Puebla.— En un pequeño taller sobre el carril a Morillotla, en San Bernardino Tlaxcalancingo, entre llantas, compresores de aire y herramientas manchadas de grasa, trabaja Laura Cortés Pineda, una poblana de 59 años que desde hace casi cuatro décadas se dedica a un oficio que por mucho tiempo fue considerado exclusivo de hombres: la .

Con 38 años de experiencia, Laura no sólo repara neumáticos, también ha logrado abrirse camino en un mundo dominado por varones, demostrando que la capacidad y el trabajo no tienen género.

El origen del negocio se remonta a hace 41 años, cuando su esposo abrió la talachería “Pulgarcito” en un punto estratégico de la carretera federal Puebla–Atlixco, a la altura del kilómetro 4.

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En ese entonces, esa vialidad era una ruta muy transitada por camiones y tráileres, lo que convertía el lugar en una parada obligada para quienes tenían problemas con sus neumáticos.

En aquellos primeros años, Laura participaba de manera distinta: ayudaba con la administración del negocio, hacía facturas y se encargaba de preparar la comida para su esposo mientras él trabajaba, pero la curiosidad terminó por cambiarlo todo.

“Me gustó, me llamó la atención aprender... si no me hubiera gustado no le hubiera entrado. Ahora las mujeres ya podemos hacer lo que queramos”, recuerda.

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Aprender entre golpes y errores

Aprender el oficio no fue nada fácil. Durante tres años, Laura tuvo que enfrentarse a golpes, machucones, equivocaciones y el reto de dominar herramientas pesadas y de uso rudo.

Pero poco a poco fue aprendiendo cada parte del trabajo: parchar llantas, detectar por qué se poncharon, montarlas, inflarlas y ajustar su presión. Este proceso lo sigue haciendo de manera tradicional, es decir manualmente, lo cual prefieren sus clientes, afirma.

Aunque ella misma reconoce que algunos trabajos pueden tomarle unos minutos más que a su esposo, asegura que puede realizar cualquier reparación. Sus manos, manchadas de grasa como las de cualquier mecánico, son hoy símbolo de esfuerzo y orgullo.

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Durante todos estos años, no han faltado los clientes, especialmente hombres, que se sorprenden al verla trabajando. Algunos incluso dudan de que pueda llevarlo a cabo.

“A veces los hombres dudan que sí vaya a parchar sus llantas. Un día llegó un cliente y dijo: ‘¿A poco lo va a hacer usted?’… y le respondí: ‘Sí, claro’”, relata.

Sin embargo, ante estas dudas, la habilidad y destreza de Laura bastan para que después de unos minutos, al ver los resultados, sus clientes se lleven una sorpresa y los cuestionamientos se transformen en respeto.

Aunque reconoce que algunos trabajos pueden tomarle unos minutos más que a su esposo, asegura que puede realizar cualquier reparación. Foto: Omar Contreras / EL UNIVERSAL
Aunque reconoce que algunos trabajos pueden tomarle unos minutos más que a su esposo, asegura que puede realizar cualquier reparación. Foto: Omar Contreras / EL UNIVERSAL

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Un espacio distinto para las mujeres

Actualmente, la talachería “Pulgarcito” es también un espacio pensado para que las mujeres se sientan cómodas, pues Laura decidió que su taller sería diferente a muchos otros.

En este espacio no hay pósteres con mujeres semidesnudas ni el ambiente rudo que suele caracterizar a algunos talleres mecánicos. “Hay muchas talacherías donde tienen mujeres desnudas y los chalanes son mal hablados… aquí no existe eso. Lo hicimos para dar confianza a las mujeres”, explica.

Ese ambiente ha hecho que muchas conductoras poblanas prefieran acudir con ella cuando necesitan reparar una llanta.

Más allá del taller, la talachería fue el motor que permitió a su familia salir adelante. Con este negocio, Laura y su esposo lograron que sus hijas se convirtieran en contadoras y su hijo estudiara criminología. “La talachería fue un muy buen negocio… muy bonito y muy fiel”, dice.

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Aunque reconoce que desde la pandemia la actividad ha disminuido, el taller sigue abierto y auxiliando a quienes se queden varados por una falla con sus neumáticos. Atiende de 10:00 de la mañana a 06:00 de la tarde, horario que también le permite cuidar a su esposo, quien le enseñó este oficio y hoy tiene problemas de salud.

Reparar llantas… y romper estereotipos

Para Laura, afortunadamente los tiempos han cambiado y las mujeres poblanas hoy en día tienen más oportunidades de desenvolverse en cualquier ámbito, poniendo su caso como ejemplo.

Para ella, el empoderamiento femenino significa que las mujeres estudien, se preparen, trabajen y sean independientes.

“Ahora las mujeres ya estudian, ya muchas son profesionistas, están tituladas e incluso ya hay más mujeres al volante”, dice.

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También considera importante que las mujeres aprendan habilidades prácticas para que no tengan que depender del hombre.

En un mundo donde aún persisten ideas sobre lo que las mujeres “deben” o “no deben” hacer, Laura demuestra que la voluntad puede abrir cualquier camino.

Entre llaves, parches y neumáticos, esta mujer poblana no sólo mantiene viva una talachería, también desafía los prejuicios que durante años limitaron a muchas mujeres. Y mientras el sonido del compresor vuelve a llenar el taller, Laura sigue demostrando que ningún oficio tiene género cuando hay pasión, trabajo y dignidad.

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