Apatzingán.— La presencia de fuerzas estatales y federales en Apatzingán y Buenavista ha permitido el retorno de pobladores desplazados por la violencia criminal, que los dejó rodeados de .

EL UNIVERSAL recorrió junto a elementos de la Guardia Civil y del Ejército Mexicano una de las áreas donde criminales del bloque delictivo conformado por Los Viagras y el sembraron explosivos.

Las autoridades estatales y federales aumentaron el despliegue para localizar y detener a los principales generadores de violencia en la región, pero también se enfocan en localizar y desactivar las minas que han encontrado enterradas en diversos caminos, huertas y parcelas, algunas de las cuales provocaron la muerte de varios civiles, militares y policías.

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Algunos de los elementos señalan que es muy arduo desplazarse a esta zona porque su trabajo aquí implica un riesgo adicional y más peligroso al que ya de por sí representa su trabajo.

Vanesa, una oficial de la Guardia Civil, aborda una de las unidades para iniciar el recorrido del día bajo un Sol que genera temperaturas de hasta 42 grados, que se convierten en más calor corporal porque deben portar su uniforme completo y todo el equipo.

“No es algo para lo que nos preparamos en la academia o en la formación policial, pero que vamos a tener que aprender porque desactivar un explosivo puede costarte la vida y la de tus compañeros si no se hace con el conocimiento y medidas necesarias”, explica Vanesa

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Desplazados de vuelta

Tras la instalación de una Base de Operaciones Interinstitucionales (BOI) en la zona, habitantes, productores y jornaleros pudieron regresar a la comunidad de Las Paredes del Ahogado, municipio de Buenavista, la cual abandonaron por el temor a los explosivos.

José Consuelo Tapia Raya, habitantes de esa comunidad, dice que el quedar atrapado en terrenos con minas sembradas es como portar un chaleco con bombas que pueden explotar en cualquier momento.

“Nomás estamos esperando que nos llegue la hora, oiga, porque estos cabrones lacras nos tienen arrodillados. Parece que nos tienen puesto un chaleco con una bomba, como en las películas, y sólo están esperando a que nos movamos para hacerla estallar. Así mero nos sentimos”, describe el trabajador de la construcción.

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El hombre, de 56 años, platicó a que a raíz de que los grupos del crimen organizado han incrementado sus ataques con explosivos, cada vez más familias han decidido reforzar la construcción de sus techos.

“Ya pocos quieren que se les hagan paredes ligeras o techos de láminas, porque tienen miedo de que un explosivo caiga en su vivienda y atraviese los plafones”, explica.

José Consuelo observa a detalle al nutrido convoy de militares, de Guardia Civil y de policías municipales que atraviesa la localidad donde vive de nuevo.

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Recuerda que con toda su familia tuvo que partir debido a los ataques de los grupos criminales.

Después de casi siete meses, don José y los suyos regresaron al pueblo y a su casa porque las autoridades tomaron el control de la seguridad y realizan operativos para desactivar los explosivos escondidos.

El miedo persiste

Oralia López, una madre de familia de La Salatera, municipio de Apatzingán, aún está desplazada, pese a la seguridad desplegada.

Oralia y su familia llevan ya casi un año de que tuvieron que huir de su rancho para refugiarse en otro poblado. Relata que el avance del bloque criminal autodenominado Cártel Michoacán Nueva Generación los orilló a dejarlo todo.

Para salvar su vida y la de su familia dejaron en el abandono a su ganado, a sus gallinas y sus puerquitos, indica.

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Dice que no podían seguir viviendo entre las explosiones de bombas lanzadas con drones y las que dejan en los caminos.

“Intentamos acercarnos ahí, porque tenemos unos animalitos y todos se nos perdieron. Y no podemos salir, porque seguido escuchamos que truenan las minas. Se acercaron unos militares y nos platicaron que encontraron ahí una chiva despedazada”, lamenta Oralia.

Dice que su familia fue una de 60 que buscaron refugio en otras localidades de la zona, donde no pensaban que los podrían alcanzar los explosivos, pero se equivocaron.

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Relata con tristeza que nuevamente quedaron rodeados por los criminales y sus ataques.

“Nosotros no salimos casi. Salimos por acá, por la brecha nada más, pero tenemos miedo de que nos salgan los criminales que están ahí en los cerros y, pues, además está muy minado porque seguido truenan las minas. Entonces, pues no salimos a ningún lado, pero nos queda sólo pedir ayuda para que tengamos el apoyo de los militares”, expresa.

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