Zacatecas.— Su rostro se convirtió en lienzo, su cuerpo en escenario y La Morra Lisa en el personaje con el que Roell Maldonado Barragán logró confluir todas las disciplinas que alguna vez soñó ejercer con libertad: cine, maquillaje, dirección artística, diseño de modas, música y actuación. Y fiel a su costumbre de desafiar las reglas, en el mundo acaparó los reflectores con sus icónicos diseños.

Desde niño, Roell comprendió que las etiquetas nunca terminaban de definirlo: “Hoy veo que siempre sentí que no encajaba ni en A ni en B. No quiero estar en una caja rosa o azul. Incluso, toda mi vida he estado soltero y eso me hace pensar que estar en pareja no es algo a lo que necesariamente tenga que aspirar (…) Me declaro una persona no binaria porque no me importa si me hablan en femenino, masculino o neutro, lo que me importa es que la gente me respete, me reconozca y escuche lo que tengo que expresar”.

Hoy, a sus 33 años vive con la libertad de ser quien es y ama a La Morra Lisa por ser su mayor creación, ya que durante muchos años sus proyectos cinematográficos quedaron detenidos hasta que decidió convertirse en su propia película.

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Un día, al verse en el espejo en busca de algo que lo distinguiera, comprendió que aquella frente amplia que durante años lo acomplejó, era un lienzo. Entonces cubrió sus cejas para redibujarlas con trazos triangulares abstractos, pintó sus labios color negro estilo Guasón y colocó lentes, maquillaje inspirado en el cine fantástico, pelucas y vestuarios irreverentes conjugados con arte, elementos que se convirtieron en su sello distintivo.

Este personaje se convirtió en su obra más personal porque lleva su esencia con el que también rompió las reglas del drag al prescindir de las pestañas postizas y códigos tradicionales de feminidad, para apostar por la abstracción. “La Morra Lisa es la única creación en la que no necesito pedir permisos, ni aprobación, ni financiamientos. Soy mi propia película con todos sus departamentos encima de mí”, afirma.

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Al verse en el espejo en busca de algo que lo distinguiera, comprendió que aquella frente amplia, que durante años lo acomplejó, era un lienzo. Foto: Especial
Al verse en el espejo en busca de algo que lo distinguiera, comprendió que aquella frente amplia, que durante años lo acomplejó, era un lienzo. Foto: Especial

De músico a cineasta

La creatividad acompañó a Roell desde su niñez. Sus padres, quienes eran maestros, reconocieron su talento y colocaban cartulinas en las paredes para que pudiera dibujar y expresar su imaginación.

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Aunque siempre fue sociable, en la secundaria experimentó bullying. “Siempre he sido muy tranquilo, pero un día unos compañeros me molestaron diciéndome ‘joto’. A esa edad, yo ni siquiera sabía qué onda con eso. Lo único que entendí es que era violencia contra mí, y comprendí que si no ponía un alto me iban a comer, y me defendí”, recuerda.

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En esa etapa ingresó a la licenciatura en Música en la Universidad Autónoma de Zacatecas —por ser una carrera que dura 10 años, se cursa a edad temprana. Sus maestros veían en él gran potencial; sin embargo, por la rigurosa disciplina y “ser un alma rebelde”, abandonó los estudios tres años después.

En la preparatoria le surgió la idea de estudiar diseño de modas, inquietud que lo acompañaba desde la secundaria técnica, donde estuvo a punto de inscribirse al taller de corte y confección, pero por el temor a las burlas, desistió.

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El cine apareció casi por casualidad. En un taller de orientación vocacional les pidieron realizar un video sobre un tema libre. Bastó esa experiencia detrás de la cámara para descubrir que quería convertirse en director de cine.

Con una presentación en PowerPoint convenció a sus padres de ir a estudiar en el extranjero, ellos respaldaron su decisión.

Así llegó a Vancouver, Canadá, donde estudió producción cinematográfica con especialidad en fotografía y dirección de arte. Permaneció cinco años en ese país. “Cuando llegué al hotel y salí vi que la calle Davie era el corazón de la comunidad LGBT. Veía hombres tomados de la mano. Allá nadie te juzga por eso”, relata.

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La morra lisa

En 2018, una amiga le sugirió ver el programa estadounidense Drag Race. Un solo episodio le cambió su percepción. “Vi gente creativa, divertida, creando personajes”.

Comenzó a asistir a espacios del drag maquillado de blanco y utilizando pinturas acrílicas. Inspirado por el cine de terror, los insectos, Guillermo del Toro y Lady Gaga, comenzó a construir su personaje.

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A unas semanas de hacer drag, participó en un concurso en uno de los antros más populares de la Ciudad de México. Compitió contra 14 artistas con trayectoria y ganó. En la pandemia, Roell regresó a Zacatecas y se postuló al Premio Estatal de la Juventud como artista visual y cineasta, resultó ganador.

En 2021 audicionó para La Más Draga, una de las plataformas más importantes de América Latina, y con menos de un año de experiencia y en una competencia de 11 capítulos, logró permanecer hasta el 10.

Sus vestuarios estuvieron inspirados en el arte, la cultura y las tradiciones zacatecanas, en obras de Rafael Coronel, el retablo de la Catedral y el baile de Mexicapan. “Quería poner en alto a Zacatecas”.

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Roel y La Morra Lisa coexisten y no se contraponen, mientras el personaje le ha abierto muchas puertas y lo llevan a recorrer el país, Roell disfruta regresar a Zacatecas con su familia que es su prioridad.

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