Chilpancingo.— Son las 7 de la noche del miércoles. Fuera de la estación Registro Federal, de la Línea del Tren Ligero, sobre en la Ciudad de México, arriban las primeras madres buscadoras con los rostros de sus hijos e hijas impresos en lonas.

En el contingente, que no pudo llegar al Estadio Ciudad de México debido a un cerco de policías, está, madre de Jhonatan Guadalupe Romero Gil. Ella llegó a la capital después de superar varias peripecias.

Viajó más de nueve horas, de Acapulco a la Ciudad de México. La mañana del miércoles se montó en una Urvan que pagó con el dinero que recaudó junto a sus compañeras del colectivo Memoria, Verdad y Justicia de Acapulco.

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Ahí iban Olga Lidia Mendoza Chávez, quien desde hace 15 años no para de buscar a su hijo Rafael Reyna Mendoza; Xóchitl Osmayda Leal Saligán, que busca a su hijo Édgar Yair Leal Saligán; Brenda Huerta Albarrán, que va a donde sea para exigir la presentación de su hijo Eduardo Enrique López Huerta, y Liliana Carrera Castro, que quiere de vuelta a su hermano Saúl.

También las acompañó Darío Rojas Rivas, que lucha porque su madre, la doctora Adela Rivas Orbé, tenga justicia.

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La madre de Jhonatan llegó a la Ciudad de México por la misma razón que todas: para gritar al mundo —que estaba atento a la inauguración del Mundial de Futbol— que en México se vive una crisis humanitaria por tantas desapariciones.

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Socorro Gil dijo que viajó a la capital para que sepan que la desaparición en el país no es un crimen aislado sino algo sistemático. Para gritarle al mundo que en México muchas de las desapariciones las comete un militar o un policía, como en el caso de Jhonatan, quien el 5 de diciembre de 2018 fue detenido por policías municipales de Acapulco.

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“Vine a levantar la voz, este gobierno está negando las desapariciones. No nos quiere escuchar. Por segunda ocasión rasura las cifras oficiales. No quiere aceptar que hay desapariciones forzadas cuando la prueba es mi hijo, que fue desaparecido por policías municipales”.

La Copa Mundial, pero particularmente el futbol, es algo complicado para Socorro Gil, pues para Jhonatan este deporte es su pasión.

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“Desde que estaba en mi panza yo le decía que iba a ser futbolista porque me daba muchas patadas. Desde muy pequeño, desde que nació, yo creo, siempre le gustaron los balones. Cuando tenía 11 años tuvo un accidente, tuvo fractura de cráneo y tenía prohibido jugar con balones, le escondí todas las pelotas y un día lo dejé con sus hermanas en su cama porque estaba en reposo, duró en reposo casi dos meses. Cuando regresé lo encontré en su cama y estaba lleno de pelotas, hizo pelotas de periódico”, contó la buscadora.

Este 2026 pudo haber sido un gran año para Jhonatan: su equipo, Cruz Azul, salió campeón, y ver jugar a la Selección Mexicana, le gustaba mucho.

La mañana del jueves 11 de junio, Socorro Gil y todas las demás integrantes del colectivo estuvieron en el Centro de la Ciudad de México. En medio de la fiesta mundialista, las madres buscadoras gritaron sus consignas.

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“¡México es campeón en desaparición!”, se escuchó en la calle 20 de Noviembre, que desemboca directamente al Zócalo.

La fiesta no se interrumpió, apenas algunos las voltearon a ver, recuerda. Nadie intentó callarlas, pero tampoco nadie se unió a una de las demandas más sentidas que tiene este país: 133 mil personas desaparecidas.

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El grupo de madres buscadoras se fue abriendo paso entre la euforia por la inauguración del Mundial de Futbol. Tomaron una esquina y no permitieron que la desaparición de su hijo, hija, madre, padre, hermano, hermana, esposo, esposa pasara desapercibida la mañana del jueves.

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