mayor sobrepoblación, de acuerdo con el reporte de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH). “En 2015, la población era de 312 reos para un inmueble pequeño y con capacidad real para 80 personas”, reveló el director del penal, Humberto de la Luz Bolaños, mando de la Policía Municipal.
Hoy el jefe policial deambula por los restos que dejaron los reos en el desvencijado edificio, con algo de nostalgia por los 20 años que llevaba conviviendo en ese entorno.
Recuerda que los internos, para ganarse la vida, confeccionaban bolsas bordadas y en las fiestas decembrinas lograban diseñar hasta 6 mil piñatas, las cuales eran vendidas.
“Sí se siente feo, imagínese, 20 años trabajando en el lugar, se siente tristeza”, confiesa. Sin embargo, dice que es bueno verle lo positivo, pues el inmueble posiblemente sea un museo; la penitenciaria se construirá en un lugar nuevo y digno para esas personas que purgan su condena.